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martes, 22 de mayo de 2012

ENTIERRO DE UN FUNCIONARIO EN PRIMAVERA (1958)



Recientemente ha salido a la venta en DVD la segunda película como realizador de José María Zabalza, director que muchos recordarán por su incursión en la saga Daninsky con la psicotrónica La furia del hombre lobo. La película en cuestión, Entierro de un funcionario en primavera, protagonizada por Tony Leblanc, es una comedia coral repleta de humor negro que el mismísimo Luis García Berlanga tildó como la precursora de la comedia negra española. Sin duda mala leche no le falta, pues aunque previamente se nos aclara mediante un texto explicativo que lo que vamos a ver no es ninguna sátira sobre los entierros, en ella podemos ver reflejado las miserias del ser humano con una gracia indiscutible. Todas estas actitudes que vemos durante el film, según apunta el excelente libro “José María Zabalza. Cine, bohemía y supervivencia” de Gurutz Albisu, las fue recogiendo el mismísimo Zabalza cuando éste asistía a los entierros. El realizador irunés apuntaba todo lo que veía y de allí nació un primerizo corto de fin de estudios de la I. I. E. C. Años más tarde, Jose María Zabalza luchó contra viento y marea para convertir su cortometraje en un largo y para ello contó con la ayuda del actor Manuel Rojas y de su hermano, quien le apoyó en la financiación del film. Sin embargo, como en esto del cine nunca suele haber justicia, el estreno de Entierro de un funcionario en primavera supuso un rotundo fracaso en taquilla, cosa que marcó definitivamente la vida y obra de su director, que a raíz de quedar en la ruina más absoluta decidió aceptar cualquier proyecto con tal de pagar las deudas. Después ya sabemos lo que vendría – sus problemas con el alcohol se agravarían y descuidaría cada vez más los aspectos técnicos de sus películas hasta llegar a realizar atropellos fílmicos como el western etílico, Al Oeste de Río Grande (J. M. Zabalza, 1983) o a intentar rodar en tan sólo 24 horas la cinta El retorno de los vampiros (Zabalza, 1972) -, pero al menos Entierro de un funcionario en primavera demuestra, y de qué manera, que Zabalza era un director con talento y que, si le dejaban, podía llegar ofrecernos mucho.



En la historia - narrada por el propio muerto -, vemos a un quinqui que se encuentra la fotografía de su mujer en la cartera que acaba de robar, una súper estrella de los lloros, un hombre de aspecto siniestro que quiere cobrar unos productos que compró el difunto en vida, una boda en el piso contiguo, un tipo encerrado en el cuarto de baño y una pareja formada por una oronda mujer y un enano que sólo sabe decir “no somos nada”, entre otros muchos. Todos ellos hacen compañía a la viuda que, por otro lado, intentará que después de la muerte de su marido le quede una paga digna con tal de poder pagar las facturas. Puede que el guión no sea el más perfecto del mundo – en ocasiones es más que fehaciente que se trata de un corto alargado y el final resulta un tanto forzado –, y algunas interpretaciones no sean las más reivindicables – Rosita Palomar, por ejemplo, deja bastante que desear –, pero el resultado, que es lo que importa, supone una pequeña joya a descubrir llena de humor negro y algunos momentos de lo más delirantes (véase la escena en la que una “cantaora” comienza graznar en vez de cantar). Después de Entierro de un funcionario en primavera, me es imposible ver otras películas de Zabalza del mismo modo. A raíz de esta película me he dado cuenta que José María Zabalza no era ni tan chapucero, ni tan psicotrónico como uno imaginaba. Zabalza, como tantos otros directores que se han visto abocados a una vida/carrera autodestructiva, tenía mucho talento y he aquí la película que lo demuestra. 








"Adiós. Adiós a vosotros que me acompañáis con indiferencia en mis últimos momentos. Adiós a todos. Siento deseos de fumar, pero no tengo tabaco. Lo mismo me pasaba en vida... ¡Un túnel! Que oscuro está todo".

jueves, 22 de diciembre de 2011

ESPECIAL TROMA III: EL VENGADOR TÓXICO 4: CITIZEN TOXIE (2000)


Tildada por el propio Lloyd Kaufman como la mejor película de la saga, Citizen Toxie es la entrega más bestia, divertida y políticamente incorrecta de todas. Aquí nuestro querido Toxie tendrá que vérselas con su alter ego maligno. Y ustedes dirán, ¿y cómo es eso? ¿Y a cuento de qué? Pues muy sencillo, después de que un grupo de terroristas con pañales secuestren el colegio de enseñanza especial (según los terroristas, el motivo de su ataque es que no entienden como el gobierno se gasta el dinero en personas [disminuidos psíquicos], que no aprenden nada), y que explote el edificio por culpa de un pedo y una cerilla, Toxie va a parar una dimensión paralela. Parece Tromaville, su ciudad, pero todo el mundo está muy cambiado. Los policías le disparan y la gente le tiene miedo. Ya no parece el súper héroe al que tanto veneraban y todo el mundo le odia. Toxie se encuentra en Amortville, el reverso oscuro de su querido pueblo. Por otro lado, otro Toxie con una especie de tupé raro y lleno de implantes (sobretodo uno muy llamativo en la entrepierna), comenzará a causar el caos en la “pacífica” Tromaville. La ciudadanía no comprende que le ha pasado al bueno de Toxie, así que pedirán ayuda a un montón de súper héroes de lo más estrafalarios, entre ellos un Sargento Kabukiman venido a menos y alcohólico.

Citizen Toxie, además de tener un guiño al Ciudadano Kane de Orson Welles (y no sólo por el título, también hay un pequeño inserto en blanco y negro durante la película en el que también cae la famosa bola de cristal) o El mago de Oz, esta cuarta parte del Vengador Tóxico es todo un batí burrillo del universo Troma (algo que Kaufman ya ha hecho en más de una ocasión, como en la excelente Terror Firmer). Kaufman lo tenía claro, si quería mejorar lo que había hecho anteriormente, tenía que ir a saco y Citizen Toxie desde luego cumple todos los requisitos. Citizen Toxie es una de las películas más excesivas de su director y productor, una auténtica gamberrada en la que asistiremos a un montón de perlas de la incorrección política. ¡Todavía me hago cruces! ¿Cómo han sido capaces de editarla en DVD aquí en España con lo finolis que somos ultimamente? Un súper héroe que dispara lefa y que tiene pelos en las palmas de las manos (por aquello del gusto), otra que no para de masturbarse con un vibrador, un Dios enano y cabrón que reparte enfermedades como si fuera una lotería (entre ellas el SIDA, su mejor invento), dos fetos luchando en el interior de un vientre, y varias muertes del todo memorables (véase aquella, por ejemplo, en la que a un tipo le sacan la cabeza llena de mierda por el culo)… En El Vengador Tóxico 4, Toxie va a ser papá, como lo oyen… Aunque también resultará que su mujer, invidente, como recordarán, se acostará con más de uno… y de dos.

Además, toda la película está plagada de cameos como el de Ron Jeremy, Corey Feldman, Stan Lee (narrador en la versión original, saliendo acreditado como Peter Parker) o Lemmy (el cantante de los Motörhead)… Como nota curiosa apuntar que en un principio esta cuarta parte se iba a llamar “A fistfull of Toxies” (“Por un puñado de Toxies”) e iba a ser un homenaje al cine de Sergio Leone (1). También hubo un intento de que esta cuarta parte la dirigiera Santiago Segura, una co-producción entre Troma Entertainment y Andrés Vicente Gómez, pero finalmente la cosa no cuajó (y casi mejor).


Quizás tenga razón el bueno de Kaufman, quizás Citizen Toxie sea la mejor de toda la saga, pero ahora, de momento, sólo cabe esperar a esa quinta parte que promete sorpresas y cachondeo, mucho cachondeo… A ver si Kaufman consigue superarse. Miedo me da…

(1) Según la entrevista recogida en Shock Masters of the cinema de Loris Curci.

martes, 13 de diciembre de 2011

ESPECIAL TROMA II: EL DÍA DE LA MADRE (1980)




Posiblemente estamos ante una de las películas más conseguidas de la factoría Troma. “El día de la madre”, dirigida por Charles Kaufman, hermano de Lloyd Kaufman, parte de una premisa más cercana al género “rape & vengeance” visto en las seminales “La última casa a la izquierda” y “I spit on your grave” (Aka. “The day of the woman”), que del “slasher” como apuntan por ahí, pero con la característica de teñir todo el metraje de un humor negro y enfermizo que propicia momentos de verdadera incomodidad en el espectador. Y es que una cosa es ver una violación en una película y (en la mayoría de los casos) sentir rechazo, y otra ver como los violadores perpetran su crimen delante de su progenitora, y que ésta, para colmo, les aplauda divertida.


Aquí la cosa va de una tierna madre interpretada por la veterana Beatrice Pons, que consigue chicas para que sus dos “pequeños” maniacos las torturen y las violen a conciencia. Para gozo de esta estrafalaria familia, tres lindas damiselas que iban de excursión por el campo se convertirán en el objetivo ideal y serán raptadas y sometidas a todo tipo de vejaciones.

No es que la película sea una virguería, todo lo contrario, a primera vista la historia es más de lo mismo y se cierra de un modo simple y directo – una de las chicas raptadas, tal y como vemos al principio, es asediada por su autoritaria madre, así que cuando finalmente asesina a la progenitora de los “maniacos”, consigue liberarse de algún modo de sus demonios interiores -, pero como ya he dicho, es su estética chillona y su humor negrísimo lo que hacen que su visionado valga la pena.


Además, según dicen - no sé hasta que punto esto es real o forma parte de alguna leyenda para hacerla más mítica -, en la casa donde se rodó la película hubo un asesinato. Al parecer el propietario de la cabaña apareció muerto justo antes de empezar el rodaje… Otra cosa bastante curiosa es que “El día de la madre” se rodó en los mismos parajes y a la misma vez que “Viernes 13” de Sean S. Cunningham. Atendiendo que ambas terminan con final sorpresa y son sospechosamente similares, uno no puede dejar de preguntarse si hubo un cruce de impresiones entre Kaufman y Cunningham durante el rodaje de sus respectivos films. Sea como fuera, lo que más bien parece es que Kaufman rodó ese epilogo (que queda un poco extraño en el conjunto total de la película, para que nos vamos a engañar) después de comprobar el arrollador éxito que había cosechado “Viernes 13” (“El día de la madre” se estrenó varios meses después). Pero entonces, ¿cómo se explica que la madre hable de una hermana suya muy malvada (es decir, aún más hijadeputa que ella)? ¿Otro injerto que se metió en la película? Curioso porque ahí es donde la madre explica el porque lleva puesto el collarín todo el rato: su hermana “gemela” (el susto final) le partió el cuello en el vientre materno. En fin, misterios del cine.


Antes de abandonar esta reseña, no me quiero olvidar de un potentísimo “remake” de “El día de la madre” que se realizó el año pasado y que, gracias a Dios, nada tiene que ver con el original. No respetar el filme que se reversiona es, casi siempre, un punto a favor, ¿para que quiere ver uno la misma película otra vez, pero con más presupuesto? Ahí están los excelentes “remakes” de Piraña, El amanecer de los muertos o I spit on your grave, para corroborarlo. Además, sale una rescatada Rebeca De Mornay haciendo de “mamá” y su entramado es de lo más estimulante. El día de la madre (Darren Lynn Bousman, 2010) es un cruel cuento de brujas en el que nadie es quien parece. Un thriller que no se corta un pelo, en el que todos, en realidad, son unos hijosdeputa... Como en la versión de Kaufman, pero con mucha más chicha que rascar. 

viernes, 18 de noviembre de 2011

VERSUS: EMPUSA (2010)

Sinopsis: Abel Olaya, otrora admirado actor de cine, malvive sus días con una penosa jubilación. Sumido en el olvido, se ve obligado a realizar algunos trabajos aprovechando sus dotes adivinatorias que le otorgan su otra gran pasión: las ciencias ocultas. Un día, en un paseo por la playa junto a su amigo Víctor, encuentra en la orilla una mano humana seccionada a la altura del antebrazo y con un raro símbolo tatuado en su muñeca. Pese a la negativa de Víctor, Abel insiste en investigar su procedencia, convencido de que ese extraño símbolo está relacionando con la existencia de las empusas, unos seres híbridos entre vampiros y sirenas capaces de adoptar cualquier tipo de apariencia. Mientras tanto, en la costa aparecen varios cadáveres mutilados sin que la policía encuentre explicación alguna…

Comentario de Lazoworks:
Empusa es una de esas películas que nacen como malditas ya desde su gestación. La sustitución del desaparecido Carlos Aured – otrora realizador de algunas de las obras más representativas del fantaterror patrio junto a Paul Naschy -, por motivos un tanto sospechosos, no hacía augurar demasiadas expectativas respecto a la película. Al parecer, su despreocupación con algunos aspectos técnicos y su lenguaje soez con el equipo (1), fueron los causantes de que fuera despedido en última instancia y sustituido por el propio Jacinto Molina, quien, además de protagonizar y firmar el guión de la película, se encargaría de rodar todo de nuevo con un presupuesto mucho más ajustado (2). Por si esto no bastara, un prematuro “trailer” – que más que un trailer, se podría decir que era un puñado de imágenes del rodaje acompañadas de algunos efectos no muy “especiales” y una atronadora canción heavy -, avivaron los temores de muchos.

Las complicaciones de salud de Naschy, como es lógico, también empeoraron cualquier esperanza de que Empusa fuera medianamente buena. En su última visita al Festival de Sitges el pasado 2009, un Paul Naschy desgastado por su enfermedad, informaba que la película – que en aquel momento se encontraba en fase de post producción – seguía inmersa en algunos problemas. Uno de ellos era que, debido a su precario estado de salud, él mismo no podría doblar sus secuencias. A pesar de que gran parte de la filmografía del actor contaba con doblaje ajeno, aquello suponía otro punto en contra a sumar a esta producción, que terminó ennegreciéndose del todo con la desaparición del actor y realizador madrileño, el 30 de noviembre de aquel mismo año.

Cualquier esperanza de que Empusa pudiera ser la vuelta al fantaterror clásico que se nos anunciaba se esfumó, y la obra póstuma de Jacinto Molina fue rápidamente etiquetada de maldita, comenzando a anunciarse prematuramente por admiradores y detractores como la peor película de uno de los máximos representantes del cine fantástico patrio. Empusa comenzaba de ese modo una carrera comercial que debía sortear, no sólo un rodaje lleno de problemas que han retrasado su estreno, sino además un escepticismo, creo desmesurado, con el que muchos esperábamos esta película; y siendo sincero, el que esto escribe fue uno de los grandes sorprendidos con sus resultados.

Para empezar, creo que Empusa, sin ser perfecta (¿cuántas películas naschyanas lo son?), supone el resurgimiento del mejor Jacinto Molina realizador, guionista y actor (en este último apartado, puede que su interpretación quede eclipsada por su pequeño pero excelente papel en La herencia Valdemar, sin lugar a dudas, lo menos chirriante de la película), después de la desastrosa y olvidable La noche del ejecutor (1992). Su factura, como todo el que la haya visto sabrá, es muy modesta, pero aún así hay que hacer especial hincapié en el buen resultado que logra obtener. El maquillaje, así como la caracterización de los personajes (cosa que en un principio podía hacernos temer lo peor), son verdaderamente efectivos y consiguen salir airosos en una producción de estas características. Su narración no resulta tan atropellada ni farragosa como lo podían ser algunos de los últimos proyectos “made in Naschy”. Los tiempos han cambiado, y las nuevas generaciones buscan otras cosas, así que Naschy, consciente de ello, otorgó al film un aura más jovial, tirando a cómic, repleto de diálogos bastante dilatados y algunos guiños cinéfilos algo gamberros que intentan rememoran de algún modo el cine de Tarantino. Pero muy al contrario que Rojo sangre (2004) – el último guión de Naschy adaptado a la gran pantalla -, Empusa sabe jugar muy bien sus cartas y su narración no resulta tan confusa como en la fallida película de Christian Molina, un film con un presupuesto mucho más elevado pero con un resultado bastante más irregular.

Por otro lado, puede que las interpretaciones no sean muy reivindicables – de hecho, las hay que cantan de lo lindo -, pero sería una injusticia tirar por la borda el papel de Naschy, desempeñando aquí el cargo de (anti) héroe de la función, con un personaje no exento de cierta guasa (puede que involuntaria), al mostrarse a sí mismo como un actor fracasado y experto en esoterismo, que por si fuera poco resulta ser un experimentado bebedor de absenta y, a pesar de su edad, todo un putero. Antonio Mayans, que hace de amigo pescador de Naschy en un papel con reminiscencias nada disimuladas al colega zombificado que interpretó Griffin Dune en Un hombre americano en Londres (An American Werewolf in London, 1981), también resulta convincente, así como Saturnino García haciendo las veces de vampiro clásico en un pequeño papel cómico. Del plantel de jóvenes actores cabría destacar el magnetismo y belleza de Laura de Pedro como la reina de las empusas; sin lugar a dudas, todo un descubrimiento y, porque no decirlo, una posible scream queen que bien podrían llegar a ser la nueva Soledad Miranda del fantaterror español.

En Empusa también están presentes muchas de las manías que han caracterizado la filmografía del astro madrileño, como el erotismo y las ceremonias sangrientas, además de algunos elementos autobiográficos que ha utilizado en el último tramo de su carrera. Pero quizá el elemento más reivindicable de Empusa podría estar constituido por la novedosa utilización del humor que Naschy otorga por primera vez a una película de corte fantástico dirigida por él mismo. Como ya se ha apuntado con anterioridad, Naschy buscaba un público más amplio, por ello no es de extrañar ese toque gamberro y socarrón que se da en la película, llegando a parodiar al Van Helsing de Stephen Sommers (una de las mayores decepciones que ha dado el cine de terror de los últimos años).

En lo que respecto a su metraje, se nos puede antojar algo dilatado (107 minutos), y por lo tanto como otro punto que juega en su contra, pero al menos un servidor disfrutó con ella de principio a fin ya que, a pesar de estar repleta de algunos momentos innecesarios y que no vienen a cuento, se hace amena y para nada aburrida. Empusa es muy entretenida y sensual, dos puntos que hacen su visionado más llevadero, y su falta de pretensiones y su estética naïf desembocan en un humor que, ya sea voluntario o no, la hacen terriblemente divertida.

Está bien, como se ha dicho incansablemente, Empusa no es la mejor película de Paul Naschy. Puede que en el apartado técnico hallemos algunos fallos garrafales -como, por ejemplo, ver la sombra de las cámaras en el rostro de los actores -, y que algunos de los diálogos que la componen sean el súmmum del absurdo y la desfachatez. Pero que quieren que les diga, obviando algunos de estos fallos técnicos -que repito, (casi) siempre se han dado en su filmografía -, y con la mente bien abierta, un espectador inquieto y curtido en este tipo de cine puede disfrutar de buena ley con las peripecias de este anti héroe llamado Abel Olaya, su “torpedo” y esas atractivas vampiras mitad gaviotas que provienen del folclore griego. No es su mejor película, desde luego, pero tampoco la peor, faltaría más (y quien diga que lo es, es que no ha visto alguna de sus últimas películas como realizador).

Puede que los únicos errores de verdad se encuentren en el tramo final de la película. Un último plano que “aclara” innecesariamente toda la historia narrada y que, por consiguiente, destroza ese aura embriagador que se respira durante el film, echa por tierra gran parte de sus aciertos. Pero sobre todo, ese huérfano “in memoriam” que precede a los créditos finales, en el que tan sólo aparece el nombre de Paul Naschy, son esas cosas que hacen que muchos sientan ciertos reparos con Naschy y su cine. Un cine pionero no sólo en nuestro país sino en el resto del mundo. Un cine que como todo el mundo sabe, está lleno de errores. Aunque lamentablemente algunos de ellos duelan de verdad. Y no me refiero, claro está, a fallos de raccord y demás. Esas cosas se pueden llevar bien.

(1)  Mª Jesús Solina, una de las actrices que han intervenido en Empusa, defendió la labor del director en el pase de la película en la segunda edición de Horrorvisión (BCN), y a pesar de corroborar que, efectivamente, sus labores como realizador dejaban mucho que desear, afirmó que Aured se portó muy bien con ella.

(2)  Según conversación personal con el propio Naschy durante el Festival de Sitges del 2007.

Comentario de José Luis Salvador Estébenez
El destino quiso que dos de los últimos trabajos de Paul Naschy antes de su fallecimiento fueran un par de proyectos tan similares y, a la vez, tan diferentes como La herencia Valdemar y Empusa. Una coincidencia de lo más significativa por cuanto cada uno de ellos simboliza la mitad de una dualidad más o menos latente a lo largo de la trayectoria del actor y cineasta madrileño, con el irónico añadido de que la primera se trata de una obra ajena y la segunda propia. Así, el díptico escrito y dirigido por José Luis Alemán vendría a representar lo que el cine de Naschy aspiró a ser en términos industriales y rara vez consiguió alcanzar. Esto es: grandes medios, ambiciosos planteamientos comerciales y la consecución de un empaque ornamental equiparable al de las principales casas de terror clásico, léase la A.I.P., la Hammer y la Universal. Empusa, en cambio, refleja como en no pocas ocasiones tan loables intenciones acabarían traduciéndose en productos realizados en precarias condiciones, condenados de antemano por las circunstancias en las que fueron concebidos, y solo llevados a buen puerto por la admirable constancia y entrega que el creador de Waldemar Daninsky puso siempre en todos y cada uno de sus trabajos. Films, en definitiva, más recordados por la épica que entrañó su realización que por sus verdaderos valores cinematográficos, pero que, sin lugar a dudas, contribuirían de un modo decisivo a la construcción del mito Naschy.

En este sentido no puede obviarse que desde su mismo origen Empusa aspirara a convertirse en una pieza de culto. Ya en las primeras informaciones aparecidas en torno a su existencia se remarcaba el hecho de que fuera a suponer el reencuentro treinta años después entre Paul Naschy y el que fuera el director de algunas de sus películas más emblemáticas, Carlos Aured, quien volvía así a ponerse detrás de las cámaras tras algo más de dos décadas alejado de la profesión. Sin embargo, las cosas no tardarían en torcerse, y lo que se anunciaba como un idílico retorno a los años dorados del fantaterror hispano de mano de dos de sus principales artífices, acabó derivando en una experiencia traumática para todas las partes implicadas. Apenas habían transcurrido las dos primeras semanas de rodaje cuando Aured abandonaba el barco, sin que en aquel momento quedaran demasiado claros cuales fueron los términos en los que se produjo dicha ruptura. A decir de la versión oficial, el descontento con el trabajo de Aured, unido a las malas maneras con las que, al parecer, se dirigía al resto del equipo, hizo que en un intento por reconducir la situación los productores le impusieran a Naschy en calidad de codirector, extremo que el murciano no aceptaría, propiciando así su marcha. Con Aured fuera, Naschy asumiría en solitario la  realización de la película, por entonces llamada Las gaviotas, retomando una labor que no ejercía desde 1992 con la inefable La noche del ejecutor. Una vez en el cargo, una de sus primeras decisiones pasaría por descartar todo el material filmado por Aured al considerarlo inservible, reiniciando el rodaje desde cero con el hándicap de contar con un presupuesto mucho más reducido del inicialmente asignado.

Sin mayores contratiempos, pero con una retahíla de anécdotas que harían las delicias de cualquier admirador de nuestro licántropo patrio, la filmación sería completada a finales de agosto de 2007. Haciendo gala del ímpetu que le caracterizaba, pocos meses más tarde Naschy presentaba en varios festivales especializados una especie de tráiler de quince minutos de duración. La mala acogida con la que fue recibido este primer adelanto motivaría que Naschy y sus colaboradores optaran por rehacer la película nuevamente en la sala de edición. Este periodo coincidiría con la aparición de los primeros síntomas de la enfermedad que acabaría con la vida de su principal artífice, dilatando el proceso en el tiempo mucho más de lo esperado. Su delicado estado de salud impediría a Naschy participar en las sesiones de doblaje, donde, al igual que en su época de esplendor, pero por razones radicalmente distintas, sería sustituido por un actor especializado, si bien aún tendría las fuerzas necesarias para supervisar el montaje y las mezclas definitivas, según indica Ángel Mora, productor ejecutivo de la cinta. Cuando por fin parecía que la película iba a concluir su larga travesía del desierto, una nueva tragedia se interpondría en su camino; el 30 de noviembre de 2009 la persona bautizada como Jacinto Molina Álvarez fallecía a los setenta y cinco años de edad víctima de un cáncer de páncreas, pasando Empusa a convertirse en su obra póstuma.

Debido a toda esta serie de vicisitudes, a las que cabe añadir la repentina muerte de Aured prácticamente después de su salida del proyecto, Empusa no ha tardado en ser etiquetada como una “película maldita”. Una consideración alimentada por sus propios responsables, quienes, en un intento por dotarle de esa pretendida aura de “film de culto”, han comparecido en distintos medios de comunicación, platós televisivos incluidos, achacando el cúmulo de desgracias personales vividas a un supuesto mal fario, en una reprobable actitud amarillista que en su interior escondía una mal disimulada maniobra publicitaria. Tales esfuerzos no han impedido que, a día de hoy, Empusa permanezca pendiente de cualquier tipo de distribución comercial. Mientras espera a que esto ocurra, ya ha podido ser vista en distintos certámenes y muestras cinematográficas de dentro y fuera del país, cosechando por lo general críticas bastante negativas. Tanto es así que el entorno más próximo a Naschy, tan dado al elogio gratuito, se ha apresurado a desmarcarse del fruto resultante, declarándole la peor película jamás realizada por su ídolo. Una aseveración quizás un tanto exagerada a poco que se conozcan films como Operación Mantis o la referida La noche del ejecutor, pero que expone bien a las claras lo fallido del producto, máxime en comparación con las expectativas creadas.

Resulta innegable que muchos de los defectos que presenta Empusa a nivel formal pueden ser fácilmente atribuidos a lo accidentado de su confección. Pero, aunque así fuera, no menos cierto es que tanto estas como el resto de deficiencias que arroja su acabado son consecuencia directa del que fuera su alma mater. Primero, por la enfermiza necesidad de rodar que mostró en la última etapa de su carrera, y que le llevó a participar en prácticamente cualquier proyecto que se le pusiera por delante por muy descabellado que este fuera, sin importarle el efecto (negativo) que pudiera ejercer en la valoración global de su filmografía. Y es que, por mucho que en su momento Empusa fuera anunciada como el titulo inaugural de una nueva factory consagrada a desarrollar cintas de terror “made in Naschy”, quien más quien menos sabía que, en realidad, se trataba de una producción que bordeaba peligrosamente lo amateur y cuya salida comercial se adivinaba cuando menos comprometida, como así ha acabado sucediendo. Ante este panorama, uno no puede evitar preguntarse qué necesidad tenía Naschy a estas alturas de meterse en semejantes fregados, sobre todo después de haber sufrido con anterioridad una experiencia similar de la que saldría escaldado con El aullido del diablo, film con el cual el que nos ocupa comparte otras curiosas sincronías.

Como en aquél, el guion de Naschy conjuga los elementos ficticios con los apuntes autobiográficos. De nuevo, el protagonismo de la historia recae en un viejo actor que, pasados sus años de gloria, vive su senectud sumido en el más absoluto de los olvidos. La diferencia radica en que si en El aullido del diablo o Rojo sangre esta especie de alter ego era utilizado por Molina para exorcizar sus fantasmas y, de paso, arremeter contra aquellos que habían puesto en duda su talento y su valía, aquí es presentado bajo un perfil satírico. Lejos de la nostalgia que en última instancia guiaba los criminales pasos de sus émulos, el tal Abel Olaya, que así se llama nuestro protagonista, no parece extrañar en nada sus tiempos de estrella, erigiéndose en todo un bon vivant que consume sus días entre tragos de absenta, comidas copiosas, escarceos amorosos y prácticas de ocultismo con las que ganarse la vida.

Pero lo que en un primer momento pudiera antojarse una curiosa visión paródica del personaje por él mismo acuñado a lo largo de los años queda en agua de borrajas debido a su proverbial falta de autocrítica, auténtico talón de Aquiles de su cine. Así, pese a la caricaturización de la que es objeto, dicho rol no rehúsa varios de los atributos inherentes a los papeles escritos por Naschy para sí mismo. De entre ellos, tal vez el mejor ejemplo se encuentre en el magnetismo sexual que hace que, pese a tratarse de un setentón de estrafalario aspecto, no tenga mayores dificultades en encandilar y hasta compartir cama con atractivas veinteañeras. Esta misma falta de autocrítica también se deja notar en su adopción, quién sabe si movido por las circunstancias, de una narración de tono cómico, cuando sus anteriores incursiones dentro del género habían dejado meridianamente claro que la comedia no era lo suyo. Y así ocurre. Como era de esperar, el metraje de Empusa transita entre los márgenes de lo pueril, lo grotesco y lo ridículo, con la sospecha asociada de hasta qué punto la hilaridad que desprenden varios de sus pasajes puede no ser voluntaria.

Así las cosas, el único punto que consigue arrancar algún interés dentro de tan desvaído producto se concentra en la desaprovechada configuración de las criaturas que le dan título, una especie de chupasangres primigenios procedentes de la mitología griega y, por tanto, precristrianas, contra los que los métodos tradicionales para acabar con estos seres se revelan del todo inútiles. Pero ni esta novedosa reformulación de la imaginería clásica del vampiro, ni los continuos guiños destinados a los aficionados en forma de machaconas referencias a nombres propios del género, consiguen aportar mayor valor que el anecdótico a sus resultados finales. Triste punto y final  pues para la carrera de uno de los pocos mitos a nivel mundial que ha originado nuestra industria, pero en la que, paradójicamente, se encuentran encerradas no pocas de las claves para desentrañar y comprender su obra, y con ello, su controvertida figura.

Aparecido en La abadía de Berzano

martes, 8 de noviembre de 2011

THE HUMAN CENTIPEDE II: FULL SEQUENCE (2011): LLAMADME ENFERMO



Hostia, si, soy un puto enfermo. En serio. Cuando vi The Human Centipede: First Sequence hace un par de años en el Festival de Sitges, me quejaba porque apenas había una cagada en toda la película... Perdón, tal vez debería empezar por el principio porque puede que alguno no sepa de lo que estoy hablando... El primer "human centipede" iba de un mad doctor especializado en separar siameses, que un buen día decide secuestrar a un japonés y dos lindas damiselas, y les cose la boca al culo del otro. Es decir, a base de aguja e hilo, crea un ciempiés humano. La película prometía escenas fuertes y coprofagia por un tubo, pero lamentablemente la cosa terminó siendo algo bastante "suave". Entiéndanme, era la película "más bestia del festival" y yo me esperaba algo realmente demoledor (aunque de ser así, tal vez no la hubiera aguantado). Después de otro visionado, eso si, algo más calmado y sabiendo lo que iba a ver, encontré que The Human Centipede 1 era mucho más siniestra de lo que pensaba y que además tenía un humor negrísimo que le otorgaba muchos puntos a su favor.

A ver si lo entienden: el mad doctor le cose la boca (abierta) del sujeto B al ojete del sujeto A, y la boca del sujeto C en el del B. Et voila, "el ciempiés humano".  
Así pues, como no podía ser menos, la primera secuela de este film (en teoría habrá una tercera parte), dirigido y escrito de nuevo por Tom Six, se me antojaba cuanto menos curiosa y de obligada visión. Pero entonces... una preguntita me vino a la sesera de inmediato: Si el Centipede 1 se quedaba a medias en lo explícito de la premisa, ¿Six continuaría por el mismo camino o se decidiría a llevar hasta las últimas consecuencias aquello del culo-boca o ano-fauces?


Para empezar, nada más comenzar la película me encuentro con una cosa bastante curiosa: esta secuela está rodada en blanco y negro - cosa que, visualmente, la aleja bastante de la primera -, y empieza con el final del Centipede 1. Incluso aparecen los títulos de crédito finales... Por un momento me pregunto "¿qué coño pasa aquí?", pero enseguida me doy cuenta de que lo que pasa es que un energúmeno que trabaja en un parking la está viendo en su ordenador portátil. El tío es todo un especialista de la película y la ha visto cientos de veces. Así que, como buen fan de The Human Centipede, decide crear su propio cienpies humano y va raptando a algunos de los clientes del parking.


Ah... Casi lo olvidaba... ¡¡Es tío del parking pone los pelos de punta!! Es una especie de gordo inexpresivo (no dice ni una sola palabra durante el film) que parece una mezcla de Peter Lorre y Phillip Seymour Hoffman, pero aún más feo. Además, apenas mide metro y medio, lleva unas gafas de estas medio de los ochenta, su papá le "tocaba", su médico le intenta "tocar" (ese guiño a la Naranja mecánica), se hace pajas con papel de lija e intenta - como buen fanboy de Human Centipede 1 -, vender un guión nuevo para una secuela. Pero es que el gran acierto de esta nueva entrega es que se centra única y exclusivamente en el malvado y de las "piezas" del ciempiés apenas se sabe nada... excepto de una de ellas que es una de las protagonistas de la primera: Ashlynn Yennie. Aunque gracias a Dios, sólo sale al final y no desvía la atención de quien de verdad interesa en la película: Martin. El puto enano cagón. 



Esta si es que es la película que yo me imaginaba que sería la primera (que coño, incluso es mejor de lo que imaginaba), un auténtico ejercicio de mal gusto lleno de humor negrísimo y descacharrante (¡¡viva ese momento en el que Martin se encuentra al barbudo de su médico en el parking con una puta, el del vecino cabrón que pone la música a tope o ese otro en el que una embarazada da a luz en el coche y debe escapar del maniaco!!), con una decena de cagadas (con reacción en cadena incluida) y mierda salpicando a la cámara. ¡Eso es lo que tiene que ser esto del Human Centipede, joder! Ahora si. Vale, me gustaba la primera pero esta es impresionante.


La verdad es que la vi este domingo pasado por la mañana (sin haber desayunado) y se me revolvieron las tripas, pero que quieren que les diga, me resultó tan enfermiza, aterradora y divertida, que creo que me costará mucho poder olvidarme de su protagonista, Martin, un soberbio Laurence R. Harvey que no sé de donde cojones ha salido, pero mola. Y es que incluso tengo ganas de volver a verla.

lunes, 3 de octubre de 2011

DRIVE (2011): EL HÉROE IMPERFECTO



Pocas veces ocurre que una película te atrape y no te suelte hasta el final. Y no se crean, que la película de hoy, dentro de su aparente simplez es bastante extraña. Dudo mucho que sea plato de buen gusto para cualquiera. Ryan Gosling interpreta aquí a un especialista de cine, un chaval normal y corriente que de vez en cuando realiza encargos. De hecho, nada más arrancar la película vemos uno de esos “encargos”: robar un almacén. Bueno, aclaremos las cosas, el personaje que encarna Goslign se encarga más bien de huir del lugar del robo junto a los cacos y escapar de la policía. Ryan Gosling, actual sex symbol y guaperas, encarna, palillo en boca, a uno de esos conductores anónimos de los setenta, como el que pudimos ver en “Carretera asfaltada en dos direcciones”, interpretado James Taylor. Su personaje bebe de esos héroes imperfectos como lo pudo ser el Kowalski de “Punto límite: cero” o el Vicinski de “60 segundos”. El conductor de “Drive” es un tipo encantador, un genio del volante capaz de burlar a la policía y poner su bólido a 200 millas por hora en un periquete… En “Drive”, no se crean, nuestro “conductor” será capaz de enamorar a la chica de la película y ser la figura paternal del hijo pequeño de ésta, mientras su padre está en prisión, pero ojo, también será capaz de actuar como un jodido psicópata y estallar violentamente contra cualquiera que se le ponga en su camino.

Creo que jamás había visto un personaje tan imperfecto y a la vez tan perfecto, tan extraño, tan misterioso, tan valeroso e incluso tan sosainas como el de esta película. Pero aún así, Ryan Gosling consigue que te lo creas, que te sientas próximo a él y que te dejes llevar por donde el te guíe (o, ya que estamos, te conduzca), ya sea por las calles de la ciudad, ya sea por un bonito paseo en familia o chocando contra otro vehiculo. “Drive”, del danés Nicolas Winding Ref, - director de otra joya hipnótica tan hermosa como violenta, “Bronson” -, supone desde ya una de las obras maestras de este año y una experiencia que nadie debería perderse. Winding Ref es capaz de todo, y cuando digo todo, es todo, así que no se dejen engañar por sus cámaras lentas, por su estilo inconfundible a ritmo de melodías compuestas por Cliff Martínez o rematadamente techno-pops (en la banda sonora de “Bronson”, sin ir más lejos, se podía escuchar algún tema de The Pet Shop Boys o New Order), pues a la más mínima te dará el cambiazo, jugará con tu mente, y nos joderá vivos. Odiado por muchos, venerado por otros tantos, el director de “Valhala Rising” ha conseguido, como he dicho, una pequeña pieza de arte con “Drive”. Un milagro en estos tiempos en los que todo está más visto que el TBO. Un trabajo excepcional en toda regla. Y es que, aunque el material de partida pueda ser un brillante en bruto, - ahí está el trabajo actoral de Ryan Gosling, Ron Perlman o Robert Brooks, por citar a unos pocos, la fotografía de Newton Thomas Sigel o el guión de Hossein Amini, basado en la novela homónima de James Sallis -, desde luego, gran parte del mérito se le podría atribuir a la particular visión que nos ha mostrado el bueno de Nicolas.


Merece la pena, de verdad. De hecho, por ahí anda, por la red... Con subtítulos y todo... Yo, desde luego, pienso repetir (esta vez en pantalla grande y como Dios manda) en Sitges.

martes, 20 de septiembre de 2011

FURIA SILENCIOSA (1982): UN CHUCK NORRIS INSÓLITO



Ahora que dicen que seguramente Chuck Norris asome su bigote por la segunda parte de Los Mercenarios de Stallone, me ha venido a la mente una rareza no sólo dentro de la filmografía del actor, sino en general. Se trata de Furia silenciosa (Silent Rage, 1982) de Michael Miller, un film surgido del éxito cosechado por películas más o menos baratas, que consiguieron unas recaudaciones envidiables en las salas de cine. Se trata como no, de los slashers. Viernes 13 o Halloween, posiblemente las más conocidas, tuvieron una repercusión que debía aprovecharse, así que el hermanísimo de Chuck, Aaron Norris se asoció a los productores Andy Howard y Anthony B. Unger, y decidieron realizar un libreto escrito por Joseph Fraley  (Los valientes visten de negro) con algunos elementos, seguramente fantásticos, añadidos por Edward di Lorenzo (sin acreditar) (Lady Frankenstein). Y es que Furia silenciosa es una película muy correcta, entretenida y formal, que por el contrario intenta mezclarnos escenas con ensaladas de hostias muy al estilo de las películas de Norris (no por menos, aquí encarna a un Sheriff de un pequeño pueblo de Texas, y como tal, luce la indumentaria que le acompañaría en buena parte de su filmografía: un sombrero de cowboy y su estrella dorada en el pecho), con el terror.


Furia silenciosa arranca, - mediante unos muy loables planos secuencia -, con el estallido de “furia” de John Kirby (Brian Libby) que, en mitad de los gritos de unos críos (que juegan a la guerra) y de una ama de casa bastante insoportable, decide coger un hacha y asesinar a sangre fría a ésta y a su marido (no sin antes aprovechar y realizar una copia de la escena en la que Jack Nicholson acechaba a Shelley Duval en el baño, en El Resplandor). Rápidamente alguien llama a la policía y, como no, aparece Chuck Norris que sin pensárselo dos veces se adentra en la casa. El sheriff comienza a inspeccionar su interior hasta que encuentra los cadáveres. A raíz de esto, hubo algo que me llamó mucho la atención: Chuck Norris saca su pistola mientras sube por unas escaleras y la cámara se acerca al revolver hasta que éste ocupa prácticamente todo el cuadro. En esa escena concreta, no es Chuck Norris quien sube las escaleras, no es el héroe de la función, es un revolver, la ley, que va a imponer un poco orden y ajusticiar, si procede, al asesino del film. Por un momento piensas, “joder, esto va a ser diferente”, pero lamentablemente (o afortunadamente), lo que viene a continuación cae en lo de siempre, es decir, en la típica pelea entre el bueno y el malo. Entre Chuck Norris, - la estrella -, y el “psichokiller” de turno.

El rubio, él solito, le ha pegado una paliza a todo el bar.
Bueno, bueno… Un momento, está bien. Ahora viene lo bueno de este film, lo que lo hace único. El asesino es abatido a tiros por la policía (que no por Chuck Norris), así que antes de que éste muera deciden llevarlo a un hospital que, ¡que casualidad!, además de ser un hospital, se dedican a testar drogas nuevas con moribundos. Para colmo de males, el mad doctor de la función, Steven Keats, decide probar con este peligroso (y desquiciado) criminal una droga con la cual… ¡¡su cuerpo podrá recuperarse de todas las heridas!! Es decir, ya tenemos al asesino inmortal de los “slashers”, y a continuación tendremos más víctimas y una chica en peligro. Pero entonces, ¿por qué Furia silenciosa es una rareza? Pues porque en Furia silenciosa existe algo que, que yo sepa, nunca antes se había dado en un “slasher”. En Furia silenciosa tenemos, efectivamente, a un ¡¡action hero!! ¡¡Tenemos a Chuck Norris, mecagoenlaputa!! Un tipo que, él sólo, es capaz de pegarle una paliza a una pandilla de moteros en un bar y lanzar patadas trapezoidales mortales (valga la expresión).


Pero joder, es que también tenemos esas gotitas de ci-fi que habíamos visto: con ese mad doctor, esas jeringas que pondrían palote al mismísimo Dr. Herbert West… También tenemos un romance… ¡Tetas! Las escenas de cama de Norris con una bastante apetecible Toni Kalem, son la risión: mientras ella se entrega a la estrella y se muestra apasionada, él le propina unos besos castos y no abre la boca ni aunque le maten (o le arañen la espalda). También, gracias al orondo acompañante del sheriff, Stephen Furst, tenemos un poquito de comedia tontorrona, un poco de buddy movies (que por algo rondaba por ahí el estreno de Límite 48 horas (48 Hrs, Walter Hill, 1982), e incluso (el eterno) guiño a Taxi Driver y su “¿me hablas a mi?”.
No sé, ¿qué más se le puede pedir a una película?

"Hace gusto".
Ah, si… Reunir en ella a Dolph Lundgren, Sylvester Stallone, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger, Mickey Rourke, Jean Claude Van Damme, Nicolas Cage… y, ¡SI! Chuck Norris. Si es así, valdrá la pena esperar. Si no, pues tendremos que seguir soñando.