martes, 8 de febrero de 2011

AL OESTE DE RÍO GRANDE (1983)

Sinopsis: Una mujer vivirá un calvario al quedar su marido atrapado bajo unas maderas cerca de la orilla de la playa. Sin más dilación, se marcha dispuesta a pedir ayuda y la pobre verá que ninguna de las variopintas personas con las que se cruza la prestan el menor auxilio.

Resulta muy difícil realizar una reseña sobre un film de la talla de Al oeste de Río Grande. Resulta harto complicado incluso abordarla si quiera como una película propiamente dicha. José María Zabalza, director más conocido por todos por su incursión en la saga Waldemar Daninsky, y su psicotrópica La furia del hombre lobo (1972), se caracterizó por su estrambótica manera de rodar las películas, realizadas mediante el dudoso método de la melopea y la resaca. Más que consabidas son sus peripecias durante el rodaje del filme de nuestro licántropo patrio, ya que en sus memorias, Paul Naschy describió con todo lujo de detalles el estado de embriaguez en el que Zabalza la perpetró, y también el actor y realizador cántabro, Dan Barry, en una entrevista recogida en La Abadía, nos ilustraba en ese aspecto, llegando a confesar que Zabalza dirigió la totalidad de Al oeste de Río Grande completamente borracho. Sin entrar en los meritos que alguien pudiera encontrar en tamaña proeza,  los resultados de este tardío euro-western etílico no podían ser más desastrosos. Montaje confuso, doblaje aún más confuso, interpretaciones desastrosas y una inexistente trama, hacen de su visionado una experiencia audiovisual que ya quisiera para si el Jesús Franco más radical.

Para empezar, Al oeste de Río Grande se nos presenta como un pseudo documental que nos sitúa en el lejano Oeste, antes, durante y después de la Guerra de secesión americana, de la que apenas uno puede sacar algo en claro, recauchutado todo con un montaje atropellado, y que se nos hace realmente eterno (1). Acto seguido, somos introducidos de sopetón en una serie de historias cruzadas de las que destaca el desafortunado testimonio de una familia que, dispuestos a ir a comprar algo de aguacate y chóped al LIDL, terminan viviendo un trágico suceso que se verá caracterizado por el apresamiento del padre de familia (el recientemente fallecido Aldo Sambrell) bajo unas cuantas maderas podridas. Pues bien, ante la imposibilidad de poder liberar a su marido, la esposa decide dejar a su hija junto al padre para ir a pedir ayuda. En su periplo, la estoica mujer se topará con la negativa de un plantel de variopintos personajes (entre ellos, un rebaño de ovejas descarriadas) que, de algún modo, vendrían a representar a la América violenta y dividida que quedó después de la guerra civil. Lo más curioso de todo es que después de pasarse toda la película yendo de un lugar a otro pidiendo auxilio sin ningún éxito, la propia esposa será la que finalmente libere a su marido de las maderas, así que convierten todo lo visto anteriormente en una enorme tomadura de pelo sin píes ni cabeza. También pululan por ahí una familia de indios apaches encabezados por Dan Barry y Paula Farell que, no se sabe muy bien porque, son abatidos por unos pistoleros que, según parece, pasaban por ahí, para después resucitar papá apache y ponerse a pelear con el recién liberado Aldo Sambrell (¡y todo ello, vuelvo a repetir, sin ningún motivo aparente!). Finalmente, Dan Barry desestima seguir comportándose como un animal y al darse cuenta de que su familia también ha vuelto a la vida milagrosamente, deja en paz a Sambrell y a los suyos.

El desatino cobra en esta película unas dimensiones realmente catastróficas y uno no puede salir de su asombro ante la cantidad de fechorías artísticas que se cometen por segundo. Planos recurso que se convierten casi en planos principales, cambios de iluminación de escándalo, fallos de raccord insultantes, interpretaciones inexistentes, un doblaje paupérrimo, un guión ridículo y repleto de frases rimbombantes, un montaje psicotrónico caracterizado por la utilización de filtros que multiplican la imagen… La música también resulta de lo más estrafalaria, sobretodo para un western, ya que incluso llegaremos a escuchar una pequeña partitura consumada con un sintetizador. Todo este enorme disparate, como entenderán, convierten Al oeste de Río Grande en una desastrosa película que tan sólo se podría aprovechar si se mira como lo que es: el único western experimental y accidental de la historia del cine.

(1)   Como nota curiosa apuntar que resulta cuanto menos irónico que sea un borracho el que nos ilustre durante esta especie de antesala o presentación al film.

8 comentarios:

angelpito injurioso dijo...

¿comor?¡Pobre D´arbó,que le has borrado!

miquel zueras dijo...

Parece que después del spagueti western Zabalza inaguró el género vinacho-westeern. Por cierto que esa trama de mujer pidiendo ayuda para rescatar a su marido me recuerda a la premisa de "El jardin del diablo" pero parece que no hay más puntos en común. Saludos. Borgo.

Lazoworks dijo...

No, no lo he borrado... Ya lo pondré más adelante... Es que puede que me haya precipitado al colgarlo tan pronto...
Angelpito, que eres un Angelpito...

Borgo: Pues desconozco esa película... Me la apunto!!
Saludos!!

PEPE CAHIERS dijo...

Esto es una versión western de "La cabina". Fíjese que me he acordado de una de las películas más malas que he visto en mi vida, pero de tan mala que era, resultaba la pera de descojonante. La pusieron en la sala de vídeo del cuartel donde hice la mili. Era una película china de artes marciales, con unos efectos cutres de tíos volando, claro precedente de "Tigre y dragón". Uno de los personajes era conocido como el hijo de Bruce Lee y hasta tenía música de Pink Floyd. Lástima que no recuerde el título. Pero mala hasta reventar.

Alimaña dijo...

No os metais mas con Zabalza, y lo bien que se lo pasaba el tio no se lo quita nadie ¿eh? jejeje
además de ser precursor de un subgénero único: el "Copuzos-Western".
Cambiando de asunto, me siento halagado por el comentario del blog, gracias. Dígale a su hermano de paso, que publicaré en facebook los 5 últimos enlaces publicados (de momento). Para el resto debe de darse prisa y acopiar los enlaces antes de ser eliminados. Gracias por su atención y saludos a ambos.

Lazoworks dijo...

Pepe, ¿una película de kung fu con Pink Floyd de banda sonora? ¡¡Pues la verdad es que pinta bien!!

Alimaña: Ya se lo comentaré a mi hermanísimo, Don Alimaña. Y de halagado nada, hombre, que su blog está muy bien, coñe!

Kinski dijo...

Kung Fu + Pink Foyd. ¿Acaso esa peli la creó el hijo de Tarantino y David Lynch?.
Ojalá la encuentre alguien.

¿Soy el único que tiene la sensación de que se puede hacer un apetecible remake de Al oeste de Río Grande?
Lo vistes con un poco de "profundidad" e igual llueven los premios.

Aldo Sambrell, de Leone a Zabalza. Un currante del cine.

Lazoworks dijo...

Pues no lo sé, pero de estas de kung-fú salchicheras hay unas cuantas que son ver para creer.

Asian Trash Cinema editó un par de títulos que son la hostia, Ninja vs Shaolin, final duel:

http://www.youtube.com/watch?v=kaTZ9ZSrqlk

Y este, que desde luego, es apoteósico, Wolf Devil Ninja:

http://www.youtube.com/watch?v=iRFLbBLDWsw

Esta última, a ver si la reseño en el blog de licántropos que tengo, que anda que no mola!!

Aldo Sambrell, no podía estar más de acuerdo, un gran currante!