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sábado, 13 de junio de 2015

Una droga llamada Helen (1970)

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Reza el popular dicho que no hay dos sin tres. Tras ocuparnos en semanas anteriores de La dama roja mata siete veces y Vicios prohibidos, hoy le toca al turno a Una droga llamada Helen dentro de la serie de artículos que venimos dedicando a los giallos editados en su colección dedicada al estilo por Regia Films. Esta vez es nuestro colaborador Juan Pedro Rodríguez Lazo quien se encarga del texto sobre esta coproducción italo-hispano-francesa dirigida por Umberto Lenzi y encuadrada en su serie de colaboraciones con la actriz norteamericana Carroll Baker.

LA PELÍCULA

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Tal y como se ha dicho multitud de veces Una droga llamada Helen / Paranoia –titulada inicialmente Fórmula 1 durante su rodaje en Mallorca[1] -, es la última entrega de la trilogía que Umberto Lenzi rodó con Carroll Baker de protagonista, completada por Orgasmo (1968) y Así de dulce, así de maravillosa (Cosí dolce… Cosí perversa, 1969)[2]. Según cuenta su responsable en una entrevista aparecida en la revista Dirigido por[3], la película bebe innegablemente de dos títulos franceses de principios y finales de la década de los sesenta: A pleno sol (Plein soleil, 1960) de René Clement, y La piscina (La piscine, 1969) de Jacques Deray, ambas con Alain Delon[4] de protagonista. El caso es que Una droga llamada Helen suele ser tratada como un caso más bien singular, pues Lenzi decide darle más peso a la trama, alejándose así sustancialmente del manierismo que fueran seña principal del giallo una vez quedará codificado por aquellos mismos años. Aquí están presentes los ingredientes propios que todo giallo debe lucir – es decir, violencia y erotismo (a menudo unidos) -, cierto, aunque de un modo mucho más comedido de lo que después sería norma dentro del estilo. Por el contrario, el libreto firmado por Bruno Di Geronimo, Marie Claire Solleville, Marcello Coscia y el español Rafael Romero-Marchent, se dedica más bien a tejer una espinada historia en la que prima el suspense, en lugar de recrearse en los truculentos asesinatos tan característicos de este subgénero.

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Aunque también es verdad que en lo que respecta al sexo se da bastante manga ancha y Carroll Baker, otrora “Lolita” en la magistral Baby Doll (Elia Kazan, 1956), se muestra bastante generosa en las escenas de desnudos, retratándose a sí misma como una ninfómana ávida de deseo por culpa de su exmarido, al que interpreta Jean Sorel. Incluso siguiendo por esta senda, podemos llegar a pensar que tras el interés y amabilidad con el que Anna Proclemer (quien da vida a la esposa de Sorel en la película) recibe a Helen, se esconde la posibilidad de una relación homosexual entre ambas mujeres o incluso un ménage à trois junto al apuesto playboy.[5]

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Y ya que hablamos de ella, no puede por menos que destacarse la forma en la que dentro del apartado actoral sobresale la interpretación de la Baker, por aquella época presencia habitual de producciones europeas de esta naturaleza. Como acabamos de decir, la actriz estadounidense interpreta a la Helen del título, una mujer que después de sufrir un aparatoso accidente de coche se le prohíbe el tabaco, el alcohol y las emociones fuertes (y esto incluye el sexo), decidirá aceptar a invitación de su antiguo esposo para que pase una temporada en su mansión de Mallorca mientras se restablece. Por el contrario, su partenaire en esta ocasión, el mencionado Jean Sorel[6], está muy lejos en su papel de playboy del carisma poseído por otros hommes fatales, tales como el propio Delon[7] en la ya citada A pleno sol, filme que, por cierto, está basado en la novela El talento de Mr. Ripley de Patricia Highsmith. El resto del elenco se muestra correcto en sus respectivos roles, aunque me gustaría destacar la labor realizada por Marina Coffa[8] interpretando a la hija de la víctima. Esta actriz de efímera carrera en cine y televisión, pero bastante popular gracias a las fotonovelas de la época, dotó a su personaje de un letal atractivo, mostrándose convincente hasta en los pasajes más inverosímiles del metraje.

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Nos encontramos, en definitiva, con un giallo que tiene un acabado visual menos desmelenado y extravagante de lo esperado, prefiriendo otorgar más peso y coherencia al enredo que se narra. Umberto Lenzi está lejos de proporcionar a su película el suspense y la holgura dramática necesaria para poder codearse junto a los grandes nombres del cine, pero bajo la humilde opinión del que esto escribe, nos encontramos ante uno de los mejores ejemplos sobre películas con “crimen perfecto” que se han llevado a la gran pantalla, llegando a formar un puzzle que encaja de principio – cf. esos títulos de crédito iniciales en los que se muestran fragmentos del film en negativo, relacionados con el desarrollo de la trama – a fin. Por supuesto no es un ejemplo perfecto, como tampoco lo es el asesinato que se relata, pero sí que es tremendamente entretenido y sobre eso, sobre saber entretener, Umberto Lenzi sí que puede considerarse un Maestro.

LA EDICIÓN

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La edición comercializada por Regia Films se presenta en formato anamórfico con el aspect ratio original del film de 2,35:1. En todo momento la imagen posee una nitidez espectacular y, tal y como ya hemos comentado anteriormente, contiene el montaje internacional, es decir, una versión sin la censura propia de la época. En cuanto al contenido sonoro, se compone de dos pistas: una en italiano con subtítulos opcionales en castellano, y otra correspondiente al doblaje en español original (no nos ha de extrañar que algunas líneas de diálogo, originalmente muy picantes, fueran rebajadas para que pudiera ser estrenada en nuestras salas comerciales). En el apartado de los contenidos adicionales poco se puede destacar, pues esta edición queda huérfana de extras.

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[1] Tal y como informa una nota informativa aparecida en el diario La Vanguardia, con fecha 18 de octubre de 1969. Pág. 57.
[2] Cabría apuntar que el tándem Lenzi-Baker volvería a coincidir en otro giallo llamado Detrás del silencio / Il coltello di ghiaccio (1972).
[3] Dirigido Por nº 412. Mayo 2011. David Pizarro.
[4] Y Romy Schneider, aunque en la película de Clement desempeñó un papel muy breve.
[5] La edición que ha comercializado Regia Films parte de un montaje internacional por lo que hay que suponer que las escenas de desnudos estarían rebajadas en la copia estrenada en España originalmente. Por otro lado, si nos vamos a la versión original subtitulada que ofrece el DVD, comprobaremos que la versión doblada ocultaba las líneas de diálogo más explícitas.
[6] Con quién ya había colaborado Baker en El dulce cuerpo de Deborah (Il dolce corpo di Deborah, Romolo Guerreri, 1968)
[7] De hecho, no parece casual que se escogiera al mentado Sorel para el papel que desempeña en Una droga llamada Helen, dada su consideración en algunos círculos como una especie de Alain Delon del pobre.
[8] Fallecería prematuramente en 2011, cuando apenas había cumplido los 59 años de edad.

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FICHA TÉCNICA

Título original: Una droga llamada Helen / Paranoia
Año: 1970 (España, Francia, Italia)
Director: Umberto Lenzi
Productoras: Producciones Cinematográficas DIA, S.A. (España), Tritone Filmindustria (Italia), Medusa Distribuzione (Italia), Société Nouvelle de Cinématographie (SNC) (Francia)
Guionistas: Bruno Di Geronimo, Marie Claire Solleville, Marcello Coscia, Rafael Romero-Marchent
Fotografía: Guglielmo Mancori
Música: Gregorio Garcia Segura, Nino Rota.

Intérpretes: Carroll Baker (Helen), Jean Sorel (Maurice), Luis Dávila (Albert), Alberto Dalbés (Dr. Harry Webb), Marina Coffa (Susan), Anna Proclemer (Constance), Lisa Halvorsen (Solange), Manuel Díaz Velasco (Miguel), Jacques Stany (James)…

*Todas las imágenes de la película que ilustran este artículo pertenecen a capturas de la edición comentada.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

LOVE CAMP: MUJERES EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DEL AMOR (1976)


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Dudo que a la hora de rodar 99 mujeres Jesús Franco fuera consciente de que acabaría creando un subgénero al que se apuntaron muchos otros realizadores todoterreno a lo largo de la década de los setenta (y principios de los ochenta) y al que él mismo volvería en no pocas ocasiones. Pero es un hecho que gracias al éxito cosechado por ésta, las wip (Women in prison), resultarían unas producciones que, pese a estar rodadas en países algo exóticos, eran rentables y aún más importante, rápidas de hacer. Sin embargo, conforme avanzaron los años los argumentos de estas wip (al menos en el caso de Franco) eran cada vez más escuetos, y algunos matices que pudiera tener en un principio (como podría ser esa crítica al autoritarismo que Carlos Aguilar tilda en su monográfico sobre Jesús Franco[2] de “postiza y que a nadie le importa”[3]) fueran cada vez más delgados o, simplemente, sirvieran de pretexto anecdótico a unas tramas en las que cada vez se daba mayor protagonismo a los desnudos femeninos para poder así satisfacer las exigencias del espectador de la época, varón por lo general, ávido de sexo.
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Otro de los elementos que parece desvanecerse con los años pero que al menos en los dos primeros wip realizados por Franco figuraba – es decir, 99 mujeres[4] y aún más si cabe en Los amantes de la isla del diablo[5] -, es el de un personaje que media entre los malvados opresores y las víctimas. En ambos casos dichos roles se presentan como los posibles salvadores y la única esperanza de que las víctimas/protagonistas acaben en libertad y se haga justicia de una vez por todas. Aunque no está de más apuntar que en el caso de 99 mujeres dicho personaje, interpretado por Maria Schell, resulta algo ambiguo y su cometido no estaba lo suficientemente implantado, pues al no encontrar suficientes pruebas para salvarla, decide dejar de ayudar a la presa a la que incorporaba Maria Röhm, provocando la huida de ésta junto a otras reclusas.
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¿Qué podemos esperar entonces de esta Love Camp, mujeres en el campo de concentración del amor? Lógicamente sexo y generosos desnudos… De hecho, aunque también hay algún desnudo masculino, todas y cada una de las féminas que aparecen durante el metraje (es decir, tanto militares como presas) lo hacen en pelota picada y como mucho se llegan a poner un salto de cama trasparente o unas botas y chaquetas militares lo suficientemente abiertas para que no tapen sus atributos… Y aunque esto, no nos engañemos, no hace daño a nadie, con toda seguridad puede sacar de quicio a los círculos más feministas.
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El argumento de Love Camp no puede ser más delirante: un grupo militar revolucionario de un exótico país aparentemente latinoamericano y liderado por algún régimen dictatorial, rapta a un puñado de hermosas damiselas a las que recluyen y convierten en prisioneras-putas con el fin de poder mitigar la sed de sexo de Da Guerra (Wal Davis), el líder del grupo, y el resto de sus hombres (y mujeres[6]). De ese modo llegamos a Angela Delame (Ada Tauler, pareja de Davis en la vida real), una joven recién casada que es secuestrada en el lecho matrimonial (justo cuando iba a consumar su unión, para más inri). La pobre Angela no tarda en ser el blanco de la fijación y el deseo de Da Guerra con el que nace una imposible historia de amor, engaños y celos…
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Estamos ante una wip en la que se rebaja el nivel de violencia (aquí mueren algunas reclusas, además de algún espía torpe infiltrado en el grupo que es pillado con las manos en la masa, pero Franco no se recrea en dichos pasajes sádicos) en pos de las abundantes escenas picantes con las que se rellena la cinta. Así pues, mediante polvos en una hamaca entre Da Guerra y Angela, o los intentos de Isla[7] (Nanda Van Bergen) por conquistar a ésta, va transcurriendo una trama de lo más endeble con algunos momentos verdaderamente ridículos. No sabemos cuáles eran las verdaderas intenciones de Franco a la hora de llevar a cabo tamaño delirio, pero viendo esta Love Camp podemos llegar a dos conclusiones: o bien el tío Jess rodó esta película sin importarle ni lo más mínimo lo que quería contar o, por el contrario, ideó una especie de parodia del subgénero que él mismo parió.
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A tesón de la cantidad de títulos que ha realizado, lo más normal es que pensemos en la primera opción; es decir, que un Jesús Franco desbordado e hiperactivo fue descuidando con los años muchos de los aspectos técnicos y argumentales de sus películas. Pero al menos en el caso de Love Camp nos topamos con una película mejor rodada de lo que a priori cabría sospechar[8], pudiendo especular, por otro lado, con la opción de que muchos de esos momentos ridículos a los que aludíamos antes sean más buscados que accidentales o meros síntomas de dejadez. Es decir, que el líder revolucionario – cuyo nombre, recordemos, es Da Guerra – esté interpretado por un actor de origen germánico, rubio y con los ojos azules parece una broma de Franco. De hecho, siguiendo en esta línea, no está de más anotar que en un momento del film, cuando se disponen a pasar lista citando a los distintos combatientes, hay uno al que llaman Felipe González, y cuyo nombre asimilamos como el secretario general del PSOE en aquella y posterior presidente del gobierno de España, como clara chanza que el director de Miss Muerte lanza hacia su país natal.
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Por este motivo, quizás no deberíamos tener demasiado en cuenta que Angela termine enamorándose de su captor o que, allá al final del metraje, se establezca entre ellos uno de los desenlaces más sonrojantes que este humilde plumilla ha podido ver a lo largo de su experiencia como cinéfago: en el último tramo, Angela logra escapar junto a su original marido, pero inexplicablemente cambia de opinión y, pese a todo lo vivido y haber sido una esclava sexual en el susodicho “campamento del amor”, decide volver con el comandante Da Guerra, no sin antes dejar el diálogo más bochornoso de toda la película (pero a la vez el más desternillante)[9]. Visto lo visto, solo quedan dos opciones: pasar un buen rato con un producto hecho con mucho morro y falto de pretensiones o rasgarse las vestiduras por una inofensiva película que no pretende llegar a tanto. Está claro, ¿no?

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[1] Mujeres en el campo de concentración del amor, al menos si tuvo distribución en salas españolas a finales de los setenta.
[2] “Jesús Franco” de Carlos Aguilar. Ediciones Catedra, 2011.
[3] Id. Nota 1. Pág. 141.
[4] Maria Schell encarnaba a una funcionara que acudía a la institución penitenciaria con el objetivo  de esclarecer supuestos maltratos y vejaciones a las reclusas, además de la muerte de alguna interna.
[5] El abogado interpretado por Dennis Price intentaba salvar a la pareja injustamente acusada – los amantes del título – interpretada por Geneviève Deloir y Andrés Resino.
[6] Curioso que esta tropa de revolucionarios que cuenta con mujeres entre sus filas rapte a otras para violarlas…
[7] Anagrama de Ilsa, la más famosa y letal dominatrix de los wipque encumbrara a Dyanne Thorne, y también protagonista de la mano de Jesús Franco en una secuela bastarda retitulada comoIlsa, the Wicked Warden y editada recientemente por Tema y Cameo como Ilsa. Greta haus ohne männer, dentro de la colección “Inéditos de Jesús Franco” y de la que ya hablaremos en las próximas semanas.
[8] A destacar la colorista fotografía del poco prolífico Ruedi Küttel, habitual en las co-producciones suizas que Franco rodó en los setenta.
[9] ¿SPOILER? ANGELA: “Aunque intentes deshacerte de mí, volvería contigo de todos modos. Será mejor que me lleves contigo”. / DA GUERRA: “Lo pensaré, cariño”. (¿¡!?)

viernes, 5 de septiembre de 2014

BIG TITS ZOMBIE (2010)



Tras el lanzamiento de la trilogía Rape Zombie, Tema y Cameo siguen apostando por el cine oriental más arriesgado y extremo para deleite de todos los fans. Como muestra de ello, recientemente han sacado a la venta Big Tits Zombie de Takao Nakano, filme que, tal y como su propio título indica, promete tetas (grandes tetas) y zombis. A continuación analizaremos la película, así como los diferentes extras que acompañan a la edición.


LA PELÍCULA

El fenómeno exploitation que renació a principios de siglo a rebufo del díptico Grindhouse llevado a cabo por Robert Rodríguez y Quentin Tarantino1, dio la vuelta al mundo y pareció que diminutas producciones de todo el globo volvían a apuntarse a los locos argumentos llenos de acción, terror y erotismo a raudales que ofrecía ese cine de antaño. Sin embargo, decir que esa ola llegó al país del sol naciente resulta un tanto arriesgado puesto que Japón es un territorio muy propenso a películas de lo más radicales, excesivas y bizarras. Por ese motivo, y aunque resulte innegable que Big Tits Zombies sigue un poco esta corriente2, o que incluso sospechemos que su argumento aproveche el pequeño éxito de otra modesta producción titulada Zombie Strippers!3 4, no habría que restarle el interés que se merece, pues tras las cámaras encontramos a Takao Nakano, un cineasta especializado en el pinku que goza de cierta fama gracias a algunos títulos de culto como Sumo Vixens (1996) o Sexual Parasite (2004), y que además ha colaborado en más de una ocasión con Minoru Kawasaki, uno de los enfants terribles del cine japonés más estrambótico y divertido5. Por lo tanto, y pese lo apuntado anteriormente, podríamos decir que por mucha moda grindhousera (perdón por el vocablo) que surgiera en Hollywood, a los japoneses no hay quién les gane con este tipo de producciones tan esperpénticas y pasadas de vueltas (además de baratas, por supuesto).


Nakano parte de un manga de Rei Mikamoto - del que éste humilde plumilla, al no tener demasiados conocimientos sobre la materia, ha sido incapaz de encontrar información alguna en la red -, y nos adentra en la historia de cinco bailarinas de striptease que malviven sin éxito en un antro regentado por el típico chuloputas sin escrúpulos. Una de ellas encontrará un misterioso libro, provocando al leer uno de sus pasajes que los muertos se levanten de sus tumbas6 y vuelvan a la vida con un desmesurado apetito de carne humana7. A raíz de este momento seremos testigos de un festín de gore salchichero a base de sangre generada por CGI, maquillajes penosos y efectos especiales de andar por casa.


Pero no nos confundamos, estamos ante una cinta que es capaz de repetir una escena a cámara lenta con tal de que veamos con más detenimiento los encantos de la muchacha de turno o, por contar alguna de sus otras perlas, que a una de las chicas le crezca una vagina dentada que escupe fuego (¡!)... Big tits zombis es un film de bajísimo presupuesto pero que, curiosamente, está dirigido con elegancia y mucho talento, y que sabe sacar provecho de su falta de medios con un grotesco (aunque refinado) sentido del humor8 que hará las delicias de todos los amantes del género. Además, y ya como último apunte, no podemos olvidar que viene protagonizada por un reparto de bellezas de la que destacaremos la estrella de cine para adultos Sora Aoi, que además de ser generosa a la hora de mostrar su anatomía y ser objeto de los momentos más desternillantes del film, llega a decir un par de frases en castellano9. Lo tiene todo la muchacha.


LA EDICIÓN
La edición se presenta en formato panorámico con imagen anamórfica, audio en versión original y subtítulos en castellano. La calidad ofrecida tanto de audio como de imagen es excelente. En lo que respecta a los extras, como viene siendo ya marca de la casa, poco se puede decir pues el material adicional es bastante escaso y se reduce al tráiler original, una galería fotográfica y la ficha técnica y artística de la película.
Juan Pedro Rodríguez Lazo


FICHA TÉCNICA

Título original: Kyonyû doragon: onsen zonbi vs sutorippâ 5

Año: 2010 (Japón)

Director: Takao Nakano

Productores: Seiji Minami, Hideaki Nishima

Guionista: Takao Nakano basado en el manga de Rei Mikamoto

Fotografía: Kazuaki Yoshizawa

Intérpretes: Sora Aoi (Lena Jodo), Risa Kasumi (Ginko), Mari Sakurai (Maria), Tamayo (Nene), Io Aikawa (Darna), Minoru Torihada (Blue Orge), Ini Kusano, Saori Ando, Kaworu Asakusa…

Sinopsis: Una stripper llamada Lena Jodo llega a un pequeño pueblo de México donde se le ha ofrecido actuar en un resort. El pueblo está desierto, y en el local hay apenas cuatro gatos y otras strippers: Ginko, Maria, Nene y Dana, que se mueren de aburrimiento y pasan su tiempo peleándose unas con otras. Un día, las chicas descubren una puerta secreta en su camerino y bajan hasta un sótano, donde María encuentra el "Libro de los muertos" y comienza a leer los hechizos, algo que provoca que los muertos se levanten y empiecen a comerse a todo el mundo. Rena y Ginko son quienes deben enfrentarse a María y su horda de zombies...



*Todas las imágenes de la película que ilustran este artículo pertenecen a capturas de la edición comentada.

1 Y sus Planet Terror y Death Proof, respectivamente.

2 Véase ese inicio con los dichosos efectos digitales del negativo quemado y demás impurezas cuando está rodada en video; que aparezca el logotipo de la productora, Snobbish International Pictures, emulando a las míticas películas de la Shaw Brothers, o que acto seguido aparezca una cita de La muerte tenía un precio del mismísimo Sergio Leone: “Dónde la vida no tiene valor, la muerte a veces tiene un precio”. Por no hablar que, al parecer, también goza de una versión en 3-D (no incluida en la presente edición, claro).

3 Film lleno de erotismo y gore, tal y como su propio nombre da a entender, dirigido por Jay Lee en 2008, y cuyo principal reclamo estaba en la presencia de la recientemente retirada pornstar Jenna Jameson.

4 A ésta le siguieron productos similares como Zombies! Zombies! Zombies! (Jason Murphy, 2008), Zombie vs Strippers (Alex Nicolau, 2012) o Strippers vs Werewolves (Jonathan Glendening, 2012), ésta proveniente de Reino Unido y en la que encontramos la presencia de Robert Englund, actor que ya aparecía en el referido film de Lee.

5 Suyas son Executive Koala (2005), Monster X Strikes Back: Attack the G8 Summit (2008) o The Rug Cop (2006), filme protagonizado por un policía que utiliza su peluca como arma mortífera (¡!) y cuyo guion, por cierto, viene firmado por Kawasaki y Nakano.

6 He aquí un pequeño “homenaje” a Posesión Infernal de Sam Raimi.

7 (SPOILER) Como apunte, citar que veremos brevemente cómo hasta el Suhi cobra vida… ¿Un claro precedente de Dead Sushi (2012), cinta dirigida por el célebre Noboru Iguchi?

8 Antológico ese momento en el que una de las chicas se transforma en un delirante monstruo y éste se mueve a base de unos hilos más que visibles.

9 El personaje de Sora Aoi llega a Japón proveniente de México.

lunes, 12 de septiembre de 2011

CACA DE LUXE



A veces, después de ver una película, uno tiene sentimientos encontrados. Bajo mi modesta opinión, cuando una película te descoloca, te deja patidifuso y tienes la sospecha que te han tomado el pelo, es que esa película merece la pena ser vista. Lo malo viene después, cuando meditabundo comienzas a darle a la cabeza y te das cuenta que esas vueltas de tuerca tan conseguidas (o rebuscadas) que has visto y que, como ya he dicho, te dejan fuera de lugar, están adornadas con una halo de pretenciosidad que convierte un film personal y lleno de valor, en un abrumadora estupidez con todas las de la ley. Porque no se puede recargar de momentos preciosistas (vacuos y caprichosos) una historia llena de perversión, venganza y transexualidad. Un realizador también tiene el deber moral de inquietar al espectador y estas cosas se le daban muy bien a Almodóvar. Ahora ya no sé lo que quiere. ¿Otro Oscar, quizás?
Ya os digo, sigo cavilando. Sé que lo que he visto este fin de semana merecía la pena… pero en el transfondo, no en el contenido… En las cloacas de la película. Ahí, ahí está lo bueno. Allí es donde huele mal y eso me gusta. Me gusta ese toque enfermizo que va adquiriendo ese mad doctor encarnado por un Banderas regulón, me gusta Elena Anaya (¿a quién no?) y el polvo que pega con un tipo disfrazado de tigre (Roberto Álamo), me gusta que, ¡por fin! alguien le haya sacado las tetas a Blanca Suárez, me gustan las orgías en los jardines de una adinerada mansión, me gusta que la película vaya un paso más allá, me gusta que no intente parecerse al clásico de Franju (y bueno, al de Franco)… Me gusta la banda sonora compuesta por Alberto Iglesias... Pero por otro lado me sobran los momentos musicales con Buika (aunque Buika me guste), los cameos del hermano y las clases de yoga… Me sobran los dibujos en la pared, los bailes de la jet set, los brindis y los momentos muertos (que los hay y muchos).
Quiero mierda con todas las letras, M-I-E-R-D-A, y no una caca de luxe.
Quiero leer Tarántula de Thierry Jonquet, puede que allí encuentre la clave a todo.
Seguiré dándole vueltas al asunto.
Quizás mañana cambie de opinión.

martes, 16 de agosto de 2011

MEME(Z) VERANIEGA

Bueno, como tampoco tengo mucho que anotar en esta bitácora, vamos a seguir el ejemplo de Mr. Cahiers y Mr. Borgo, y pasemos a realizar un meme o, más bien dicho, una meme(z) que es como a mi me gusta llamar a estos listados de películas y que en este caso toca el tema veraniego. Vamos allá:

PASAR EL VERANO EN UN CAMPAMENTO:
Campamento de verano (Sleepaway Camp, Robert Hiltzik, 1983): Pese a que la película está cargada de los clichés más baratos del slasher post-Viernes 13, se podría decir que esta película de R. Hiltzik marcó un antes y un después en este subgénero reventándolo todo con ese SOBRESALIENTE final que tiene y que a buen seguro Neil Jordan tuvo muy presente a la hora de realizar otra película que hizo más adelante (je, je, je...). Un final metido un poco con calzador e incluso forzado, vale, pero que es capaz de dejar a uno anonadado y con el "fistro" alicaído.

DE VERANO EN UNA GRAN URBE:
SOS, Summer of Sam (Nadie está a salvo de Sam) (Summer of Sam, Spike Lee, 1999): Prodigiosa película alejada (sólo aparentemente) de la temática racial que tantas veces abordó Spike Lee, en ella se relatan  las andanzas de un asesino en serie apodado "El hijo de Sam", - cuyo nombre real era David Berkowitz -, que durante el verano de 1977 se cepilló a unas cuantas personas en la ciudad de Nueva York. Como es lógico en esta película se le echarán las culpas al que peor pintas tenga y ¿quien mejor que Adrien Brody haciendo de punk? Que feo es el hijoputa... Y pensar que estuvo con la Pataky.

¿Y QUE TAL SI NOS VAMOS A LA PLAYA?:
Tiburón 3 (L'ultimo squalo, Enzo G. Castellari, 1981): Mega ultra exploit del Tiburón de Steven Spielberg, en el que un temible tiburón torpedo causará el caos por la costa de un pueblo norteamericano, ¡y encima en temporada alta! Fabulosa película, - estoy harto de decirlo: el mejor exploit del gran éxito de Spielberg -, en el que uno no tiene más remedio que aplaudir con las orejas ante la cantidad de secuencias para el recuerdo que contiene: esos "muñecos" surfistas saltando por los aires, esa barca que explota cuando el tiburón la intercepta, ese escualo de juguete... ¡IMPRESIONANTE!

VERANEANDO EN EL DESIERTO:
Stryker a.k.a. Mad Max 3 (Cirio H. Santiago, 1983): Exploit filipino de Mad Max (se estrenó como la tercera parte en "Espein") dirigido por el maestro Cirio H. Santiago. En este film un vaquero post-apocalíptico llamado Stryker (Steve Sandor) ayudará a una chica con un par de cantimploras llenas de valiosa agua, a llegar a un recóndito lugar donde, según cuentan, corre el agua como los chorros del oro.

¡VÁMONOS A HACER BUCEO, JODER (que soy muy pijo)!:
Inmersión Letal (Into the blue, John Stockwell, 2005): Muy digno producto de entretenimiento en el que es muy fácil "despistarse" viendo a Jessica Alba metida en un minúsculo bikini... La película va de unos pijos que se ponen a hacer buceo en alta mar. Total, que como quien no quiere la cosa se encuentran en las profundidades un avión repleto de coca y deciden sacar el botín para esnifárselo todo. Ideal para pajilleros con mucha maña.

CONOCE AL AMOR DE TU VIDA DURANTE EL VERANO:
Sé lo que hicisteis el último verano (I know what you did last summer, Jim Gillespie, 1997): Después del mega éxito propiciado por Wes Craven y sobretodo Kevin Williamson, no nos ha de extrañar que el slasher volviera con más fuerza y que el propio Williamson se encargase de estar detrás de muchos de ellos (ya sea escribiendo o produciendo). En este caso unos niñatos atropellan a un puto pescador y se marchan sin socorrerlo. Aquel verano Jennifer Love Hewitt conoció el amor (¡e incluso las "guarreridas españolas"!) y también conoció la muerte, así que al verano siguiente ya nada volverá a ser igual.

UN VERANO EN LA CÁRCEL DE MUJERES:
Black Mama, White Mama (Eddie Romero, 1973): Que mejor sitio que una cárcel de mujeres para pasar el veranito. Rodeado de mujeres de muy buen ver y carceleras lesbianas, mmmm... La atracción fuerte de este lugar es pasar una agradable velada en el pequeño habitáculo de ácero a pleno sol. Bueno, si es en compañía de Margaret Markov y Pam Grier por mi encantado.

EN EL LAGO DE LUNA DE MIEL:
Los asesinos de la luna de miel (The honeymoon killers, Loeonard Kastle, 1970): Excelente película basada en hechos reales, en ella Martha y Ray, una singular pareja de asesinos, se dedican a hacerse pasar por hermanos, mientras timan y asesinan a un puñado de solteronas con las que Ray se casaba. Impagable esa escena en la que Ray (Tony Lo Bianco) coquetea con una de sus víctimas y Martha (Shirley Stoler) se lanza al lago e intenta ahogarse por culpa de los celos. Ni corto ni perezoso Ray se lanza en busca de su amada y se delatan ante la víctima.

¡VACACIONES EN EL OESTE!:
Deadlock (Roland Klicks, 1970): rodado en Israel, este singular western alemán nos adentra en las aventuras de dos pistoleros que se separan después de un atraco a un banco. Uno de ellos, malherido, se larga con el maletín lleno de dinero y su metralleta, y planea encontrarse con su compañero en un pequeño pueblo abandonado. A su llegada se encuentra con una preciosa chica que no puede hablar (Mascha Elm Raben) y con su pareja. Olvidado western contemporáneo que contiene como una de sus grandes bazas la prodigiosa banda sonora compuesta por la banda de rock psicodélico Can!

Y POR SUPUESTO EN LA GRANJA (y si puede ser acompañado de una voluptuosa sueca mejor):
Supervixens (Russ Meyer, 1975): Como es lógico en este tipo de listados no puede faltar la figura del gran Russ Meyer. Normal en él era recrear sus películas en los desiertos de Arizona y rodeado de bellas damiselas (con muchas tetas...). Impagable la escena en la que la joven sueca interpretada por Uschi Digard filtrea con Charles Pitts en el granero mientras el cornudo del granjero anda por ahí fuera.

domingo, 3 de julio de 2011

EL ANTICRISTO 2 (MAGIC LONDON) (1989)





Magic London nos viene a contar las peripecias de un Inspector de policía de avanzada edad que todavía juega a los coches (encarnado por el carismático Victor Israel), que tiene que hacer frente a una siniestra secta satánica cuyo culto consiste en fornicar y asesinar mozalbetas en una suerte de reportajes sadomasoquistas, mientras que por otro lado, su hija (Mercè Fillola), le quiere encasquetar como yerno a Ken (Kenji Ayashi), un asiático karateka poco dado a las bromas, cosa que no parece gustarle demasiado. También pululan por el film un grupo de rock’n’roll llamado “Los Handicaps” y un misterioso ninja que echarán una mano a los polis con tal de aclarar todo este asunto.


Existen films cuyo principal valor radica en su calidad de “rareza” o de, si se me permite la expresión, “pieza de coleccionista”. El caso que nos ocupa es bastante diferente, ya que si bien es verdad que Magic London tiene ese estatus de película maldita e “inencontrable” cual film perdido de principios de siglo, la verdadera importancia de esta “stravaganza” la hayamos paradójicamente en su nula calidad técnica y artística. Y es que cada vez más se está extendiendo el culto al cine estrafalario y casposo, cuyo germen nace de la “sincera” nulidad de su “creador” en lo que respecta al buen gusto y los conocimientos del lenguaje cinematográfico. Está más que probado que uno puede pasar grandes momentos y disfrutar viendo películas cuya tramas imposibles, diálogos estúpidos y realizaciones pobres y atropelladas, convierten su visionado en una auténtica fiesta. No por menos, Cataluña ha sido una tierra muy pródiga en este tipo de cine, regalándonos auténticas obras maestras del despropósito, - ¿quién no recuerda la inefable Made in ChInA de John Liu o la trilogía que elucubraron Manuel Esteba y los hermanos Calatrava? -, que bien podrían situarse entre la cremme de la cremme de eso que se suele llamar “cine malo” o “bodrios”. Por consiguiente habría que encumbrar a Germán Monzó en el Olimpo de los peores (y por tanto, si lo miramos desde la otra perspectiva, mejores) directores de la historia del cine. Si a eso le añadimos que toda su filmografía como director (1) permanece (al menos de momento) inédita para el ciudadano de a píe - suponemos que para salvaguardar su salud mental o algo por el estilo -, su figura podría ser considerada por ese sector “todoterreno” de cinéfagos en continua expansión como la de uno de los realizadores de culto por excelencia. Así que una vez expuesto esto, como comprenderán, la reseña que viene a continuación no es otra cosa más que una mera recreación de algunos de los momentos cumbre de Magic London (El Anticristo 2), para que se puedan llegar a hacer una idea de lo que esta película ofrece. Vayamos por partes:

1.- Pese a su presupuesto ínfimo, Germán Monzó tuvo la valentía de trasladar la acción a Londres sin, obviamente, trasladarse ni él ni el equipo allí para rodarla. De ese modo, mezcla con un enorme esfuerzo imágenes de archivo rodadas en la capital inglesa, con material autóctono, consiguiendo que apenas se note la diferencia entre una y otra (¡esas cabinas telefónicas con el membrete “telephone”!). Aún así, hubo un pequeño detalle que se le escapó a Monzó: mientras que en las escenas rodadas en Londres los coches tiene el volante a la derecha, en España lo tienen a la izquierda. ¡¡Malditos fabricantes de coches!!

2.- Uno de los puntos más importantes de Magic London, lo podríamos encontrar en las diferentes subtramas que se van abriendo al espectador y que “sabiamente” nos son proporcionadas en cuenta gotas para despistarnos, pues tal y como veremos, no todas llegan hasta el final. Véase esa historia que parecía que sí, pero que no, en la que un tipo regordete -una mezcla entre el Pulga del Dúo Sacapuntas y Willy Montesinos -, le debe dinero a unos matones y Ken, el novio karateka, le salva en última instancia para, más tarde, comprobar que no vuelve a aparecer y ni si quiera se le nombra; o esa escalofriante escena en la que una vieja con pelos de loca sorprende al líder de “Los Handicaps”, - un grupo de rock’n’roll del bueno -, intentando lidiar una cópula con su estrecha novia. Vamos a ver… Si, la escena ya de por sí inquieta lo suyo y pone los pelos de punta, ¿pero qué pasa con esa anciana? ¿Qué pinta en todo este embrollo? ¿Por qué los observa escondida tras unos matorrales? ¿Se está haciendo un dedo, tal vez? Por no hablar de ese misterioso papel que se le cae del informe policial a Víctor Israel mientras desayuna unas magdalenas con leche. ¿Qué diablos debía poner en él? Oh, Dios… Son muchas las incógnitas que Monzó nos formula pero sólo unas cuantas quedarán resueltas… Según apuntan fuentes cercanas al rodaje (2), aseguran que durante el mismo se cambió el guión varías veces y que por ese motivo nos encontramos tanto desbarajuste. ¡Bah, malas lenguas que quieren desvirtuar el resultado de esta obra maestra!

¿Mick Jagger o Iggy Pop?
¿Los "Judas Priests"?
3.- La música es otro elemento muy, pero que muy importante en este film. No por menos, uno de los protagonistas es el líder de la referida banda de rock “Los Handicaps”, que incluso llegan a cantar algún tema durante la película. Pero por si eso no bastase, la malvada secta satánica está compuesta por unos personajes cuyo parecido se asemeja a algunos miembros de los grupos de heavy metal más importantes del mundo. ¿Quién sabe? Quizás Monzó quería rendir su particular homenaje a sus guitar heroes o algo así, ya que, si el líder de la secta (el anticristo del título) parece un sosias de Mick Jagger, el resto de la “banda” podrían asemejarse a Axl Rose, Alice Cooper e incluso a Camarón de la Isla

Sacalo todo Salva... ¡To'l pellejo pa'fuera!
4.- Quizás lo que más llame la atención de Magic London sea el sexo. Aquí Monzó se sirve de un erotismo de lo más hard que mezcla el sadomasoquismo con la violencia extrema. Nada más arrancar la película, por ejemplo, vemos a un sádico encapuchado que, mientras mantiene una cópula con una mozalbeta en posición “perro”, le corta la cabeza con un machete (¿estamos delante de un claro referente a una de las escenas más truculentas [que no la más] del polémico film de Spasojevic A Serbian Film?). De hecho, todas las escenas de ceremonias satánicas y demás, están adornadas con esta guisa, pero desde luego la que entabla un “descapuchado” Salvador Sainz con otra de las féminas es la que se lleva la palma. Y es que Sainz, a pesar de tener una pequeña aparición, consigue sacar todo lo que lleva dentro en una escena de porn torture (que no torture porn) que hiere la sensibilidad del espectador más experimentado.

5.- Otro de los elementos a los que recurre Monzó a lo largo de su carrera como director, es el de aderezar el conjunto con una pizca de artes marciales. No por menos, según cuentan (3) el realizador de Kibris viajó de bien pequeño a Hong Kong donde se forjó su mítica figura, para años más tarde volver a Barcelona para el rodaje de Los supercamorristas, junto a Jackie Chan, Samo Hung y Yuen Biao (miembros de “Los siete pequeños afortunados”), ni más ni menos. Por lo tanto, aquí disfrutaremos de unas escenas de acción tan increíblemente coreografiadas que ni Yuen Woo-ping, oiga. Además, en relación a las artes marciales disfrutaremos de uno de los momentos estrella del film: el momento en el que Oscar, el líder de “Los Handicaps”, aprende kung fu. Según nos cuentan en Magic London, la cosa es tan sencilla como comprar un libro de karate, leerlo a la mitad (pues te quedas dormido) y después soñar con un ninja que te da un colgante mediante el cual te transferirá todos sus conocimientos. Años más tarde este momento-aprendizaje sirvió de base para la famosa escena en la que Neo (Kenau Reeves) aprendía artes marciales mediante un programa informático que le metían en la quijotera durante la primera entrega de la trilogía cyber-punk de los hermanos Wachowski. Si, menuda chorrada, estas cosas sólo se le podrían ocurrir a los americanos, eh…

Pues bien, si a todo esto le añadimos un montaje cutre y mal enlazado que recurre una y otra vez al dichoso material de archivo londinense; unas interpretaciones que no merecen ni ser llamadas de este modo (salvo quizás la de Víctor Israel, que aunque no sea para echar flores, siempre se muestra convincente esté donde esté); y un humor de lo más estúpido en el que vemos retratado acertadamente la dualidad del cuerpo policial (esos inspectores tan serios… ¡jugando con coches de juguete!); dan como resultado una película que no es que ralle el amateurismo, no, lo traspasa y se muestra orgulloso de su calidad infantil. Pero no nos confundamos, infantil no por lo que cuenta, sino por como lo cuenta. Magic London es tan cándida y a la vez tan terrible que puede dejar descolocado al espectador más curtido en este tipo de films. Si…

¡Queremos Magic London y toda la filmografía de Monzó en DVD, ya! O al menos antes de que llegue el fin del mundo, al menos.
  1. Aparte de Magic London, en su haber como director cuenta con El poder de la venganza (1988), La pasión del mordisco (2002) y Kibris: la ley del equilibrio (2005), al menos que se sepan. Además, también ha participado en varios proyectos malditos de nuestro cine fantástico, entre los que se encuentran la controvertida El aullido del diablo (1988) de Paul Naschy, y El espectro de Justine (1986), inencontrable subproducto dirigido por el andorrano Jordi Gigó y protagonizada por Tony Isbert y Mercè Fillola. En lo que respecta a su faceta como “actor”, se le ha podido ver en films como Más allá de la muerte de Sebastià D’Arbó o la citada Los supercamorristas de Sammo Hung. (Fuente: cerebrin)
  2. Según la entrevista que recoge el blog Proyecto Naschy a Mercè Fillola. http://proyectonaschy.wordpress.com/2010/01/14/merce-fillola-karate-terror-german-monzo-y-mucho-mas/
  3. Según se nos explica el blog Cine Invisible, en unas declaraciones que, por lo que se intuye, indican que lo conocen bastante bien: http://desdemona.scoom.com/2009/12/22/german-monzo-y-magic-london/

    Reseña escrita para La Abadía de Berzano