Vi “El caballero oscuro: la leyenda renace” ("Batman 3" para
abreviar) el sábado y el domingo me enteré de lo ocurrido en USA.
(De la matanza en un cine durante el pase de la película, por si alguien
no lo sabe). Total, que después me he puesto a pensar un poco en la
tremenda problemática que tiene Estados Unidos con las armas y la
facilidad con la que un energúmeno puede pillar una metralleta y
liarse a tiros con cualquiera. Por lo tanto, ¿cómo controlar algo
así? ¿Cómo deben actuar las fuerzas de la ley ante el libertinaje
que existe allí con las armas? Incluso ¿cómo debe actuar el héroe
ante algo así?
Pues bien, pensando y
pensando, me vino a la cabeza una película de los setenta sobre un
joven que volvía a su pueblo natal con su mujer e hijos. El hombre
llamado Buford Pusser (Joe Don Baker), un tipo recto y justo, no
tarda en ver con malos ojos un garito instalado en la ciudad que es
un auténtico hervidero de prostitución y en el que se apuesta de
manera ilegal, además de vender güisqui adulterado. Pusser verá
como le ventilan un montón de pasta por la cara y que por si fuera
poco nadie hace nada cuando le pegan una paliza que lo deja medio
muerto. Tanto el sheriff de la ciudad como los jueces están
comprados por los mafiosos que han inundado de vicio la ciudad, así
que Pusser decidirá hacer frente a esa chusma e incluso se presenta
a sheriff de la ciudad, cosa que finalmente consigue. Pronto comienza
a impartir justicia (madero en mano) y a meter a los “malos”
entre rejas, cosa que le traerá más de un problema tanto a él como
a su familia. Y es que una cosa es ser un súper héroe encapuchado
que mantiene a raya el crimen, y otra muy distinta hacerlo a pecho
descubierto. Con dos cojones.
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| El verdadero Buford Pusser. |
“Pisando fuerte” está
basada en una historia real, de hecho el personaje principal, el
sheriff Buford Pusser, existió de verdad y sufrió en sus propias
carnes las terribles consecuencias de hacer frente al crimen (de hecho, la película conoció dos secuelas, una serie de TV y unos cuantos remakes que prefiero ni ver). Pero
quizás lo más interesante de “Pisando fuerte” sea que mientras
la ves tienes la sensación de que estás ante una olla a presión
que en cualquier momento va a estallar (y todo ello viene favorecido
por el abundante uso de hemoglobina que se da durante el film). No
sólo porque los rufianes de la película sean eso mismo, unos
rufianes que no respetan ningún tipo de ética ni moralidad y cuya
codicia ensombrecen la apacible vida del pueblo, sino porque la
respuesta de nuestro protagonista se va volviendo cada vez más y más
violenta a medida que avanza el metraje, hasta llegar a un trágico
final. Pusser lucha contra los delincuentes y pone en riesgo su
integridad física y la de su familia, que por otro lado le ruegan
continuamente que cese en su empeño de limpiar de escoria la ciudad.
Pero lejos de rendirse – tal y como dice Pusser, “pisa fuerte”
(de ahí el título) – hace caso omiso a los consejos y
advertencias de los que le rodean y continúa su particular batalla
contra el crimen.
Cuento esto porque en
“Batman 3” se nos plantea este mismo dilema. ¿Cómo combatir el
crimen siendo un (súper) héroe y tener una vida normal y corriente
con tu mujer e hijos? Como comprobamos en esta tercera entrega del
hombre murciélago, Wayne (Bale) no ha sabido continuar sin su alter ego y
no ha rehecho su vida, es más, ha empeorado estrepitosamente, algo
que le recrimina su mayordomo Alfred (Michael Cane), un personaje que
sin lugar a dudas aporta algunas reflexiones claves para entender
bien lo que nos explica este cierre de la trilogía de Nolan. Esto, sinceramente me encantó. Pues parece que aunque Wayne haya colgado su capa de súper héroe, no ha sabido encauzar su vida normal.
Pero volviendo a la
excelente película protagonizada por Don Baker, existe un claro
elemento con el que nuestro héroe se debe enfrentar: las armas
(quizás por eso me vino a la memoria esta película después de oír
la noticia de la masacre en los cines). A pesar de que el sheriff se enfrenta
a los maleantes con un palo (seña por la que consiguió cierta fama
y por la que incluso se le podría identificar como cualquier otro
súper héroe de ficción que se precie), poco a poco las armas se
van haciendo cada vez más presentes durante la película hasta que,
en el último tramo del film, el sheriff le regala una escopeta a su
hijo en navidad (no la vemos porque está envuelta, pero lo
adivinamos por la forma). Pues bien, una vez se lleva a cabo el
terrible asesinato de su mujer (en una sobrecogedora escena) y Pusser
queda gravemente herido al serle seccionada media cara de un disparo,
es el propio hijo del sheriff el que se dirige al hospital con los
ojos inundados en lágrimas con la escopeta en la mano. El chaval se
postra al lado de su padre que está tumbado en una camilla del
hospital y le entrega el arma que le había regalado. Está claro que
clama venganza y Pusser accede acariciándole la mano a su hijo. Así
pues, este trágico héroe vuelve a la carga con medio rostro
escayolado - cosa que le da una especie de aura monstruosa a su
personaje - y termina asesinando a los causantes de la muerte de su
mujer. En este punto, Phil Karlson, el director, dota al film de un
ambiente pesadillesco y malsano donde no existe ningún tipo de
redención para el desafortunado héroe/protagonista y que queda muy
alejado de otras películas con vengadores/vigilantes de la época.
En este aspecto, “Batman
3” se queda algo floja. Nolan no sólo no se atreve a terminar con
el héroe enmascarado ni que este pague un precio injusto y trágico
por sus actos como si lo pagó Pusser, sino que además el film
termina resolviéndose de una manera un tanto facilona y, porque no
decirlo, decepcionante. “Batman 3” es verdaderamente épica (su
duración y la banda sonora de Zimmer ayudan bastante) y nos plantea
un auténtico Apocalipsis anárquico. Pero lamentablemente no llega
hasta el límite y las premisas que plantea se quedan a la mitad.
La vida está llena de
tragedias y aunque quizás haya hecho mal en meter con calzador esta
película de los setenta, uno no puede evitar pensar en que el
destino no es para todos tan esperanzador como desea y que los
precios que los héroes deben pagar por su labor son totalmente
injustos (como pasaba en “Pisando fuerte”) y por eso el final de
“Batman 3” resulta tan esperanzador como flojo.
Ahora mismo acabo de
llegar a un punto extraño y peligroso de mi reflexión, pues son
demasiados paralelismos los que estoy haciendo sin que una cosa tenga
que ver con la otra (“Pisando fuerte”, el trágico incidente
durante el pase de “Batman 3”, el abuso de las armas en USA, los
precios que el héroe tiene que pagar por el bien de la humanidad…)
y como veo que estos temas habría que tratarlos por separado para
evitar de ese modo frivolizar, terminaré este post con una breve apreciación
de lo que me ha parecido este “El Caballero Oscuro: la leyenda
renace”. Si, está bien, es una buena película, aunque obviamente
no se ha repetido el excelente resultado de la segunda parte. Como decía “Batman 3” tiene el gran acierto de mostrarnos a un Bruce Wayne
en horas bajas que se debate entre seguir encerrado en su mansión o
volver a ponerse el traje de murciélago ante la creciente amenaza
del siniestro Bane (Tom Hardy) - un villano bastante interesante, por
cierto -. También me encanta esta Catwoman – aunque dista mucho de
la excitante gata loca que interpretó la Pfeiffer -, y Heathaway
está muy convincente haciendo de ladronzuela, por no decir que el
látex le sienta de fábula (esas posturas encima de la moto, con el
culo en pompa, ¡por Dios!). Pero viendo la película es más que
evidente algunos personajes, como el de Catwoman, cojean y que les
falta algo para que sean convincentes. Y hablando de cojeras, ¿por
qué demonios se empeña Nolan en ser tan realista si luego se pasa
todo por los huevos? Porque eso de mostrar a un Wayne/Batman en horas
bajas está muy bien, pero joder, luego no me lo “cures” por arte
de magia, coño.







