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sábado, 24 de octubre de 2015

RESET (2014)



Con un reparto poco menos que novel y mayoritariamente cuasi adolescente, –excepción hecha del casi imperceptible Pau Durà como rostro más reconocible– y un atractivo punto de partida, Reset arranca en mitad de un bosque, en una masía apartada donde el Dr. Uriós se esconde, más que ejerce, desarrollando una técnica psiquiátrica milagrosa, mezcla de hipnosis y lobotomía transorbital –craso error de los responsables de la cinta el avanzárnoslo en la entradilla documental, como el que no quiere la cosa, por muy conocido que les sea ese terreno a su director y sus guionistas y por muy lograda les quedase la misma–, que parece asegurar la eliminación total y absoluta de recuerdos traumáticos.

El entorno natural, la exclusividad de la clínica, recalcada por el padre de Ainhoa a la llegada de ésta, y la similitud en la edad de los otros tres únicos pacientes con la de Ainhoa, huérfanos todos y dos de ellos además hermanos entre sí, nos prepara para ver una historia ya contada en numerosas ocasiones de conflicto jerárquico-generacional entre el tándem doctor-enfermera, en el doble rol sanitario-paternal, y los adolescentes en su también doble rol paciente-filial. Historia a la que, aun con esas, no le falta interés tanto por la intriga de saber qué es lo que les pasó a chicos para acabar allí, algo que se va desgranando en cada sesión de hipnosis y en sus desasosegantes sueños de manera bastante efectiva, como por el punto fuerte del metraje: la segunda y misteriosa fase del método Uriós, relacionada con el “padre científico” y gurú espiritual de Uriós, el doctor Moniz, el del cuadro, precursor de la psicocirugía y el gusto de su seguidor más fiel, Walter Freeman, por hacer perforaciones con un picahielos en el cerebro de la gente a través de la órbita de uno de sus ojos.

Y el caso es que la película, bien localizada, creíble hasta entonces, pulcramente ejecutada tanto técnica como fotográficamente hablando, va resultando interesante y logra mantener el suspense y la sensación de irrealidad entre los sueños de los chicos, las sesiones de hipnosis y la excesiva cordialidad y cercanía de los responsables de la clínica. Es más, incluso cuando la pizpireta Sandra se somete a la segunda fase del tratamiento, la cinta mantiene el pulso aunque se vaya notando cada vez más débil y el ritmo, no precisamente ágil en ningún momento, parezca entrar en un badén del que no se vaya a recuperar. 
El cuartucho que sirve de sórdido quirófano, el ambiente tétrico-nocturno en el que es descubierta por los chicos la primera paciente, su casi milagrosa recuperación que anima incluso a Lucía, la hermana de Marcos –bien interpretado por el prometedor Javier Butler, único intérprete protagonista del que teníamos noticia– a someterse ella también a la segunda fase, el desarrollo del personaje de Marcos, incluso las primeras dudas sobre el resultado real del tratamiento sobre Sandra, aunque sea en detrimento del personaje cada vez más desdibujado de Ainhoa, parece funcionar.

Sin embargo, es aquí, donde la historia tendría que desatar toda la tensión malsana acumulada, cuando la cinta flojea. Sandra empieza a mostrar síntomas de que la cosa no funciona, sin que quede demasiado claro qué es lo que no ha funcionado, y seguidamente se suicida, sin que sepamos si se debe a que los recuerdos traumáticos han vuelto, a que se ve gobernada por una ira incontrolable cuando se bloquea, algo así como una secuela de la intervención, a las dos cosas o a que toma consciencia de que le han jodido la vida y no quiere poner en riesgo ni a sus compañeros ni a nadie.

A partir de ahí, la historia es un entrar en barrena constante, con psiquiatra psicótico al uso pero poco convincente, accidente irreparable de Lucía sobre la camilla, muerte de la enfermera-amante del psiquiatra –que se nos revela como único éxito real del tratamiento– y cierre en falso con secuencia final, ésta sí bastante bien resuelta, en la que los chicos supervivientes se cruzan en una estación y no se recuerdan dejando así un final abierto a interpretaciones que no logra resarcirnos ni es aprovechado por los guionistas para angustiarnos con una eventual vuelta a las andadas de un doctor que desaparece a pesar de que, en el fondo, se nos sugiera que su método es capaz de lograr sus objetivos.

Concluyendo, cinta interesante, con un potente argumento de partida, una historia bastante bien llevada pero tan mal resuelta que es capaz de echar por tierra sus puntos fuertes. Hay buen hacer en la dirección y la producción de Pau Martínez, que no se puede decir que sea nuevo en esto, hay potencial en el guión de Óscar Bernàcer y Joana Martínez, algo más inexpertos en cuestión de largos de ficción, pero Reset dista mucho de ser una obra redonda o, al menos, tan redonda como pudo llegar a ser con los mimbres que tenía, quizá el salto al thriller les ha venido grande o en un momento inadecuado, aunque no sea del todo un mal intento.

Angel Chatarra.

viernes, 3 de octubre de 2014

SORORITY GIRL (1957)



En 1957 Roger Corman realizó deprisa y corriendo1 una versión en clave femenina de The Strange One (Jack Garfein, 1957)2. La película en cuestión se tituló Sorority Girl (1957) y en vez de en una academia militar como ocurría en aquella, la acción se trasladó a una hermandad de jovencitas dónde Sabra Tanner (una Susan Cabot entrada ya en la treintena) no podía remediar ser de lo más despiadada y vengativa con sus compañeras. Aunque este exploit de apenas una hora de duración y presupuesto paupérrimo no será recordado como la mejor película de Corman, sí que se puede entrever en ella la semilla de un subgénero que Jesús Franco tuvo a bien terminar de dar carta de naturaleza con la canónica 99 mujeres (1969). ¿Quiere esto decir que Jesús Franco vio o tuvo presente Sorority Girl a la hora de realizar su primera película de mujeres en prisión? Resulta un tanto arriesgado asegurarlo, pero es evidente que en ella encontramos dos de los elementos indispensables que más tarde se emplearía en toda wip que se precie; es decir, sadomasoquismo y lesbianismo entre un grupo de mujeres recluidas. Antes de que se rasguen las vestiduras, aclararé que, efectivamente, en el film de Corman estos elementos son mostrados de un modo de lo más mojigato e ingenuo (también eran otros tiempos) pero ahí están pese a quién le pese3. En este sentido, hay que recordar que el propio Corman se encargó más tarde de producir (ya sea de manera directa o indirecta) algunos de los wip más representativos4.


Aunque existe cierta carga dramática en el personaje de la malvada Sabra – es una mujer marginada por el resto de chicas, que mantiene una relación de amor/odio (más odio que amor) con su madre multimillonaria - no podemos determinar a simple vista qué es lo que la motiva a ser tan despiadada. Puede que esto sea debido a lo exiguo del metraje, a un guión escasamente perfilado o a la poca pericia que demuestra en esta ocasión Corman tras las cámaras dirigiendo a sus actores5. Sin embargo, sí que hay algo muy interesante y es que, pese a que dicho rol está presentado desde una óptica negativa (como ocurre en el resto de las wip), en la película de Corman se podría hacer una segunda lectura, pues el personaje de Sabra, además de malvado, parece querer castigar al prototipo de mujer sumisa colgada del hombre (en este caso llamado Mort y encarnado por un Dick Miller en plan macho alfa).


Tampoco hay que pasar por alto que Sabra también coquetea con él y que al ser rechazada por éste decide utilizar a una de sus compañeras (secretamente embarazada) para que lo chantajeé acusándole de que el hijo que espera es suyo y así conseguir dinero para abortar (¡!). Este hecho será el que desencadenará la furia de las chicas (y del propio Mort, que pese a ser muy apuesto él, jamás había tocado a la joven) y que éstas se enfrenten a Sabra. Y aunque consiguen acobardarla, ésta les planta cara con osadía y grita entre sollozos que “no les necesita”, provocando que el resto de chicas persista en su empeño de castigarla y se larguen. ¿Puede verse a esta “malvada” Sabra como una feminista incomprendida que se enfrenta a ese ideal machista de mujer que a día de hoy sigue existiendo? Difícil llegar a una conclusión que resulte convincente6 ya que después de quedarse sola, Sabra se compadece de sí misma y ansía volver a empezar de nuevo concluyendo que siempre ha “tenido miedo”. ¿Quiere decir esto que Sabra desea en realidad ser ese modelo de mujer que tanto detesta o que ante la imposibilidad de combatir contra ese prototipo termina aceptando convertirse en una de ellas? A saber… Tal y como decíamos, por desgracia debido a la poca calidad de la cinta y la ambigüedad del personaje de Sabra - malvada y marginada porque sí -, no podemos lanzar una hipótesis que se sostenga por sí misma.

Sea como fuere, no deja de resultar un tanto paradójico que en la protagonista de Sorority Girl - una mujer fuerte, de carácter y que no se pliega ante nadie (y esto incluye a los hombres, claro) - pueda encontrarse el germen de un género que se convertiría, precisamente, en todo lo contrario, siendo recordado por su fuerte carga misógina. En las wip también vemos a féminas autoritarias y sádicas para con su mismo sexo (que en la mayoría de los casos también pueden ser ese prototipo de mujer débil); incluso algunas de las mujeres que vemos en dicho subgénero triplican en mala baba y carácter a la (ahora) “dulce” Sabra - ahí tenemos a la dominatrix Ilsa, la máxima representante del este subgénero de ejemplo, que tortura y comete vejaciones por mero deleite -, pero lamentablemente no tardamos en descubrir que siempre van a remolque del hombre (alcaide o militar) de turno a quien obedecen. Es por ese motivo que me pregunto qué hubiera ocurrido sí, de haberla visto, Jesús Franco (un cineasta que, al fin y al cabo, idolatraba a la mujer como pocos) la hubiese tenido más presente a la hora de llevar a cabo su 99 mujeres. ¿Os imagináis? ¿Y si Ilsa, ya que la hemos puesto de ejemplo, se hubiera dedicado a torturar a las mujeres débiles/sumisas y a los hombres autoritarios/retrógradas, y por el contrario les hiciera el amor a aquellos/as que tuvieran o terminasen teniendo sus mismos ideales? ¿Alguien se imagina a la wip como estandarte del feminismo y de la liberación sexual de la mujer? Con Sorority Girl nunca se había estado tan cerca y lejos a la vez.


1 Se rodó en dos semanas escasas.

3 En un momento de la película Sabra aparta a una de sus compañeras que “inocentemente” le dice lo hermosa que es mientras le acaricia el pelo; y en otro, Sabra golpea a esta misma con una fusta de madera en el trasero (algo que recuerda de algún modo a algunas fotografías sado/eróticas de la época con Bettie Page de modelo).

4 Sirvan de ejemplo Caged Heat de Jonathan Demme o The Big Bird Cage de Jack Hill, entre muchas otras.

5 Los únicos que resultan convincentes en sus papeles son Cabot y Miller, curiosamente los únicos que por su edad avanzada no se adecuan al resto del reparto más joven. Según se apunta en el libro El cine de Roger Corman. 50 películas al precio de una (Ed. Arkadin, 2006. José Manuel y Francisco Javier González-Fierro Santos), debido a los quebraderos de cabeza que sufrió a la hora de dirigir a los actores, después de esta película Corman decidió apuntarse a la escuela de actuación de Jeff Corey, en la cual conoció, ni más ni menos, que a Jack Nicholson. Aunque, aún y con esas, tampoco podemos decir que Corman fuera un gran director de actores.

6 “Sabra”, el nombre de nuestra protagonista, también es un término que proviene del hebreo y que se emplea para referirse a todos aquellos nacidos dentro del territorio israelí (Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Sabra). Es decir, también podríamos aferrarnos a una hipótesis mucho más probable que la expuesta y que coloque a Sabra como la represente al pueblo judío “malvado”, “odiado” y “rico” (aquí cobra más sentido el odio que siente hacia su rica madre)… y perseguido y masacrado durante la II Guerra Mundial. De ser así, la película dejaría un mensaje bastante antisemita respecto al pueblo judío, pues la única lectura que podríamos hacer es que debido a su maldad sufre ese rechazo que decíamos.

viernes, 11 de abril de 2014

SEGURIDAD NO GARANTIZADA (2012)



El debutante Colin Trevorrow se pone tras las cámaras con esta suerte de romcom de ciencia ficción que mira de reojo a la comedia de aventuras ochentera con Donner, Hughes, Reiner y Zemeckis a la cabeza. De hecho, no es ningún secreto que la comedia estadounidense está teniendo una nueva edad de oro, y en parte se debe al talento de distintos cineastas que han crecido viendo este tipo de cine tan añorado por muchos hoy en día, llegando incluso a interactuar con él, obteniendo un enorme éxito y/o calidad; sirva de ejemplo la excelente Rumores y mentiras de Will Gluck[1] o la inclasificable Detention[2] de Joseph Khan (por cierto, estrenada por estos lares en DVD como Castigo sangriento). Por no hablar además de la reciente noticia de la oleada de remakes y secuelas de algunos clásicos ochentenos que pronto podrían materializarse[3].


Sin embargo, no hay que llevarse a engaño. A pesar de estar ante una premisa de lo más delirante[4] –que, recordemos, trataba sobre un grupo de periodistas que parten en busca del autor de un misterioso anuncio aparecido en un periódico en el que se busca un acompañante para viajar en el tiempo-, el caso que nos ocupa parece quererse alejar del estereotipo de “nueva comedia estadounidense” para adentrarse más bien en el terreno del cineindie, algo que le sienta muy bien al conjunto y, sobre todo, a esos personajes tan freaks y solitarios que habitan la película. Trevorrow avanza impregnándole cierta melancolía a esta historia en la que lo último importante es el viaje en el tiempo en sí. En lugar de eso, el tándem formado por Trevorrow y su guionista, el también debutante Derek Connolly[5], prefiere profundizar en la historia de amor que surge entre sus dos personajes principales Darius (Aubrey Plaza) y Kenneth (Mark Duplass), a los que, pese a su condición de bichos raros, mima con devoción, tejiendo a su alrededor una intriga que gira en torno a lo que ellos ocultan o parecen ocultar al otro: durante el film no sabemos hasta qué punto Kenneth podría ser sincero, estar loco o incluso haber publicado ese anuncio como una estrafalaria pantomima para atraer a chicas (extrañas, eso sí); mientras que Darius oculta a Kenneth su verdadera intención de escribir un artículo sobre él, haciéndole creer que quiere acompañarle en su viaje en el tiempo.


Poco a poco, comprobaremos cómo esta pareja de losers que no encajan en la sociedad se erigen como los únicos capaces de arrojar cierta cordura a un mundo carente de afecto y más solitario de lo que sospechábamos a priori. Ambos parecen tener claras sus intenciones, y no temen ir hasta las últimas consecuencias de sus impulsos. Todo lo contrario ocurre con Jeff (Jake Johnson), el arrogante y superficial jefe de Darius, que descubre demasiado tarde que su oportunidad se le había escapado. Es por ese motivo que, más que una película sobre viajes en el tiempo, Seguridad no garantizada pueda verse como una reflexión sobre el modo en que el amor puede salvarnos de los errores del pasado y convertirse en el catalizador que cure todos nuestros males.


Otro de los aspectos que favorecen al resultado final de la película es el estupendo trabajo de los actores, entre los que destaca, y de qué manera, el realizado por Aubrey Plaza. No por menos, dicho papel, según apunta su guionista, fue escrito expresamente para ella, permitiéndole incluso durante el rodaje espacio a la improvisación con tal de obtener una interpretación más fresca. En este sentido, es una pena que el personaje de Kenneth (llevado a cabo por al también productor de la cinta y a su vez co-director de films como Jeff y los suyos, Mark Duplass), no tenga un peso mucho más específico en la trama y que, como consecuencia de ello, no se haya profundizado algo más en él; sobre todo teniendo en cuenta que este pequeño mal se podría haber subsanado, por ejemplo, dilatando esos fragmentos semi-documentales que tan bien funcionan y que vemos brevemente durante el film[6].


Continuando con lo que decíamos al inicio, el cine actual en general, ya no solo la comedia, mira de reojo a su pasado inmediato. Distintas  películas homenajean, reformulan y referencian a ese cine tan característico que surgió a raíz del nacimiento del “nuevo Hollywood”. Seguridad no garantizada es una de ellas, a tal punto que resulta imposible no ver sus paralelismos con el Regreso al futuro de Zemeckis: en ambos casos utilizan los viajes en el tiempo como una excusa argumental para que sus personajes superen sus traumas y complejos. No es de extrañar, por consiguiente, que el rey Midas de Hollywood, Steven Spielberg –no en vano artífice de muchos de estos títulos de culto de los ochenta a través de la productora de su propiedad Amblin, entre los que se encuentra, claro está, la trilogía deRegreso al futuro-, haya reclutado a Trevorrow y Connolly para llevar a cabo la que sería la cuarta entrega de una de las cintas más famosas de su filmografía, Parque Jurásico, que para la ocasión llevará el título de Jurassic World. Viendo lo que Trevorrow/Connolly han conseguido crear con esta peculiar película, no podemos sentir cuanto menos curiosidad por lo que podría dar de sí un film como el que ahora tienen en sus manos.


[1] En ésta, el personaje interpretado por una deliciosa Emma Stone decía amar las películas de John Hughes, lo que da pie para que Gluck tome prestados algunos elementos y hasta planos de ellas durante el film.
[2] Alocada comedia dirigida por el realizador de videoclips Joseph Khan, en la que los personajes dicen ser unos fanáticos de los ochenta y su cultura, y en la que, por no faltar, no faltan los viajes en el tiempo.
[3] Además de la tan ansiada tercera parte de Los cazafantasmasque parece no terminar nunca de formalizarse, se deberían añadir las próximas nuevas versiones de films tan emblemáticos y queridos por muchos como La loca academia de policía, Los Goonies, o Exploradores Gremlins, ambas de Joe Dante.
[4] Aunque basada en hechos reales. La idea de Seguridad no garantizada surge de un anuncio real publicado en la revista de supervivencia Home Backwoods a mediados de los noventa y redescubierto en 2007 vía Twitter, convirtiéndose en uno de los virales del momento.
[5] Ganador en Sundance y el Independent Spirit Award al mejor libreto, siendo en el último de ellos dentro de la categoría de guionista novel.
[6] Colin Trevorrow ya había hecho sus pinitos anteriormente en el terreno del documental con Reality Show, sobre un excéntrico multimillonario que organizó un reality para reunir a un buen plantel de mujeres y cumplir una de sus fantasías eróticas, llegando incluso a violar a tres de ellas.


lunes, 23 de julio de 2012

LA REDENCIÓN DEL HÉROE



Vi “El caballero oscuro: la leyenda renace” ("Batman 3" para abreviar) el sábado y el domingo me enteré de lo ocurrido en USA. (De la matanza en un cine durante el pase de la película, por si alguien no lo sabe). Total, que después me he puesto a pensar un poco en la tremenda problemática que tiene Estados Unidos con las armas y la facilidad con la que un energúmeno puede pillar una metralleta y liarse a tiros con cualquiera. Por lo tanto, ¿cómo controlar algo así? ¿Cómo deben actuar las fuerzas de la ley ante el libertinaje que existe allí con las armas? Incluso ¿cómo debe actuar el héroe ante algo así?


Pues bien, pensando y pensando, me vino a la cabeza una película de los setenta sobre un joven que volvía a su pueblo natal con su mujer e hijos. El hombre llamado Buford Pusser (Joe Don Baker), un tipo recto y justo, no tarda en ver con malos ojos un garito instalado en la ciudad que es un auténtico hervidero de prostitución y en el que se apuesta de manera ilegal, además de vender güisqui adulterado. Pusser verá como le ventilan un montón de pasta por la cara y que por si fuera poco nadie hace nada cuando le pegan una paliza que lo deja medio muerto. Tanto el sheriff de la ciudad como los jueces están comprados por los mafiosos que han inundado de vicio la ciudad, así que Pusser decidirá hacer frente a esa chusma e incluso se presenta a sheriff de la ciudad, cosa que finalmente consigue. Pronto comienza a impartir justicia (madero en mano) y a meter a los “malos” entre rejas, cosa que le traerá más de un problema tanto a él como a su familia. Y es que una cosa es ser un súper héroe encapuchado que mantiene a raya el crimen, y otra muy distinta hacerlo a pecho descubierto. Con dos cojones.

El verdadero Buford Pusser.
“Pisando fuerte” está basada en una historia real, de hecho el personaje principal, el sheriff Buford Pusser, existió de verdad y sufrió en sus propias carnes las terribles consecuencias de hacer frente al crimen (de hecho, la película conoció dos secuelas, una serie de TV y unos cuantos remakes que prefiero ni ver). Pero quizás lo más interesante de “Pisando fuerte” sea que mientras la ves tienes la sensación de que estás ante una olla a presión que en cualquier momento va a estallar (y todo ello viene favorecido por el abundante uso de hemoglobina que se da durante el film). No sólo porque los rufianes de la película sean eso mismo, unos rufianes que no respetan ningún tipo de ética ni moralidad y cuya codicia ensombrecen la apacible vida del pueblo, sino porque la respuesta de nuestro protagonista se va volviendo cada vez más y más violenta a medida que avanza el metraje, hasta llegar a un trágico final. Pusser lucha contra los delincuentes y pone en riesgo su integridad física y la de su familia, que por otro lado le ruegan continuamente que cese en su empeño de limpiar de escoria la ciudad. Pero lejos de rendirse – tal y como dice Pusser, “pisa fuerte” (de ahí el título) – hace caso omiso a los consejos y advertencias de los que le rodean y continúa su particular batalla contra el crimen.


Cuento esto porque en “Batman 3” se nos plantea este mismo dilema. ¿Cómo combatir el crimen siendo un (súper) héroe y tener una vida normal y corriente con tu mujer e hijos? Como comprobamos en esta tercera entrega del hombre murciélago, Wayne (Bale) no ha sabido continuar sin su alter ego y no ha rehecho su vida, es más, ha empeorado estrepitosamente, algo que le recrimina su mayordomo Alfred (Michael Cane), un personaje que sin lugar a dudas aporta algunas reflexiones claves para entender bien lo que nos explica este cierre de la trilogía de Nolan. Esto, sinceramente me encantó. Pues parece que aunque Wayne haya colgado su capa de súper héroe, no ha sabido encauzar su vida normal.


Pero volviendo a la excelente película protagonizada por Don Baker, existe un claro elemento con el que nuestro héroe se debe enfrentar: las armas (quizás por eso me vino a la memoria esta película después de oír la noticia de la masacre en los cines). A pesar de que el sheriff se enfrenta a los maleantes con un palo (seña por la que consiguió cierta fama y por la que incluso se le podría identificar como cualquier otro súper héroe de ficción que se precie), poco a poco las armas se van haciendo cada vez más presentes durante la película hasta que, en el último tramo del film, el sheriff le regala una escopeta a su hijo en navidad (no la vemos porque está envuelta, pero lo adivinamos por la forma). Pues bien, una vez se lleva a cabo el terrible asesinato de su mujer (en una sobrecogedora escena) y Pusser queda gravemente herido al serle seccionada media cara de un disparo, es el propio hijo del sheriff el que se dirige al hospital con los ojos inundados en lágrimas con la escopeta en la mano. El chaval se postra al lado de su padre que está tumbado en una camilla del hospital y le entrega el arma que le había regalado. Está claro que clama venganza y Pusser accede acariciándole la mano a su hijo. Así pues, este trágico héroe vuelve a la carga con medio rostro escayolado - cosa que le da una especie de aura monstruosa a su personaje - y termina asesinando a los causantes de la muerte de su mujer. En este punto, Phil Karlson, el director, dota al film de un ambiente pesadillesco y malsano donde no existe ningún tipo de redención para el desafortunado héroe/protagonista y que queda muy alejado de otras películas con vengadores/vigilantes de la época.


En este aspecto, “Batman 3” se queda algo floja. Nolan no sólo no se atreve a terminar con el héroe enmascarado ni que este pague un precio injusto y trágico por sus actos como si lo pagó Pusser, sino que además el film termina resolviéndose de una manera un tanto facilona y, porque no decirlo, decepcionante. “Batman 3” es verdaderamente épica (su duración y la banda sonora de Zimmer ayudan bastante) y nos plantea un auténtico Apocalipsis anárquico. Pero lamentablemente no llega hasta el límite y las premisas que plantea se quedan a la mitad.


La vida está llena de tragedias y aunque quizás haya hecho mal en meter con calzador esta película de los setenta, uno no puede evitar pensar en que el destino no es para todos tan esperanzador como desea y que los precios que los héroes deben pagar por su labor son totalmente injustos (como pasaba en “Pisando fuerte”) y por eso el final de “Batman 3” resulta tan esperanzador como flojo.


Ahora mismo acabo de llegar a un punto extraño y peligroso de mi reflexión, pues son demasiados paralelismos los que estoy haciendo sin que una cosa tenga que ver con la otra (“Pisando fuerte”, el trágico incidente durante el pase de “Batman 3”, el abuso de las armas en USA, los precios que el héroe tiene que pagar por el bien de la humanidad…) y como veo que estos temas habría que tratarlos por separado para evitar de ese modo frivolizar, terminaré este post con una breve apreciación de lo que me ha parecido este “El Caballero Oscuro: la leyenda renace”. Si, está bien, es una buena película, aunque obviamente no se ha repetido el excelente resultado de la segunda parte. Como decía “Batman 3” tiene el gran acierto de mostrarnos a un Bruce Wayne en horas bajas que se debate entre seguir encerrado en su mansión o volver a ponerse el traje de murciélago ante la creciente amenaza del siniestro Bane (Tom Hardy) - un villano bastante interesante, por cierto -. También me encanta esta Catwoman – aunque dista mucho de la excitante gata loca que interpretó la Pfeiffer -, y Heathaway está muy convincente haciendo de ladronzuela, por no decir que el látex le sienta de fábula (esas posturas encima de la moto, con el culo en pompa, ¡por Dios!). Pero viendo la película es más que evidente algunos personajes, como el de Catwoman, cojean y que les falta algo para que sean convincentes. Y hablando de cojeras, ¿por qué demonios se empeña Nolan en ser tan realista si luego se pasa todo por los huevos? Porque eso de mostrar a un Wayne/Batman en horas bajas está muy bien, pero joder, luego no me lo “cures” por arte de magia, coño.  

lunes, 3 de octubre de 2011

DRIVE (2011): EL HÉROE IMPERFECTO



Pocas veces ocurre que una película te atrape y no te suelte hasta el final. Y no se crean, que la película de hoy, dentro de su aparente simplez es bastante extraña. Dudo mucho que sea plato de buen gusto para cualquiera. Ryan Gosling interpreta aquí a un especialista de cine, un chaval normal y corriente que de vez en cuando realiza encargos. De hecho, nada más arrancar la película vemos uno de esos “encargos”: robar un almacén. Bueno, aclaremos las cosas, el personaje que encarna Goslign se encarga más bien de huir del lugar del robo junto a los cacos y escapar de la policía. Ryan Gosling, actual sex symbol y guaperas, encarna, palillo en boca, a uno de esos conductores anónimos de los setenta, como el que pudimos ver en “Carretera asfaltada en dos direcciones”, interpretado James Taylor. Su personaje bebe de esos héroes imperfectos como lo pudo ser el Kowalski de “Punto límite: cero” o el Vicinski de “60 segundos”. El conductor de “Drive” es un tipo encantador, un genio del volante capaz de burlar a la policía y poner su bólido a 200 millas por hora en un periquete… En “Drive”, no se crean, nuestro “conductor” será capaz de enamorar a la chica de la película y ser la figura paternal del hijo pequeño de ésta, mientras su padre está en prisión, pero ojo, también será capaz de actuar como un jodido psicópata y estallar violentamente contra cualquiera que se le ponga en su camino.

Creo que jamás había visto un personaje tan imperfecto y a la vez tan perfecto, tan extraño, tan misterioso, tan valeroso e incluso tan sosainas como el de esta película. Pero aún así, Ryan Gosling consigue que te lo creas, que te sientas próximo a él y que te dejes llevar por donde el te guíe (o, ya que estamos, te conduzca), ya sea por las calles de la ciudad, ya sea por un bonito paseo en familia o chocando contra otro vehiculo. “Drive”, del danés Nicolas Winding Ref, - director de otra joya hipnótica tan hermosa como violenta, “Bronson” -, supone desde ya una de las obras maestras de este año y una experiencia que nadie debería perderse. Winding Ref es capaz de todo, y cuando digo todo, es todo, así que no se dejen engañar por sus cámaras lentas, por su estilo inconfundible a ritmo de melodías compuestas por Cliff Martínez o rematadamente techno-pops (en la banda sonora de “Bronson”, sin ir más lejos, se podía escuchar algún tema de The Pet Shop Boys o New Order), pues a la más mínima te dará el cambiazo, jugará con tu mente, y nos joderá vivos. Odiado por muchos, venerado por otros tantos, el director de “Valhala Rising” ha conseguido, como he dicho, una pequeña pieza de arte con “Drive”. Un milagro en estos tiempos en los que todo está más visto que el TBO. Un trabajo excepcional en toda regla. Y es que, aunque el material de partida pueda ser un brillante en bruto, - ahí está el trabajo actoral de Ryan Gosling, Ron Perlman o Robert Brooks, por citar a unos pocos, la fotografía de Newton Thomas Sigel o el guión de Hossein Amini, basado en la novela homónima de James Sallis -, desde luego, gran parte del mérito se le podría atribuir a la particular visión que nos ha mostrado el bueno de Nicolas.


Merece la pena, de verdad. De hecho, por ahí anda, por la red... Con subtítulos y todo... Yo, desde luego, pienso repetir (esta vez en pantalla grande y como Dios manda) en Sitges.

lunes, 12 de septiembre de 2011

CACA DE LUXE



A veces, después de ver una película, uno tiene sentimientos encontrados. Bajo mi modesta opinión, cuando una película te descoloca, te deja patidifuso y tienes la sospecha que te han tomado el pelo, es que esa película merece la pena ser vista. Lo malo viene después, cuando meditabundo comienzas a darle a la cabeza y te das cuenta que esas vueltas de tuerca tan conseguidas (o rebuscadas) que has visto y que, como ya he dicho, te dejan fuera de lugar, están adornadas con una halo de pretenciosidad que convierte un film personal y lleno de valor, en un abrumadora estupidez con todas las de la ley. Porque no se puede recargar de momentos preciosistas (vacuos y caprichosos) una historia llena de perversión, venganza y transexualidad. Un realizador también tiene el deber moral de inquietar al espectador y estas cosas se le daban muy bien a Almodóvar. Ahora ya no sé lo que quiere. ¿Otro Oscar, quizás?
Ya os digo, sigo cavilando. Sé que lo que he visto este fin de semana merecía la pena… pero en el transfondo, no en el contenido… En las cloacas de la película. Ahí, ahí está lo bueno. Allí es donde huele mal y eso me gusta. Me gusta ese toque enfermizo que va adquiriendo ese mad doctor encarnado por un Banderas regulón, me gusta Elena Anaya (¿a quién no?) y el polvo que pega con un tipo disfrazado de tigre (Roberto Álamo), me gusta que, ¡por fin! alguien le haya sacado las tetas a Blanca Suárez, me gustan las orgías en los jardines de una adinerada mansión, me gusta que la película vaya un paso más allá, me gusta que no intente parecerse al clásico de Franju (y bueno, al de Franco)… Me gusta la banda sonora compuesta por Alberto Iglesias... Pero por otro lado me sobran los momentos musicales con Buika (aunque Buika me guste), los cameos del hermano y las clases de yoga… Me sobran los dibujos en la pared, los bailes de la jet set, los brindis y los momentos muertos (que los hay y muchos).
Quiero mierda con todas las letras, M-I-E-R-D-A, y no una caca de luxe.
Quiero leer Tarántula de Thierry Jonquet, puede que allí encuentre la clave a todo.
Seguiré dándole vueltas al asunto.
Quizás mañana cambie de opinión.

domingo, 27 de marzo de 2011

LA RISA INVOLUNTARIA: CARNE DE FIERAS (1936)

Tras varias semanas de espera, hoy al fin estrenamos una nueva entrega de La risa involuntaria y recogemos una película de los años 30 española dirigida por Armand Guerra (cuyo nombre real fue José María Estívalis [1886-1939]), una obra controvertida que mostró en todo su esplendor a la francesa Marlène Grey, una hermosura que se dedicaba a danzar en una jaula llena de leones mientras su marido George Mark mantenía a raya a las fieras. Como he dicho, esta película es bastante controvertida y contiene elementos que, tal vez, a día de hoy no se podría llegar a ver. Sobretodo si tenemos en cuenta lo ocurrido con el director del Festival de Sitges, Ángel Sala, que ha sido procesado por la Fiscalía de Barcelona al exhibir la película A Serbian Film el año pasado. Tal vez no estén ustedes preparados para ver algo tan truculento o tal vez me procesen a mí también. Aún así, estamos delante de una pieza única de nuestro cine que, fuera bromas, nadie se debe perder. Denle al play, déjense de paparruchas y sientan esa Risa Involuntaria (y sana) que despierta sin querer algunos momentos de esta película. ¡Carne de fieras 

domingo, 20 de febrero de 2011

CISNE NEGRO, CISNE BLANCO


Tejida como una especie de thriller de terror psicológico, Cisne negro nos cuenta el drama de una bailarina de ballet que lucha por conseguir el papel de reina cisne en la ópera del lago de los cisnes. Lejos de toparnos con una especie de Eva al desnudo, a la que siempre se suele recurrir en este tipo de premisas, gracias a la obsesión de la protagonista, Natalie Portman, nuestra particular Anne Baxter, nos adentraremos en un mundo de locura, esquizofrenia y tortura (psíquica y física), en una historia simple pero narrada con un nervio y una fuerza como pocas veces se habían visto en una película. Cisne negro podría haber sido un simple drama. Un drama con tintes terroríficos y cosas de esas, simple y llano, pero Darren Aronofsky lo ha hecho de maravilla. Ya con El luchador, otro drama que bien podría formar un espectacular díptico con esta, su nueva película, nos metía de lleno en los entresijos de la vida de un luchador profesional de “wrestling”,-  interpretado por el gran Mickey Rourke -, y nos hacía participes del sufrimiento y sacrificio de esta profesión. Aquel luchador, un viejo perdedor, drogadicto, separado de su hija por su ritmo de vida, complementa la figura de la reprimida y obsesionada protagonista de Cisne negro. Siempre había sentido una enorme admiración por Natalie Portman, pero aquí se desborda por completo y "se deja llevar y lo siente", realizando uno de los papeles más arriesgados de su vida. Nuestra bailarina, una niña de mamá, frígida, que vive para el ballet y que a duras penas logra relacionarse con los demás, tendrá su lado oscuro. Una vertiente lasciva y peligrosa que emergerá como su más letal enemiga. Estoy francamente aterrado, impactado y deslumbrado por lo bien que lo ha hecho Aronofsky, por lo bien que lo han hecho todos los actores que intervienen en la película. Vincent Cassel, la caliente Mila Kunis o la veterana Barbara Hershey (Bertha Boxcar, El ente…), todos están maravillosos. Winona Ryder incluso, que hacía mucho que no la veía, está de putisima madre como la “princesita” rota, alcohólica y deprimente que interpreta. Lástima que su papel sea tan breve…  Otra de las grandes bazas de Cisne negro es su capacidad para jugar con la realidad y la pesadilla, y saber conjugarlas de un modo exquisito (esa Natalie Portman transformándose en cisne en el cuarto de su habitación, ese polvo lésbico o ese contundente y “colocado” montaje discotequero…), sin, afortunadamente, llegar a aclarar todos y cada uno de todos esos momentos delirantes que se dan a lo largo de la película. En definitiva, un diez. Sería una estupidez seguir reiterándome, así que ahí queda dicho…

domingo, 13 de febrero de 2011

TODAVÍA ESTOY ALLÍ


Si, todavía ando allí. Todavía ando pensando en el documental de Joaquin Phoenix. Dicen que lo ha dirigido Cassey Affleck, pero está más que claro que I'm still here es un documental de actor. De Joaquin Phoenix. De J. P. Pensando que iba a ver algo parecido al Borat o al Bruno de Sacha Baron Cohen, o incluso a los Jackass por la tan cacareada escena de la cagada en la cara de J. P., me he topado con un mockumentary que nada tiene que ver con los documentales o mockumentaris que se han visto anteriormente. Sin entrar en lo que podría estar preparado o no (al parecer lo de Ben Stiller estaba hablado porque éste ya sabía que todo era mentira), nos encontramos con un documental montado sobre una mentira que se lleva hasta las últimas consecuencias, utilizando como protagonista a un personaje real, Joaquin Phoenix que, no sólo interpreta un papel más en su filmografía, sino que, además, se reinterpreta hasta destrozar su imagen por completo.


Joaquin Phoenix comunicó en el 2008 que iba a dejar la interpretación para pasarse al mundo de la canción. Del hip hop más concretamente. Pronto, tras varias apariciones públicas en las que se dejaba ver con unas pintas nada favorables y en un estado de lo más desmejorado, muchos pensaron enseguida en el muñeco roto por la fama. En el actor que se ha vuelto loco por una vida llena de excesos. En la estrella que termina estrellándose. I’m still here, además de ser una apasionante crítica al star system de Hollywood (y puede que general), es una acertada reflexión sobre la búsqueda de una persona, - más concretamente un actor, J. P. -,  hacía su propio YO. La película arranca en Panamá con un video casero en el que aparece Joaquin de pequeño en un río. Corretea ante la atenta mirada de su padre y se encamina a lo alto de un pequeño acantilado. El joven Phoenix aguarda unos instantes y finalmente se tira al agua mientras su padre le aplaude. Allí, mientras le vemos, comprendemos que allí era libre, que allí no estaba ligado a un público y que no tenía que actuar, sino simplemente ser él mismo. No sabemos si Joaquin Phoenix sigue estando allí, en aquel río de Panamá, pero desde luego, viendo I’m still here parece querer estarlo. En el documental, J. P. dice que está harto de interpretar un personaje, que necesita hacer algo con lo que pueda hacer de él mismo y no lo que un guión le dicta. Parece irónico pues que, en este sentido, su intento sea recogido en un falso documental. (Aunque a uno siempre le quedará la dudad de si en realidad lo era).


Tal vez Joaquin Phoenix jamás logre escapar de su personaje, de la estrella que se ha forjado película tras película, de él mismo, pero ¿a quién le importa si con eso vamos a seguir disfrutándolo en películas, falsos documentales o en programas de David Letterman? Mientras vemos a Phoenix rapeando, intentando encontrar sentido a su vida, escapando de ser una gota que se evapora, como le dice Edward James Olmos, nosotros, los espectadores, reímos aliviados. Ahora ya sabemos que todo es mentira. Que esto es un mockumentary ideado por el actor y su cuñado. Pero lo más inquietante de todo es que, en esa mentira que se representa en esta película, en este documental fabulizado, queda plasmada una realidad cruel y desalmada. Tal vez no se pueda escapar de la fama. 

martes, 11 de enero de 2011

LA RISA INVOLUNTARIA: Fuego (1969)

Bueno, debido al éxito cosechado con la primera entrega, me he apresurado en colgar otro videomontaje de una de las películas que más risa involuntaria me ha dado y que desde luego no tiene desperdicio. Mucha atención porque cosas de estas ya no se dan en el cine, así que avisados están... De nuevo, lamento mi torpe manera de comentar la película, algunos problemas de sonido (el final es lo que se escucha más o menos como Dios manda) y mi dicción de paleto de pueblo. Pasen y entren en el excitante y delirante film de Armando Bo: ¡¡Fuego!!

martes, 2 de noviembre de 2010

Las redes sociales y esas cosas

Me las temía y mucho con la nueva película de David Fincher, ya que esta especie de drama "a lo thriller" sobre la historia de la gestación del Facebook (algo que jamás me llamó la atención) no me hacía presagiar nada del otro mundo, sobretodo después de que una idea tan original como la que contenía El curioso caso de Benjamín Button terminase como el más simple (y tonto) de los melodramas. Seguramente La Red Social no es la obra maestra que todos los críticos dicen, pero si que encontré a un David Fincher que, por fin, había sabido contar un drama con la energía y el ritmo necesarios para que no se convirtiera en un tostón de mucho cuidado.

Y es que lo que de verdad me agradó entre tanta palabrería informática de la que no entendía ni papa, es el acierto de presentarnos al protagonista, - es decir al inventor del Facebook Mark Suckerberg (un convincente Jesse Eisenberg) -, como un fracasado que se venga de los que le rodean desde la oscura pantalla de su ordenador. Por ese motivo, el hecho de que su novia (Rooney Mara, la Nancy del nuevo y mierdil Elm St.) le dejase al principio de la película o que su mejor amigo entrase en uno de los Final Clubs (que son esos clubs guays de las universidades donde no entran los nerds), reavivan la auténtica frustración de un joven que, al fin y al cabo, ha conseguido ser el más rico del mundo. Su búsqueda del éxito, es simplemente una manera de darle en los morros a todos aquellos que anteriormente no habían sido capaces de aceptarle o, como en el caso de su mejor amigo, como una simple artimaña vengativa de celos.



Fincher, gracias al guión de Aaron Sorkin, sabe sacar todo el jugo de esta simple premisa mediante continuas incógnitas acerca del protagonista. De ese modo, dejará en el aire ciertas preguntas que podrían hacernos creer que Suckerberg finalmente es el gilipollas que aparenta ser (gran acierto por cierto, que no se dijese expresamente y que se deje en el aire).

Por ese motivo, aplaudí algunos de los momentos en los que Suckerberg parece anhelar aquello que nunca obtuvo o que simplemente perdió (véase esa conversación con el caricaturesco Sean Parker, creador de Napster [y que irónicamente interpreta el también cantante Justin Timberlake], en la que Suckerberg le pregunta si todavía recuerda a la chica que lo dejó; o ese otro momento en el que se deja caer que Suckerberg ha vendido a su mejor amigo por el simple hecho de que este entrase en uno de esos clubs universitarios de moda). Pero sobretodo, y de ahí que me quedase con tan buen sabor de boca, me pareció prodigioso el simple modo de acabar el film, ya que a pesar de ser de una sencillez bastante llana, Fincher ha sabido captar, mediante cliks de ratón, el auténtico drama de millones de jóvenes de hoy día.

lunes, 27 de septiembre de 2010

DE PLATILLOS VOLANTES Y DIBUJANTES

Oscar Aibar es, sin lugar a dudas, uno de los mejores directores del panorama nacional. Ya en su debut, - un debut con el que no tuvo toda la suerte del mundo -, dio muestras de su buen hacer detrás de las cámaras y como contador de historias. Y es que se podría decir que Aibar es ante todo un excelente contador de historias, incluso antes de ser cineasta, guionizando varios comics como Las aventuras de John Pajardo o Atolladero (que le sirvió de base para su homónima opera prima).

Tras los problemas que conllevó realizar su primera película, con la que incluso contaría con el mismísimo Iggy Pop y la trágica e inesperada muerte de uno de sus actores principales (Félix Rotaeta), Aibar tardó casi 10 años en volver a ponerse tras las cámaras, y lo hizo con la delicada y exquisita Platillos Volantes, una película basada en unos hechos reales ocurridos en Terrassa, y que cuenta la historia de dos tipos obsesionados con los OVNIS que se suicidaron tumbándose sobre las vías del tren. Angel de Andrés y Jordi Vilches, dos actores muy dados a las comedias, estaban fabulosos encarnando a esos dos perdedores que se evaden de sus grises vidas con sus disparatadas creencias, dotando en su justa medida al film de unos granitos de comedia y drama que la hacen irresistible de verdad.

Ahora con su último film, El Gran Vázquez, Aibar vuelve a ponernos sobre la base de unos hechos reales de otro perdedor real. Pero esta vez no de uno cualquiera, sino de Manuel Vázquez, el gran Vázquez, el mejor dibujante de TBOs del país, cuyos personajes marcaron a miles de niños durante años, y todo un caradura que hizo de la picaresca su modus operandi (quedando incluso reflejada en sus historietas con su Tío Vázquez). Así pues, esta película nos relata las divertidas (y a la vez tristes) peripecias de uno de los personajes más carismáticos e interesantes que ha dado nuestro país, y sus días en la ya mítica Editorial Bruguera junto a otros dibujantes como Francisco Ibáñez o Escobar, que tras la llegada de un tiránico contable (Alex Angulo), verán como sus propios personajes dejan de ser propiedad suya para acabar a manos de la editorial.

Santiago Segura, otro actor de comedia con el que Aibar ya trabajó en La máquina de bailar (que por cierto, no he visto), realiza aquí una interpretación de toma pan y moja dotando a su picaresco personaje de un aura entrañable, llegando ha hacer creíble que su mujer (encarnada en la película por Mercè Llorens), le siga queriendo aún después de haberse enterado de que su esposo mantenía a otras mujeres (e hijos) a sus espaldas (hasta 7 mujeres y 11 críos llegó a tener el granuja).
De verdad, toda una proeza lo que ha hecho Aibar con estos actores y con esta historia sencilla pero contada con gracia. Esto es lo que hace que a veces se produzcan milagros en la sala de cine (algunos como yo, lo llamamos incluso obra maestra). No se la pierdan, en serio.