Hasta el momento todos tus trabajos se han inscrito de un
modo u otro dentro de los terrenos del cine fantástico. ¿De dónde viene
tu vocación cinematográfica y, en especial, tu inclinación hacia este
género en concreto?
Pienso que todo proviene de la niñez, de esa época en la que todos
disfrutamos contándonos nuestras pesadillas. A la vez que, de algún
modo, me aliviaba de mis miedos contándoles a mis amigos lo que había
soñado, me iba dando cuenta de que además me resultaba cada vez más
excitante y divertido el hacerlo.
Otro factor importante para que decidiera dedicarme al mundo del cine fue alquilar en el videoclub
El resplandor con tan sólo seis o siete años, cuando se suponía que debería haber cogido
Superman 2.
Tras su visionado, y aunque en ningún momento pude parar de verla,
estuve durante mucho tiempo traumatizado por sus imágenes. Sólo entonces
me di cuenta realmente del poder que tiene el cine: con algunas
películas te puedes llegar a sentir totalmente inmerso en ellas, como me
ocurrió a mí por vez primera con la de Kubrick. En mi opinión, si te
sientes a gusto con una película, no sólo la ves o la disfrutas como
espectador; lo ideal es conseguir saltar al otro lado de la pantalla y
así poder vivir la historia. Tener la posibilidad de convertirte en el
personaje, en suma. Esa clase de películas que no sólo miras, sino que
vives, esas que te mantienen sentados de principio a fin en tu butaca,
creo que son la experiencia más fuerte que puedes tener como espectador a
la hora de ir al cine. Eso es lo que asimismo me sirve de impulso para
intentar lograr algo parecido a través de mi trabajo.
Alta tensión supondría tu carta de presentación a nivel internacional. ¿Qué referentes manejabas a la hora de dar forma a esta cinta?
Alta tensión surge de la frustración que
sentía desde finales de los ochenta hasta bien entrados los noventa con
respecto al género de terror. Durante esa época me sentía decepcionado
cada vez que iba al cine y no ver ninguna película que realmente me
aterrorizara. En esos años creo que la popularidad de films como
Scream y sus imitadoras se encargó de apuñalar el cine de género, al menos durante un tiempo. Viendo
Scream casi deseaba que saliera Freddy Krueger y se cargara de una vez a
Ghostface…
Como reacción a este contexto,
Alta tensión nació con el
propósito de volver atrás en el tiempo y recrear de algún modo las
antiguas películas de los setenta que realmente me impresionaron:
La noche de Halloween,
La última casa a la izquierda,
La matanza de Texas,
Las colinas tienen ojos,
Torso: violencia carnal,
así como muchos otros más. Mi intención era brindar una especie de
homenaje a todo ese cine, usando además elementos de lo más simple: una
noche, una casa, una chica, un asesino. Asimismo,
Alta tensión
sólo contaba en total con seis o siete minutos de diálogos, por lo que
también intenté simplificar al máximo en ese aspecto. Y, por la
respuesta que obtuvimos del público y de la crítica, creo que logramos
plenamente nuestro objetivo.
La aparición de Alta tensión serviría en cierto
sentido como detonante para la eclosión en los años posteriores del
denominado nuevo cine de terror francés con títulos como Martyrs, A l’interieur o Frontier(s), pero
que tan pronto como apareció, desapareció. En tu opinión, ¿qué factores
propiciaron que este movimiento tuviera una vida tan efímera?
La clave está en que el público francés no apoya suficientemente el
propio cine de género que se realiza en el país. Te pondré un ejemplo
muy ilustrativo a este respecto y, además, de lo más paradójico: mis
películas producidas en los Estados Unidos tienen más éxito en Francia
de lo que lo han tenido las que rodé allí. Y así pasa: cada vez que un
director hace una película de terror en mi país la consigue vender en
todo el mundo, menos en la propia Francia. Parece como si el público
local rechazara cualquier film de este género que estuviera
protagonizado por actores franceses. No puedo entender cuál puede ser el
motivo, pero el hecho es que así ocurre. Si tenemos los directores y
también las películas, ¿por qué la audiencia no va a las salas a verlas?
¿Por qué en cambio sí lo hacen cuando provienen de España o de los
Estados Unidos? Realmente no lo comprendo.
En cualquier caso, soy consciente de que estas películas que has
nombrado, y que me parecen muy buenas e interesantes todas, son muy
populares en el resto del planeta; sin embargo, el hecho es que cuando
se estrenaron en mi país fueron un absoluto fracaso en taquilla, que
apenas reunieron cincuenta mil o sesenta mil espectadores, lo que
traducido en dinero no es suficiente para cubrir gastos, ni siquiera
para producciones con presupuestos reducidos como éstas. Es decir, si
todos estos títulos no hubieran contado con el apoyo previo de las
ventas al resto del mundo, nunca hubieran podido realizarse teniendo en
cuenta la miseria que recaudaron en Francia.
Tu siguiente trabajo sería tu grandioso remake de Las colinas tienen ojos de Wes Craven. ¿Cómo surgió este proyecto?
Tras el éxito de
Alta tensión, cuando fui a Hollywood a
reunirme en los grandes estudios con ejecutivos y gente del cine en
general, la primera persona que conocí fue Wes Craven. En cierto sentido
fue como si estuviera predestinado. Primero, porque el que yo sea
aficionado al género es, básicamente, gracias a él. Aparte de
El resplandor, una de mis mayores experiencias terroríficas relacionadas con el cine fue ver
Pesadilla en Elm Street. Más
tarde, cuando conocí al que durante mucho tiempo ha sido mi coproductor
y coguionista, además de mi amigo, traía consigo una revista en cuya
portada aparecía
Shocker, 100.000 voltios de terror y, casualmente o no, nuestra primera conversación, la charla que cimentó nuestra amistad, fue también sobre Craven.
Originalmente, la primera reunión que mantuve con él era para hablar
de otro proyecto que en principio parecía interesante, pero que luego no
lo sería tanto. Fue casi como una broma, ya que una de las primeras
preguntas que Wes me hizo fue si conocía
Las colinas tienen ojos.
Por supuesto le dije que sí, que la conocía muy bien, sin pensar que en
realidad estábamos allí para eso: para ser el responsable de su
remake. De alguna manera, y de todas las películas que ha rodado,
Las colinas tienen ojos no es precisamente la favorita de Wes, una opinión que yo también comparto. Es indiscutible que no es tan buena como
La última casa a la izquierda
u otras que ha hecho. El caso es que Craven estaba un poco frustrado al
no haber podido rodar la película original tal y como él hubiera
deseado, así que hacer esta nueva versión supuso para él una gran
oportunidad a la hora de poder arreglar ciertas cosas que no le gustaban
de la primera. Creo que fue una gran colaboración entre ambos.
Desde ese momento en el que desembarcaste en los Estados Unidos, hasta la reciente Horns,
toda tu carrera se ha desarrollado por medio de nuevas versiones de
otras películas. ¿Ha sido una decisión personal, o de algún modo se ha
tratado de algo impuesto por la industria?
Aparte de que el concepto de
remake es algo casi consustancial al género de terror desde hace algunos años, actualmente los departamentos de
marketing
dominan casi por completo los grandes estudios de Hollywood y, siempre
según ellos, si el material en que se inspira un film, bien sea un
cómic, un videojuego o una película antigua, cuenta de antemano con una
base de aficionados ya creada, una vez realizada resulta muchísimo más
fácil venderla. Por supuesto, con esta manera de pensar que tiene
Hollywood en la actualidad resulta muchísimo más fácil conseguir
financiación para rodar un
remake que para filmar un proyecto más personal, así que en el caso de
Horns soy consciente de que he tenido mucha suerte
.
Aunque si lo piensas bien, y en la práctica, a lo largo de mi trayectoria sólo he hecho dos verdaderos
remakes:
Las colinas tienen ojos y
Maniac. Del resto,
Reflejos tenía poco que ver con la película original y
Piraña definitivamente no es un
remake
del film de Joe Dante. Sé que está categorizada como tal, pero no creo
que lo sea de ninguna manera, ya que toma como base un guion
completamente original. Lo que ocurre es que finalmente decidimos
ponerle ese título por cuestiones meramente comerciales, pero no porque
tuviera demasiado que ver con la película clásica.
¿Qué elementos buscas o te determinan para que decidas volver a llevar a la gran pantalla una película ya realizada?
En mi opinión, los
remakes únicamente tienen sentido cuando
toman como material de partida una película que no sea una obra maestra
absoluta; por eso, cuando acepté realizar el de
Las colinas tienen ojos, era porque pensaba que sería posible mejorar el original. Por este mismo motivo nunca aceptaría hacer una nueva adaptación de
La última casa a la izquierda o de
La matanza de Texas. Sin embargo, en el caso concreto de
Las colinas tienen ojos resultaba
adecuado hacer una nueva versión. Por eso trato de ser muy cuidadoso a
la hora de elegir: desde que estoy en Hollywood me han ofrecido rodar
todos los
remakes que puedas imaginarte, pero siempre intento
considerar qué proyectos justificarían la realización de una nueva
versión, así como si existe la posibilidad de arrojar una nueva mirada a
una historia que ya se haya hecho previamente.
Entre todos tus títulos, sin duda uno de los más controvertidos ha sido Piraña 3D,
la cual en su estreno sería muy criticada por ciertos sectores de
aficionados que esperaban encontrarse con algo más crudo, un poco en la
línea de Las colinas tienen ojos, en lugar de un trabajo tan cómico y gamberro. ¿La consideras una película incomprendida?
Mi intención como cineasta es evitar hacer la misma película una y
otra vez. Creo que ése es uno de los mayores problemas con el cine de
género. Si haces algo como
Alta tensión, entonces los productores van a querer que hagas un montón de películas exactamente igual a
Alta tensión,
con las mismas escenas repetidas una y otra vez. Para mí esa forma de
trabajar me resulta muy aburrida y nada desafiante. Prefiero aproximarme
a cada película que hago con un estilo diferente. De esta manera,
Alta tensión no tiene nada que ver con
Las colinas tienen ojos, que a su vez no guarda relación alguna con
Reflejos que, definitivamente, no tiene absolutamente nada que ver con
Piraña 3D.
Piraña 3D fue un guion que leí aproximadamente siete años
antes de rodar la película y que me encantó. Me pareció uno de los
guiones más divertidos y llenos de humor negro que había leído en mi
vida. Además, tenía el aliciente de estar repleto de
gore. Realmente
deseaba hacerla y de esta forma el proyecto estuvo dándome vueltas en
la cabeza durante mucho tiempo. La verdad es que, una vez que por fin
logré hacerla, me lo pasé en grande rodándola, aunque mucha gente me
había aconsejado que no lo hiciera, que rodar una película así era tomar
un riesgo demasiado grande. Sin embargo, en líneas generales la
película resultó un gran éxito, ya que creo que la gente disfrutó con
esa vuelta al espíritu gamberro del cine de género típico de los
ochenta, o sea, un festival de sangre y tetas a tope. Para mí también
fue una experiencia divertida, sobre todo porque estaba en una etapa en
la que veía que me estaba haciendo mayor y hacerla fue una especie de
reacción hacia el hecho de no envejecer, de intentar volver a ser joven
de nuevo. Es algo que se da en todas mis películas, y en cualquier tipo
de expresión artística, de hecho: de algún modo son el reflejo de quien
eras en el momento de realizarlas.

Esto nos lleva a la siguiente pregunta. Dados tus
antecedentes familiares, en concreto el hecho de que tu madre ejerza la
crítica de cine, ¿tienes en cuenta la opinión que pueda tener este
gremio a la hora de rodar tus películas?
Es cierto que vengo de una familia muy cinematográfica: mi padre es
director de cine y mi madre escribe sobre cine, así que en mi casa,
además de que estábamos todo el tiempo viendo películas, me dotaron
desde pequeño de las herramientas necesarias para leer una película de
la manera apropiada. Pero cuando estoy rodando un film trato de no
pensar ni en el público ni en la crítica: sólo pienso en lo que me
gustaría ver a mí cuando voy a una sala de cine; si tengo un poco de
suerte quizás no sea el único, y habrá más gente que comparta mis mismos
gustos y quiera ver la misma película que yo. Creo que aquellos que se
preocupan demasiado de lo que el público o la crítica quieran ver acaban
perdiendo su propia visión, su propio estilo.
En los últimos años, aparte de como director, también has
ejercido de productor y/o guionista en varios títulos de cineastas de tu
entorno. ¿Cómo surge esta faceta de tu carrera y hasta dónde llega tu
implicación en estos films?
No me gusta poner mi nombre en una película en la que, de una u otra
manera no haya formado parte del proceso creativo, ya sea en la
escritura del guion, el rodaje o la posproducción. Esa es la principal
razón de que no produzca más, ya que siempre acabo implicándome
demasiado. Mi principal problema es que tengo la necesidad constante de
seguir haciendo películas, y cuando sólo las dirigía me llevaba al menos
dos años realizar cada una. Ahora, ejerciendo como productor, puedo
diversificarme un poco más en ese sentido. Además de estar involucrado
creativamente en todo lo que produzco, intento asimismo estar presente
en los rodajes. Así, cuando estoy enfrascado en algún nuevo guion, estoy
a la vez en el set de rodaje de un film que estoy produciendo, y cuando
estoy dirigiendo estoy a la vez escribiendo mi próximo proyecto.
Además, para facilitar el trabajo siempre intento colaborar con gente
cercana, o incluso que sean amigos míos, como ha ocurrido con
Maniac y
The Pyramid.
Hablemos de Horns, tu nueva película, en la que, sin
desmarcarte de los elementos propios del género, sí que evidencias una
marcada evolución con respecto a tus trabajos previos…
Nada más finalizar
Piraña 3D comencé a leer las primeras
galeradas del libro de Joe Hill. Al leerlo no podía creer que al
principio me hiciera reír, luego me hiciera sentirme aterrorizado,
también conmovido, para hacerme reír de nuevo unas páginas más adelante,
a la vez que lograba que me sintiera totalmente sumergido en este loco
mundo de fantasía; cada página que pasaba me producía una emoción
diferente o me inspiraba alguna imagen. Sin duda alguna es uno de los
mejores libros que he leído en mi vida, y ya entonces decidí que tenía
que hacer todo lo que estuviera en mi mano para llevar esta historia a
la gran pantalla. Esto sólo me ha ocurrido una vez antes, y fue con la
novela gráfica
Agujero negro, de Charles Burns. Estuve
contratado para llevarla al cine, pero al final no pude conseguir que se
materializara, y hasta el día de hoy aún lamento que el proyecto no
fructificara. Así que cuando más tarde leí
Horns y experimenté
la misma clase de impacto que con la obra de Burns intenté esforzarme al
máximo para que esta vez su realización sí llegara a buen puerto.
Como dices, la película se basa en una novela de Joe Hill,
hijo de nada menos que Stephen King, quien siempre ha sido muy crítico
con las adaptaciones a la pantalla de sus libros. ¿Qué le ha parecido al
autor de Horns el resultado de la traslación de su obra?
La opinión de Joe Hill, lo cual me hace muy feliz, es que la película
que hemos hecho adapta con bastante fidelidad su libro. En este caso
era muy importante para mí que el autor quedara satisfecho con el
resultado final, ya que no es muy común que te llegues a enamorar de una
novela, tal y como a mí me sucedió con ésta. Nunca antes había sentido
una conexión tan cercana y personal con un material que no hubiese
escrito yo mismo: parecía como si Joe y yo fuéramos hermanos, que
proviniéramos de la misma familia, que tuviéramos la misma forma de
pensar.
Por lo tanto, y ya que yo quería que estuviese presente durante todo
el proceso, nos dispusimos a adaptar la novela junto a Joe. Me parecía
vital que el resultado final fuera lo más fiel posible a su trabajo que,
obviamente, era mi principal inspiración, ya que a veces abordas la
adaptación de un libro pero no tienes la necesidad de ser totalmente
fiel a la fuente original. Quizás sólo coges parte de la historia,
algunos personajes, el escenario donde se desarrolla la acción y nada
más. Pero en esta ocasión quería hacer algo más que eso: mi intención en
este caso era ser fiel al cien por cien a la novela.
En estos momentos te encuentras completando un nuevo trabajo, titulado The 9th Life of Louis Drax, también basado en fuentes literarias. ¿Qué puedes adelantarnos sobre él?
Un día rodando
Horns hablé con Max Minghella, que interpreta
al coprotagonista de la película, y me dijo que su padre, Anthony
Minghella, director de
El paciente inglés, antes de fallecer tenía la intención de adaptar esta novela,
Las vidas de Louis Drax,
de Liz Jensen. Me comentó que era una historia estupenda y que sin duda
me veía a mí dirigiéndola. Por supuesto, esto suponía un gran reto,
porque Minghella era un director extraordinario. Así que la leí y la
encontré tan original y nueva que empecé a colaborar con Max en la
escritura del guion casi de inmediato.
Acabamos de rodarla estas pasadas navidades, y ahora estamos en el
último proceso de posproducción, por lo que esperamos poder tenerla
terminada para el próximo otoño. Es muy diferente no sólo a
Horns,
sino también a todo lo que he hecho antes: es la última película de
género que he hecho, aunque no significa que vaya a ser la última
película de género que haga, pero creo que mi próximo film se alejará
aún más del género del terror o del
thriller, ya que cada vez
que afronto un nuevo proyecto mi principal propósito es, además de
encontrar una historia, que sea lo suficientemente atractiva como para
que merezca la pena el esfuerzo de rodarla, hacer algo que no se haya
hecho antes, lograr encontrar un material con el que no sientas que
estás haciendo lo mismo de siempre una y otra vez.
No obstante, pese a este alejamiento del género que anuncias, desde hace varios años trabajas en la adaptación del manga de ciencia ficción Space Adventure Cobra. ¿Quiere decir esto que de momento dejas aparcado este proyecto?
Space Adventure Cobra es un proyecto que me devuelve a mi niñez. Era uno de los
anime
más exitosos tanto en Japón como en Francia cuando era niño. Recuerdo
salir del colegio corriendo para llegar a mi casa y no perderme ningún
capítulo de la serie. Aunque teníamos
Star Wars y
Cobra por
la misma época, esta última era mucho más sexy, divertida y estaba
llena de humor. Escribí un borrador hace años, y estuvo a punto de
entrar en producción, pero el estudio que la iba a financiar cambió de
directiva y finalmente no pudo ser. De todas maneras, aún intento
conseguir que algún día se ruede.
Curiosamente, cuando se estrenó el pasado verano
Los guardianes de la galaxia me
di cuenta de que era demasiado parecida a mi guion: los mismos
personajes, el mismo tipo de humor, casi la misma historia…, por lo que
tuvimos que volver a nuestro libreto y reescribirlo desde la primera
página. Ahora estamos trabajando en una nueva historia, a ver qué tal
nos va. Creo que
Los guardianes de la galaxia es una película
asombrosa, pero no quiero hacer lo mismo que alguien ya haya hecho
antes. De todas maneras, una de las consecuencias positivas que ha
acarreado el éxito de la película de Marvel es que los estudios ya no me
podrán decir como hasta ahora para rechazar mi guion que el humor en el
espacio nunca funciona, que debería abordar el proyecto en un tono más
serio, a lo
El caballero oscuro. Al menos, la existencia de
Los guardianes de la galaxia
me sirve para probar que estaba en lo cierto, que existe una
posibilidad real de hacer una película de ambientación espacial y que a
la vez sea divertida.
Traducción: José Manuel Romero Moreno
Fotografía: Ana Picos (cabecera)
, Juan Mari Ripalda