sábado, 12 de marzo de 2011

LOS CÁNTABROS (1980)

Dan Barry, seudónimo de Joaquín Gómez Sainz, otrora actor y especialista de escenas de acción, decidió a finales de los setenta realizar una serie de televisión centrada en las Guerras Cántabras y que contaría con Amando de Ossorio en las funciones de director. Desgraciadamente, el actor no contaría con los contactos necesarios para poder colocar el proyecto en televisión, y finalmente se decantaría por convertir Los cántabros en un largometraje. Pero una vez más la fortuna no pareció sonreírle y el realizador gallego, ya cansado suponemos que por la edad, pretendía rodar muchas de las tomas desde lugares llanos y más accesibles. Así pues, Dan Barry contrató a Paul Naschy para que finalmente dirigiera el film (tal y como explica en la entrevista realizada en La Abadia de Berzano por José Luis Salvador Estébenez).

Contando que apenas existe información al respecto de dichas guerras, – pues lamentablemente la mayor parte de los textos que recogen esa época se perdieron para colmo de los historiadores (tal es el caso de las obras Ab Urbe condita de Tito Livio del que se conservan los primeros 45 volúmenes [al parecer, a partir del libro 135 se comenzaba a narrar los hechos de la guerra], o la autobiografía del Cesar Octavio Augusto, igualmente desaparecida) -, Naschy accedió a dirigirla con la única condición de poder reescribir el guión (según la autobiografía del actor madrileño, – Paul Naschy, Memorias de un hombre lobo -, Carlos Saura le regaló un libro sobre la Conquista Cántabra que le ilustró al respecto), adornando al libreto de cierto corte fantástico que no pareció gustar al protagonista y principal ideador del film. Una vez más, nos topamos con un nuevo episodio gris que adolece de sombras la carrera de Paul Naschy, pues según Dan Barry (y de nuevo siguiendo las propias declaraciones que da en la entrevista anteriormente citada), quería que Los cántabros fuera exclusivamente un péplum histórico y no una cinta de espada y brujería. Además, y por si fuera poco, gran parte de la película se rodó en Torrelaguna (Madrid), por lo que dicho cambio en la dirección supuso, según Barry, uno de los mayores errores de su vida.

Esto, curiosamente, choca bastante con lo que Ossorio nos cuenta en el libro Cine Fantástico y de Terror Español, 1900-1983 coordinado por Carlos Aguilar para la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastían de 1999. En la entrevista realizada por Josu Olano y Borja Crespo, el propio Amando nos explica que “era una película que iba a dirigir yo. El título era mío y busqué localizaciones, pero no rodé nada (1). Un par de años después la transformaron en una película de romanos, pero lo que yo quería era hacer una película de espada y brujería”.

Averiguar que ocurrió exactamente o quién tiene la razón, parece a día de hoy una labor ardua y difícil, pero de lo que no hay duda es que esta pequeña polémica sirvió una vez más para alimentar las críticas de los detractores (o simplemente no seguidores) de Naschy, algo que nuestro gran icono del fantaterror español jamás llevó demasiado bien (la última biografía escrita por Ángel Agudo entorno a la figura de Naschy, por ejemplo, no brilla precisamente por ser un documento “imparcial”, si no más bien de un instrumento ideal para lanzar dardos envenenados a sus enemigos). Así que, dejando de lado este episodio del que a bien seguro no nos pondríamos de acuerdo, centrémonos en lo que verdaderamente importa: en Los cántabros como film propiamente dicho.

Los cántabros nos sitúa en las Guerras Cántabras (del 29 al 19 a. C.). Corocotta (Dan Barry), líder de las tribus de la región, lucha por impedir que las tropas romanas invadan sus tierras muy ricas ellas gracias a sus minas de hierro. Así pues, seremos testigos de las encarnizadas luchas que se libraron en esas tierras y como, tanto de un bando como de otro, se sucedían un sin fin de deserciones y traiciones. Tal es el caso del deformado Sonanso, personaje encarnado por Antonio Iranzo, que traiciona a sus compatriotas vendiéndose cual Judas a los Romanos, o el de Gurko (Ricardo Palacios), que tras ser abatido por el propio Corocotta se une a los cántabros, convirtiéndose así en uno de sus más fieles aliados. De hecho, el principal problema del film es que casi toda la trama gira en torno a estas traiciones y algunos amoríos de lo más pintorescos, como el que se establece entre Marco Vipsanio (Paul Naschy) y Elia (Verónica Miliel), la hermana de Corocotta, que pasan de odiarse a amarse en apenas unos minutos, para más tarde descubrir que esta pequeña aventura amorosa no aporta nada al conjunto.

Y es que como ya se apuntaba anteriormente, parece ser que las intenciones de Naschy estaban más cerca del argumento folletinesco que de seguir un rigor histórico. Buena prueba de ello está en las citadas incursiones “fantásticas” de la película y que vienen dadas por el personaje de Selenia (Julia Saly), una especie de bruja que irá advirtiendo a Corocotta de los peligros que corre en su periplo por impedir la invasión romana. Como por ejemplo, cuando ésta le da a tomar Corocotta una pócima para que este pueda ver su futuro, dando paso a una escena onírica en la que vemos al guerrero cántabro luchar contra un siniestro romano con una calavera en el rostro y que, bajo el punto de vista de un servidor (y a pesar de tener claras reminiscencias con El Imperio contraataca de Irving Keshner), constituye una de las secuencias mejor rodadas por Jacinto Molina a lo largo de su filmografía.

Los cántabros es una rara avis dentro de la filmografía de Naschy, pero también lo es dentro de toda la filmografía española. En aquellos tiempos atreverse ha hacer un peplum, un género tan pasado de moda, ¡y con un presupuesto tan ajustado! no era moco de pavo. La producción, a parte de ser escasa, contó con numerosos problemas entre los cuales encontramos una huelga por parte de los extras y la muerte de varios equinos que dificultó algunas escenas. Por lo que todo apunta que el rodaje de este proyecto fue de todo menos idílico. Así que, pese a los todos los fallos que se le puedan achacar a Los cántabros, es de alabar el ímpetu con el que Jacinto Molina llevó a cabo la película. No cabe ninguna duda que la historia está adornada y ensanchada con elementos innecesarios (véase algunas escenas de “humor” o las nombradas traiciones que se dan en un bando y otro sin parar), pero, siempre que el espectador esté dispuesto y deje de lado los prejuicios, la trama avanza con fluidez y las aventuras de Corocotta no consiguen aburrir en ningún momento.

Por otro lado, y a pesar de que la copia que he podido ver no es muy boyante (¿para cuando una edición en DVD en condiciones?), en Los cántabros se intuye una excelente fotografía del siempre eficiente Alejandro Ulloa, mientras que, por otro lado, las escenas de acción, aún siendo algunas de una construcción muy pobre, cuentan con una ralentización a lo Sam Peckinpah  que contrarrestan la falta de medios y las dota de algo de espectacularidad.

En definitiva, Los cántabros no es una de las mejores o más recordadas películas dentro de la filmografía del actor y director madrileño, pues está demasiado alejado de los cánones fantásticos-terroríficos que le hicieron famoso. Pero de todos modos es una película agradable de ver, entretenida y con una puesta en escena que incluso llega a dotar a este pequeño film de cierto aspecto épico. Un aspecto épico para una película con espíritu pulp. ¿No les parece maravilloso?

(1) También resulta curioso como en dicha entrevista, Barry asegura que Ossorio llegó a dirigir algunas escenas de la película.

Escrita para La Abadía de Berzano.

9 comentarios:

Kinski dijo...

Y la gente flipando con Hispania, hay que joderse...
Yo de cine patrio es que no controlo nada pero gracias a ti estoy descubriendo a autenticos heroes del negocio.

Kinski dijo...

héroes no heroes=jirous.

Salvador Sáinz dijo...

Amando de Ossorio (cuando le hicieron la entrevista cuando era ya muy mayor y su memoria flaqueaba) dirigió una semana de "Los cántabros".

Aqui tienes las fotos.

http://espanoladasyole.blogspot.com/2011/02/hace-ya-diez-anos.html

Sobre las vicisitudes de ambos rodajes me callo. Ossorio era muy amigo mío, estuve a punto de debutar en el cine con él, y también lo soy de Dan Barry. Estuve en el rodaje en Torrelaguna, enero 1980 el día de la nevada.

Lazoworks dijo...

Bueno, yo simplemente expongo lo que dijo uno y otro... Ni conozco a Barry ni conocí a Ossorio...

Salvador Sáinz dijo...

Yo realicé una entrevista para "L'Ecran Fantastique" al interfecto en enero de 1980 durante el rodaje de "Los cántabros" precisamente.
Y a Ossorio un año después. Rodó una semana y le cortaron el rodaje bruscamente.
El productor se llamaba Pepe Monge y era hotelero, perdió parte de su patrimonio con esta película.
Ossorio rodó en verano y el interfecto en invierno precisamente un año de nevadas.

Lazoworks dijo...

Gracias por la info, Salvador!

miquel zueras dijo...

Un post muy interesante. Había oído hablar de esa película, el único peplum cien por cien español (en los otros poníamos paisajes y extras) De la Loma nada menos intentó hacer la serie televisiva "Viriato" con Simón Andreu, parece que algo se rodó pero no se supo más. Borgo.

Salvador Sáinz dijo...

"Viriato" era un proyecto de serie pero sólo se rodó un capítulo creo. A los directivos de TVE no les gustó nada y la cancelaron.
Si usas el Google encontrarás algo. En mi blog de cine español puse una foto

http://espanoladasyole.blogspot.com/2010/10/viriato-llega-antena-3.html

Salvador Sáinz dijo...

Acaba de fallecer Andrés Resino, el César Augusto de ese "film".