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miércoles, 9 de septiembre de 2015

NOCTURNA VISIONARY AWARD 2015: ENTREVISTA A ALEXANDRE AJA



Hasta el momento todos tus trabajos se han inscrito de un modo u otro dentro de los terrenos del cine fantástico. ¿De dónde viene tu vocación cinematográfica y, en especial, tu inclinación hacia este género en concreto?
Pienso que todo proviene de la niñez, de esa época en la que todos disfrutamos contándonos nuestras pesadillas. A la vez que, de algún modo, me aliviaba de mis miedos contándoles a mis amigos lo que había soñado, me iba dando cuenta de que además me resultaba cada vez más excitante y divertido el hacerlo.
Otro factor importante para que decidiera dedicarme al mundo del cine fue alquilar en el videoclub El resplandor con tan sólo seis o siete años, cuando se suponía que debería haber cogido Superman 2. Tras su visionado, y aunque en ningún momento pude parar de verla, estuve durante mucho tiempo traumatizado por sus imágenes. Sólo entonces me di cuenta realmente del poder que tiene el cine: con algunas películas te puedes llegar a sentir totalmente inmerso en ellas, como me ocurrió a mí por vez primera con la de Kubrick. En mi opinión, si te sientes a gusto con una película, no sólo la ves o la disfrutas como espectador; lo ideal es conseguir saltar al otro lado de la pantalla y así poder vivir la historia. Tener la posibilidad de convertirte en el personaje, en suma. Esa clase de películas que no sólo miras, sino que vives, esas que te mantienen sentados de principio a fin en tu butaca, creo que son la experiencia más fuerte que puedes tener como espectador a la hora de ir al cine. Eso es lo que asimismo me sirve de impulso para intentar lograr algo parecido a través de mi trabajo.

Alta tensión supondría tu carta de presentación a nivel internacional. ¿Qué referentes manejabas a la hora de dar forma a esta cinta?
 Alta tensión surge de la frustración que sentía desde finales de los ochenta hasta bien entrados los noventa con respecto al género de terror. Durante esa época me sentía decepcionado cada vez que iba al cine y no ver ninguna película que realmente me aterrorizara. En esos años creo que la popularidad de films como Scream y sus imitadoras se encargó de apuñalar el cine de género, al menos durante un tiempo. Viendo Scream casi deseaba que saliera Freddy Krueger y se cargara de una vez a Ghostface…
Como reacción a este contexto, Alta tensión nació con el propósito de volver atrás en el tiempo y recrear de algún modo las antiguas películas de los setenta que realmente me impresionaron: La noche de Halloween, La última casa a la izquierda, La matanza de Texas, Las colinas tienen ojos, Torso: violencia carnal, así como muchos otros más. Mi intención era brindar una especie de homenaje a todo ese cine, usando además elementos de lo más simple: una noche, una casa, una chica, un asesino. Asimismo, Alta tensión sólo contaba en total con seis o siete minutos de diálogos, por lo que también intenté simplificar al máximo en ese aspecto. Y, por la respuesta que obtuvimos del público y de la crítica, creo que logramos plenamente nuestro objetivo.

La aparición de Alta tensión serviría en cierto sentido como detonante para la eclosión en los años posteriores del denominado nuevo cine de terror francés con títulos como Martyrs, A l’interieur o Frontier(s), pero que tan pronto como apareció, desapareció. En tu opinión, ¿qué factores propiciaron que este movimiento tuviera una vida tan efímera?
La clave está en que el público francés no apoya suficientemente el propio cine de género que se realiza en el país. Te pondré un ejemplo muy ilustrativo a este respecto y, además, de lo más paradójico: mis películas producidas en los Estados Unidos tienen más éxito en Francia de lo que lo han tenido las que rodé allí. Y así pasa: cada vez que un director hace una película de terror en mi país la consigue vender en todo el mundo, menos en la propia Francia. Parece como si el público local rechazara cualquier film de este género que estuviera protagonizado por actores franceses. No puedo entender cuál puede ser el motivo, pero el hecho es que así ocurre. Si tenemos los directores y también las películas, ¿por qué la audiencia no va a las salas a verlas? ¿Por qué en cambio sí lo hacen cuando provienen de España o de los Estados Unidos? Realmente no lo comprendo.
En cualquier caso, soy consciente de que estas películas que has nombrado, y que me parecen muy buenas e interesantes todas, son muy populares en el resto del planeta; sin embargo, el hecho es que cuando se estrenaron en mi país fueron un absoluto fracaso en taquilla, que apenas reunieron cincuenta mil o sesenta mil espectadores, lo que traducido en dinero no es suficiente para cubrir gastos, ni siquiera para producciones con presupuestos reducidos como éstas. Es decir, si todos estos títulos no hubieran contado con el apoyo previo de las ventas al resto del mundo, nunca hubieran podido realizarse teniendo en cuenta la miseria que recaudaron en Francia.

Tu siguiente trabajo sería tu grandioso remake de Las colinas tienen ojos de Wes Craven. ¿Cómo surgió este proyecto?
Tras el éxito de Alta tensión, cuando fui a Hollywood a reunirme en los grandes estudios con ejecutivos y gente del cine en general, la primera persona que conocí fue Wes Craven. En cierto sentido fue como si estuviera predestinado. Primero, porque el que yo sea aficionado al género es, básicamente, gracias a él. Aparte de El resplandor, una de mis mayores experiencias terroríficas relacionadas con el cine fue ver Pesadilla en Elm Street. Más tarde, cuando conocí al que durante mucho tiempo ha sido mi coproductor y coguionista, además de mi amigo, traía consigo una revista en cuya portada aparecía Shocker, 100.000 voltios de terror y, casualmente o no, nuestra primera conversación, la charla que cimentó nuestra amistad, fue también sobre Craven.
Originalmente, la primera reunión que mantuve con él era para hablar de otro proyecto que en principio parecía interesante, pero que luego no lo sería tanto. Fue casi como una broma, ya que una de las primeras preguntas que Wes me hizo fue si conocía Las colinas tienen ojos. Por supuesto le dije que sí, que la conocía muy bien, sin pensar que en realidad estábamos allí para eso: para ser el responsable de su remake. De alguna manera, y de todas las películas que ha rodado, Las colinas tienen ojos no es precisamente la favorita de Wes, una opinión que yo también comparto. Es indiscutible que no es tan buena como La última casa a la izquierda u otras que ha hecho. El caso es que Craven estaba un poco frustrado al no haber podido rodar la película original tal y como él hubiera deseado, así que hacer esta nueva versión supuso para él una gran oportunidad a la hora de poder arreglar ciertas cosas que no le gustaban de la primera. Creo que fue una gran colaboración entre ambos.

Desde ese momento en el que desembarcaste en los Estados Unidos, hasta la reciente Horns, toda tu carrera se ha desarrollado por medio de nuevas versiones de otras películas. ¿Ha sido una decisión personal, o de algún modo se ha tratado de algo impuesto por la industria?
Aparte de que el concepto de remake es algo casi consustancial al género de terror desde hace algunos años, actualmente los departamentos de marketing dominan casi por completo los grandes estudios de Hollywood y, siempre según ellos, si el material en que se inspira un film, bien sea un cómic, un videojuego o una película antigua, cuenta de antemano con una base de aficionados ya creada, una vez realizada resulta muchísimo más fácil venderla. Por supuesto, con esta manera de pensar que tiene Hollywood en la actualidad resulta muchísimo más fácil conseguir financiación para rodar un remake que para filmar un proyecto más personal, así que en el caso de Horns soy consciente de que he tenido mucha suerte.
Aunque si lo piensas bien, y en la práctica, a lo largo de mi trayectoria sólo he hecho dos verdaderos remakes: Las colinas tienen ojos y Maniac. Del resto, Reflejos tenía poco que ver con la película original y Piraña definitivamente no es un remake del film de Joe Dante. Sé que está categorizada como tal, pero no creo que lo sea de ninguna manera, ya que toma como base un guion completamente original. Lo que ocurre es que finalmente decidimos ponerle ese título por cuestiones meramente comerciales, pero no porque tuviera demasiado que ver con la película clásica.

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¿Qué elementos buscas o te determinan para que decidas volver a llevar a la gran pantalla una película ya realizada?
En mi opinión, los remakes únicamente tienen sentido cuando toman como material de partida una película que no sea una obra maestra absoluta; por eso, cuando acepté realizar el de Las colinas tienen ojos, era porque pensaba que sería posible mejorar el original. Por este mismo motivo nunca aceptaría hacer una nueva adaptación de La última casa a la izquierda o de La matanza de Texas. Sin embargo, en el caso concreto de Las colinas tienen ojos resultaba adecuado hacer una nueva versión. Por eso trato de ser muy cuidadoso a la hora de elegir: desde que estoy en Hollywood me han ofrecido rodar todos los remakes que puedas imaginarte, pero siempre intento considerar qué proyectos justificarían la realización de una nueva versión, así como si existe la posibilidad de arrojar una nueva mirada a una historia que ya se haya hecho previamente.

Entre todos tus títulos, sin duda uno de los más controvertidos ha sido Piraña 3D, la cual en su estreno sería muy criticada por ciertos sectores de aficionados que esperaban encontrarse con algo más crudo, un poco en la línea de Las colinas tienen ojos, en lugar de un trabajo tan cómico y gamberro. ¿La consideras una película incomprendida?
Mi intención como cineasta es evitar hacer la misma película una y otra vez. Creo que ése es uno de los mayores problemas con el cine de género. Si haces algo como Alta tensión, entonces los productores van a querer que hagas un montón de películas exactamente igual a Alta tensión, con las mismas escenas repetidas una y otra vez. Para mí esa forma de trabajar me resulta muy aburrida y nada desafiante. Prefiero aproximarme a cada película que hago con un estilo diferente. De esta manera, Alta tensión no tiene nada que ver con Las colinas tienen ojos, que a su vez no guarda relación alguna con Reflejos que, definitivamente, no tiene absolutamente nada que ver con Piraña 3D.
Piraña 3D fue un guion que leí aproximadamente siete años antes de rodar la película y que me encantó. Me pareció uno de los guiones más divertidos y llenos de humor negro que había leído en mi vida. Además, tenía el aliciente de estar repleto de gore. Realmente deseaba hacerla y de esta forma el proyecto estuvo dándome vueltas en la cabeza durante mucho tiempo. La verdad es que, una vez que por fin logré hacerla, me lo pasé en grande rodándola, aunque mucha gente me había aconsejado que no lo hiciera, que rodar una película así era tomar un riesgo demasiado grande. Sin embargo, en líneas generales la película resultó un gran éxito, ya que creo que la gente disfrutó con esa vuelta al espíritu gamberro del cine de género típico de los ochenta, o sea, un festival de sangre y tetas a tope. Para mí también fue una experiencia divertida, sobre todo porque estaba en una etapa en la que veía que me estaba haciendo mayor y hacerla fue una especie de reacción hacia el hecho de no envejecer, de intentar volver a ser joven de nuevo. Es algo que se da en todas mis películas, y en cualquier tipo de expresión artística, de hecho: de algún modo son el reflejo de quien eras en el momento de realizarlas.
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Esto nos lleva a la siguiente pregunta. Dados tus antecedentes familiares, en concreto el hecho de que tu madre ejerza la crítica de cine, ¿tienes en cuenta la opinión que pueda tener este gremio a la hora de rodar tus películas?
Es cierto que vengo de una familia muy cinematográfica: mi padre es director de cine y mi madre escribe sobre cine, así que en mi casa, además de que estábamos todo el tiempo viendo películas, me dotaron desde pequeño de las herramientas necesarias para leer una película de la manera apropiada. Pero cuando estoy rodando un film trato de no pensar ni en el público ni en la crítica: sólo pienso en lo que me gustaría ver a mí cuando voy a una sala de cine; si tengo un poco de suerte quizás no sea el único, y habrá más gente que comparta mis mismos gustos y quiera ver la misma película que yo. Creo que aquellos que se preocupan demasiado de lo que el público o la crítica quieran ver acaban perdiendo su propia visión, su propio estilo.

En los últimos años, aparte de como director, también has ejercido de productor y/o guionista en varios títulos de cineastas de tu entorno. ¿Cómo surge esta faceta de tu carrera y hasta dónde llega tu implicación en estos films?
No me gusta poner mi nombre en una película en la que, de una u otra manera no haya formado parte del proceso creativo, ya sea en la escritura del guion, el rodaje o la posproducción. Esa es la principal razón de que no produzca más, ya que siempre acabo implicándome demasiado. Mi principal problema es que tengo la necesidad constante de seguir haciendo películas, y cuando sólo las dirigía me llevaba al menos dos años realizar cada una. Ahora, ejerciendo como productor, puedo diversificarme un poco más en ese sentido. Además de estar involucrado creativamente en todo lo que produzco, intento asimismo estar presente en los rodajes. Así, cuando estoy enfrascado en algún nuevo guion, estoy a la vez en el set de rodaje de un film que estoy produciendo, y cuando estoy dirigiendo estoy a la vez escribiendo mi próximo proyecto. Además, para facilitar el trabajo siempre intento colaborar con gente cercana, o incluso que sean amigos míos, como ha ocurrido con Maniac y The Pyramid.

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Hablemos de Horns, tu nueva película, en la que, sin desmarcarte de los elementos propios del género, sí que evidencias una marcada evolución con respecto a tus trabajos previos…
Nada más finalizar Piraña 3D comencé a leer las primeras galeradas del libro de Joe Hill. Al leerlo no podía creer que al principio me hiciera reír, luego me hiciera sentirme aterrorizado, también conmovido, para hacerme reír de nuevo unas páginas más adelante, a la vez que lograba que me sintiera totalmente sumergido en este loco mundo de fantasía; cada página que pasaba me producía una emoción diferente o me inspiraba alguna imagen. Sin duda alguna es uno de los mejores libros que he leído en mi vida, y ya entonces decidí que tenía que hacer todo lo que estuviera en mi mano para llevar esta historia a la gran pantalla. Esto sólo me ha ocurrido una vez antes, y fue con la novela gráfica Agujero negro, de Charles Burns. Estuve contratado para llevarla al cine, pero al final no pude conseguir que se materializara, y hasta el día de hoy aún lamento que el proyecto no fructificara. Así que cuando más tarde leí Horns y experimenté la misma clase de impacto que con la obra de Burns intenté esforzarme al máximo para que esta vez su realización sí llegara a buen puerto.

Como dices, la película se basa en una novela de Joe Hill, hijo de nada menos que Stephen King, quien siempre ha sido muy crítico con las adaptaciones a la pantalla de sus libros. ¿Qué le ha parecido al autor de Horns el resultado de la traslación de su obra?
La opinión de Joe Hill, lo cual me hace muy feliz, es que la película que hemos hecho adapta con bastante fidelidad su libro. En este caso era muy importante para mí que el autor quedara satisfecho con el resultado final, ya que no es muy común que te llegues a enamorar de una novela, tal y como a mí me sucedió con ésta. Nunca antes había sentido una conexión tan cercana y personal con un material que no hubiese escrito yo mismo: parecía como si Joe y yo fuéramos hermanos, que proviniéramos de la misma familia, que tuviéramos la misma forma de pensar.
Por lo tanto, y ya que yo quería que estuviese presente durante todo el proceso, nos dispusimos a adaptar la novela junto a Joe. Me parecía vital que el resultado final fuera lo más fiel posible a su trabajo que, obviamente, era mi principal inspiración, ya que a veces abordas la adaptación de un libro pero no tienes la necesidad de ser totalmente fiel a la fuente original. Quizás sólo coges parte de la historia, algunos personajes, el escenario donde se desarrolla la acción y nada más. Pero en esta ocasión quería hacer algo más que eso: mi intención en este caso era ser fiel al cien por cien a la novela.

Alexandre Aja junto a Luis Rosales durante un instante del encuentro con los fans del cineasta francés.

En estos momentos te encuentras completando un nuevo trabajo, titulado The 9th Life of Louis Drax, también basado en fuentes literarias. ¿Qué puedes adelantarnos sobre él?
Un día rodando Horns hablé con Max Minghella, que interpreta al coprotagonista de la película, y me dijo que su padre, Anthony Minghella, director de El paciente inglés, antes de fallecer tenía la intención de adaptar esta novela, Las vidas de Louis Drax, de Liz Jensen. Me comentó que era una historia estupenda y que sin duda me veía a mí dirigiéndola. Por supuesto, esto suponía un gran reto, porque Minghella era un director extraordinario. Así que la leí y la encontré tan original y nueva que empecé a colaborar con Max en la escritura del guion casi de inmediato.
Acabamos de rodarla estas pasadas navidades, y ahora estamos en el último proceso de posproducción, por lo que esperamos poder tenerla terminada para el próximo otoño. Es muy diferente no sólo a Horns, sino también a todo lo que he hecho antes: es la última película de género que he hecho, aunque no significa que vaya a ser la última película de género que haga, pero creo que mi próximo film se alejará aún más del género del terror o del thriller, ya que cada vez que afronto un nuevo proyecto mi principal propósito es, además de encontrar una historia, que sea lo suficientemente atractiva como para que merezca la pena el esfuerzo de rodarla, hacer algo que no se haya hecho antes, lograr encontrar un material con el que no sientas que estás haciendo lo mismo de siempre una y otra vez.

No obstante, pese a este alejamiento del género que anuncias, desde hace varios años trabajas en la adaptación del manga de ciencia ficción Space Adventure Cobra. ¿Quiere decir esto que de momento dejas aparcado este proyecto?
Space Adventure Cobra es un proyecto que me devuelve a mi niñez. Era uno de los anime más exitosos tanto en Japón como en Francia cuando era niño. Recuerdo salir del colegio corriendo para llegar a mi casa y no perderme ningún capítulo de la serie. Aunque teníamos Star Wars y Cobra por la misma época, esta última era mucho más sexy, divertida y estaba llena de humor. Escribí un borrador hace años, y estuvo a punto de entrar en producción, pero el estudio que la iba a financiar cambió de directiva y finalmente no pudo ser. De todas maneras, aún intento conseguir que algún día se ruede.
Curiosamente, cuando se estrenó el pasado verano Los guardianes de la galaxia me di cuenta de que era demasiado parecida a mi guion: los mismos personajes, el mismo tipo de humor, casi la misma historia…, por lo que tuvimos que volver a nuestro libreto y reescribirlo desde la primera página. Ahora estamos trabajando en una nueva historia, a ver qué tal nos va. Creo que Los guardianes de la galaxia es una película asombrosa, pero no quiero hacer lo mismo que alguien ya haya hecho antes. De todas maneras, una de las consecuencias positivas que ha acarreado el éxito de la película de Marvel es que los estudios ya no me podrán decir como hasta ahora para rechazar mi guion que el humor en el espacio nunca funciona, que debería abordar el proyecto en un tono más serio, a lo El caballero oscuro. Al menos, la existencia de Los guardianes de la galaxia me sirve para probar que estaba en lo cierto, que existe una posibilidad real de hacer una película de ambientación espacial y que a la vez sea divertida.

Traducción: José Manuel Romero Moreno
Fotografía: Ana Picos (cabecera), Juan Mari Ripalda

lunes, 7 de septiembre de 2015

MAESTRO DEL FANTÁSTICO "NOCTURNA 2015": ROBERT ENGLUND



“Nocturna” le ha premiado con el galardón “Maestros del fantástico” como reconocimiento a toda su trayectoria coincidiendo con el treinta aniversario del nacimiento de Freddy Krueger. ¿Es consciente de que para varias generaciones de espectadores representa todo un icono?
No sé… Me considero a mí mismo tan sólo un actor veterano y trabajador, no un icono. Ningún actor tiene la vocación de convertirse en fenómeno cultural.

No obstante, estará de acuerdo en que muchas de sus películas han ejercido una enorme influencia en la educación cinematográfica de muchos jóvenes que crecieron ante sus imágenes y que hoy en día veneran aquellos títulos. En su caso, ¿cuáles fueron esos films que de algún modo le marcaron durante su infancia?
Recuerdo de manera especial 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne, la versión dirigida por Richard Fleischer para la Disney. Ese calamar gigante, Kirk Douglas y James Mason a bordo del submarino… Superó todo lo que yo pudiera haberme imaginado hasta ese momento. Tenía tan sólo cinco años, pero me marcó para siempre: una experiencia así no se olvida fácilmente. En este sentido debo citar también Planeta prohibido, que de hecho, y no sé si sabrás, es una versión en clave de ciencia ficción de La tempestad de Shakespeare. Es otra de las películas que, por esa misma época, también me llamaron la atención cuando apenas era un niño. Luego ya de más mayor me produjeron una profunda impresión La semilla del diablo de Roman Polanski y Suspense de Jack Clayton, protagonizada por Deborah Kerr: me pareció una película tan bella como terrorífica.

A decir de estos referentes, queda claro que desde bien joven era ya un consumado aficionado al género…
Cierto. Recuerdo haber sido de joven un gran fan del género. Además, más tarde Wes Craven me enseñó a tratar el cine de terror con respeto. Ahora el terror, al igual que la ciencia ficción o la fantasía, tienen la máxima consideración tanto del público a nivel mundial como de los estudios de Hollywood, y eso es gracias principalmente al apoyo tenaz de los aficionados a estos géneros. El horror ha venido a reemplazar al musical y al western como principal género en Hollywood, y creo que es también el género ideal para que los jóvenes realizadores puedan desarrollar todo su talento e imaginación.
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Me gustaría que me hablara de su trayectoria como director. ¿Cuál es el motivo por el que se ha prodigado tan poco al otro lado de la cámara?
Particularmente tengo varios problemas con dirigir. El primero de todos es que sólo me contratan para hacer terror, y aunque me encanta el género, realmente no es mi especialidad; no por el terror en sí mismo, sino por los efectos especiales. En vez de sentirme libre como artista, o poder dedicar más tiempo a los actores, estoy todo el rato pendiente de los efectos, y preocupado por cómo se va consumiendo el tiempo que yo dedicaría a otros aspectos de la producción para que los efectos funcionen correctamente. De todo el proceso de crear una película, la preproducción podría ser lo mejor, pero por desgracia se pierde demasiado tiempo en reuniones. Toda la parte del casting es muy incómoda para mí porque, como actor, me pongo en el lugar de quien está siendo examinado y no me gusta cómo se sienten. Es doloroso. Así, lo que realmente disfruto es la posproducción: puedes relajarte, estar sentado y además no tienes que trabajar tanto. Aparte, y por muy mala pinta que tenga el material que has rodado, puedes mejorarlo tranquilamente mediante toda clase de efectos de sonido o puedes recurrir a cualquier tipo de música para enmascarar un poco el error. O también puedes decir que una escena no te gusta cómo está rodada, pero te das cuenta de que puedes remontarla y usarla en cambio a modo de flashback. Así que la posproducción es lo único que realmente disfruto. El resto se compone de aburridas reuniones, marketing, estudios de mercado, toda una locura que no acabo de comprender.
Por otro lado, me siento, por encima de todo, permanentemente y casi fisiológicamente, un actor. Por decirlo de algún modo, mi reloj biológico va al ritmo de un actor. Y dirigir una película te roba como mínimo un año de tu vida. Tienes que buscar financiación, luego la preproducción, el rodaje, la publicidad, la posproducción… En cambio, para un actor una película solo supone rodar y hacer un poco de promoción. Sólo vivimos una vida y yo ya soy perro viejo. Ya no me veo capaz de hacer eso. No puedo malgastar un año entero de mi vida de esa forma. Así que resulta muy difícil para mí comprometerme toda esa cantidad de tiempo en un sólo proyecto.  Es por este motivo por el que apoyo tanto a los chicos que empiezan de manera independiente, porque realmente creo que ser director de cine es un trabajo ideal para gente joven. Como actor, tú puedes trabajar durante toda tu vida e incluso puedes morir actuando, como supongo será mi caso. Pero la energía necesaria para rodar una película, en mi opinión, sólo la tienes cuando eres joven. Por eso mismo, repito, disfruto mucho más actuando que consagrando un año entero de mi vida levantando un proyecto, que además quizás nunca llegue a materializarse.

¿Descarta entonces volver a dirigir en un futuro?
Es cierto que a veces algún proyecto interesante aterriza en mi escritorio. Es lo que me ocurrió hace algunos años, y junto con un magnífico productor consagré un año entero trabajando en un gran guion y buscando localizaciones en Italia donde poder rodarlo: de Turín a Calabria, de Sicilia a Umbría… Total, gasté todo un año de mi vida al final para nada. Así que tomé la decisión de no volver a perder el tiempo de esa forma, lo que me ha llevado a rechazar muchos trabajos de director debido a esta forma de pensar; desde grandes series de televisión a hacer alguna que otra película. Incluso rechacé dirigir una obra teatral cuyo protagonista iba a ser el personaje de Van Helsing. Por todo ello no, no creo que vuelva a dirigir de nuevo. Aparte, no estoy demasiado familiarizado con las nuevas tecnologías, por lo que tendría que volver a la escuela para actualizarme en ese aspecto. Lo que seguramente sí que haga en el futuro es dirigir alguna obra de teatro.

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Centrándonos en su faceta interpretativa, ¿qué criterios sigue a la hora de escoger las películas en las que aparece?
Sencillo. Depende de si considero que el proyecto puede ser interesante o no. O al menos a priori. A veces, cuando el trabajo está hecho y veo el resultado, me siento un poco decepcionado y en otras ocasiones sucede justo lo contrario. Esto me pasó hace cuatro años con un film titulado Detrás de la máscara: El encubrimiento de Leslie Vernon, una película de terror meta-deconstructiva bastante interesante que emplea todos los gimmicks y las constantes que hemos podido ver durante estas últimas décadas en los films protagonizados por la figura del psycho-killer. En otras ocasiones hago películas únicamente para colaborar con actores que adoro, en Inglaterra o donde sea.

En este sentido, en los últimos años te has singularizado por trabajar en pequeños títulos realizados por jóvenes directores. ¿A qué se debe esta preferencia?
Cuando hago estas películas pequeñas con directores jóvenes lo que más me gusta es que ellos me escuchan, oyen mis consejos y me agradecen que, de alguna manera, les transmita mi experiencia. Aunque a cambio ellos también me enseñan mucho, sobre todo en temas de tecnología moderna en los que me ponen al día.
A este respecto guardo una bonita anécdota. Hace años estaba haciendo una película en Alemania con Lance Henriksen, ya sabes, el tipo de Aliens o de Millenium, la mejor serie cancelada de todos los tiempos. Pues bien, estábamos un día de junio en Alemania detrás del hotel donde nos hospedábamos, disfrutando en un parque a la sombra de los árboles y admirando a una bella muchacha que montaba en bicicleta. Entonces, en este ambiente bucólico, Lance me abre su corazón y me dice: “¿Sabes por qué hago tantas películas de bajo presupuesto, Robert? Porque cada tres o cuatro que hago surge la oportunidad de trabajar con un joven que tiene verdadero talento y que además me trata con el máximo de los respetos”. Y es cierto.
Además, colaborando en este tipo de films se disfruta verdaderamente del trabajo en equipo, del trabajo conjunto. Es casi como una familia, no como si estuvieras en una gran superproducción protagonizada por una megaestrella como Leonardo Di Caprio, donde te tratan como a una pieza más del engranaje. En este tipo de producciones independientes surge más colaboración y creatividad que en los grandes rodajes porque el director quiere ayudarte a ti y tú a la vez quieres ayudarlo a él.

Robert Englund junto a Phil Hawkins durante la rueda de prensa de "The Last Showing".

Entre estos incipientes cineastas se encuentra Phil Hawkins, responsable de The Last Showing, de quien en otras declaraciones ha destacado lo bueno que le parece su trabajo. ¿Qué cualidades ve en él que no encuentre en otros directores jóvenes con los que ha coincidido en los últimos tiempos?
Hay un viejo consejo que leí en una entrevista a Paul Newman en Playboy, en la que decía que, a la hora de leer un guion, había que hacerlo de una vez y de principio a fin, ya que seguramente tardes en hacerlo el tiempo que dure la película una vez hecha, y así serás capaz de hacerte una idea aproximada del ritmo que tendrá el futuro film. Así que, cuando me llegó el libreto de The Last Showing, no me costó demasiado seguir el consejo de Newman; lo empecé a leer y no pude parar ni un sólo minuto mientras veía cómo la película iba tomando forma en mi cabeza. Pedí hablar con Phil, y en cinco minutos de conversación nos dimos cuenta de que ambos teníamos los mismos gustos, nos gustaban las mismas películas, así que fui consciente de que él era la clase de caballero con el que sería un placer trabajar. Normalmente y, tras una semana de rodaje, como actor se empieza a ver la película a través de los ojos del director, comienzas a ser consciente de tu sitio en su película, de cómo tienes que moverte dentro del encuadre. Pues bien, gracias a Phil todo ese proceso sucedió mucho más rápido que en la mayoría de las películas en las que he trabajado con anterioridad. También ayudó mucho en el rodaje la buena relación y el mutuo entendimiento que Phil mantenía con su director de fotografía, siempre colaborando en pos de mejorar los planos de una toma a otra, lo cual también te mantiene en alerta y sin duda te beneficia como actor. He visto algo de metraje del próximo proyecto de ambos, Baptism, y creo que es algo muy destacable, lo cual me llena todavía más de orgullo al haberme involucrado en una película como The Last Showing.

¿Cómo preparó el personaje de Stuart, el papel que interpreta en la película?
Trabajé de dentro afuera, inspirándome sobre todo en el trabajo del gran actor/director Richard Attenborough en la película de Bryan Forbes Plan siniestro. Su manera de representar al villano en ese film tiene mucho que ver con esa frase referente a Hitler, “la banalidad del mal”. Así que esa película y ese concepto fueron para mí la clave a la hora de crear a Stuart, el proyeccionista. Me inspiré en Attenborough, y en ese personaje en concreto, porque creo que el guion que escribió Phil es tan bueno y ajustado que te permite trabajar mucho con el silencio, no sólo con los diálogos o los discursos grandilocuentes.
Mi actuación fue en cierto modo subversiva, ya que lo importante era ver la película a través de los ojos de Stuart, en lugar de a través del personaje joven y guapo que se supone que es el protagonista. Las frustraciones de mi personaje eran también las frustraciones del propio Phil, que fue quien escribió el guion, así que el mayor desafío en este caso fue reinterpretar esas frustraciones para lograr el milagro de que al público acabara sintiendo empatía por Stuart.

Englund escribiendo una dedicatoria a uno de los muchos fans que acudieron al encuentro con el astro en la FNAC de Callao.

El subtexto de The Last Showing reflexiona acerca del modo en que ha cambiado el modo de consumir cine por parte de los espectadores durante los últimos años, en parte por las nuevas tecnologías. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Una de las ventajas de la gran variedad de plataformas que tenemos en la actualidad para consumir cine es que, al igual que muchas películas de los ochenta o noventa se beneficiaron del mercado del DVD y del vídeo, ahora las pequeñas películas independientes que lo merecen tienen la oportunidad de tener una vida más larga que la que tuvieron en el momento de su estreno, gracias al video-on-demand o a la televisión por cable. Incluso un pequeño éxito puede obtener beneficios a corto plazo gracias a la existencia de estos nuevos canales de distribución y a los fans específicos de este tipo de películas. Por poner un ejemplo, mi mánager produjo y escribió hace diez años una película, The Suicide Kings, con Christopher Walken, que no tuvo demasiado éxito en taquilla en el momento de su estreno. Sin embargo, años después, ha gozado de una segunda vida comercial gracias a que fue emitida en la televisión de pago, lo que permitió que fuera descubierta por Quentin Tarantino, que la incluyó en un pack junto a Pulp Fiction y Jackie Brown. Así que después de tantos años mi amigo no solamente está recibiendo beneficios, sino que incluso existe la posibilidad de que pueda realizar una secuela de su película.

Estas nuevas formas de distribución están íntimamente relacionadas con su otro título actual presentado en “Nocturna”, Fear Clinic, el cual tiene su origen en una web-serie previa de idéntico nombre. ¿Qué diferencia encuentra entre trabajar para este formato a hacerlo para un film convencional?
Originalmente Fear Clinic era un guion para cine escrito por Aaron Drane, pero ya que le resultaba complicado convencer a un estudio para que lo financiara decidió convertirlo en una serie para internet con el nombre de fearnet.com. Debido a este cambio de formato me vi forzado de alguna forma a cambiar mi manera de pensar, ya que de hecho se trataba de cinco pequeñas películas en sí mismas; llevándolo al terreno literario, éste era un concepto tan diferente como el de la historia corta con respecto a la novela. Además de habérmelo pasado muy bien haciendo estos web-episodios, realmente estoy orgulloso del resultado ya que, aunque resultaba desafiante adaptarse al concepto de contar una historia en un período tan corto de tiempo, ése era nuestro principal objetivo y creo que lo conseguimos plenamente. Intentamos asimismo elevar el nivel medio en cuanto a producción de lo que normalmente solemos ver en internet, que en la mayoría de los casos tiene un aspecto demasiado amateur; en mi opinión la democracia de las nuevas tecnologías debe conllevar también un mínimo de calidad y autoexigencia, como creo que se ve reflejado en Fear Clinic y es algo por lo que, ya digo, estamos muy orgullosos. Además de por haber filmado una película de terror violenta, sucia y desagradable, claro está.

Robert Englund dirigiéndose a los asistentes con el "Maestro del fantástico" con el que Nocturna le homenajeó por toda su trayectoria.

Antes de terminar me gustaría conocer qué le pareció el remake de Pesadilla en Elm Street…
Conozco y respeto a todos los actores que participaron en el remake; con Clancy Brown he trabajado haciendo voces para series de dibujos animados. Connie Britton estuvo maravillosa en el papel de la madre, así como Rooney Mara, que más tarde protagonizaría el remake norteamericano de Millenium: los hombres que no amaban a las mujeres. La película disfrutaba de la ventaja de un casting maravilloso compuesto por actores estupendos con los que he trabajado en un momento u otro de mi carrera. Dicho esto, creo que rodaron la película demasiado pronto. Quizás si se estrenara ahora mismo sería mucho mejor recibida de lo que lo fue hace cinco años, ya que en mi opinión creo que el problema principal fue que todo resultó demasiado prematuro, justo después del relanzamiento de los box set de los Blu-rays digitalmente remasterizados de todas las películas de la saga que yo protagonicé, por lo que ni siquiera dio tiempo a que se estableciera una nueva generación de fans cuando decidieron estrenar en cines la nueva versión. Eso sí, soy un hijo de Hollywood, así que comprendo que se tengan que hacer remakes. Hollywood lleva haciéndolos desde siempre. Nuestros abuelos veían remakes de películas mudas y yo mismo he participado en varios, como El fantasma de la ópera o Ha nacido una estrella, con Barbra Streisand. Encuentro pues totalmente lógico que se rueden remakes, ya que tan sólo disponemos de un número limitado de historias que contar.

¿Volveremos entonces a verle enfundarse de nuevo las garras de Freddy?
Lo veo imposible en un remake o un reboot, pero tal vez sí en una precuela.  Quizás no para interpretar a Freddy, pero sí para realizar un cameo como invitado especial encarnando a un personaje del tipo de un viejo profesor, o a alguna especie de experto en sueños.  De todas maneras, no creo que pudiera volver a interpretar de nuevo a Freddy  aunque quisiera, ya que estoy un poco viejo para verme involucrado en escenas de riesgo.

Mientras eso ocurre, ¿en qué próximos proyectos se encuentra involucrado actualmente?
He hecho tres películas este año. La más reciente se titula The Funhouse Massacre, una comedia de terror en la que interpreto al alcaide de una prisión que pienso que sería ideal para proyectar aquí en “Nocturna”. Aparte, también me ha llegado un guion estupendo llamado Midnight Man que es tan bueno como cualquiera de los que escribe Alexandre Aja o Phil Hawkins. Su autor es uno de los chicos que hizo una de las secuelas de Cabin Fever y pienso que puede dar como resultado una gran película.
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Traducción: José Manuel Romero Moreno
Fotografías: Ana Picos y Juan Mari Ripalda