lunes, 23 de mayo de 2022

Candados

A menudo me pregunto para que sirven los candados. ¿Para que no te roben? ¿Para protegerte? Es lo primero que uno piensa.
Pero los candados emocionales también son algo por el estilo, ¿verdad? No queremos que nos roben nuestra intimidad. Escondemos bajo llave algo que no queremos que descubran de nosotros. Algo íntimo, vergonzoso, único tal vez.
El hecho es que esos candados (invisibles) de sentimientos u otras mierdas no tangibles, lo único que hacen es destruirnos desde dentro. Nos minan nuestra personalidad cuando (¿quién sabe?) tenemos mucho por ofrecer. Vale, puede que no tanto. Pero es una pena que, por vergüenza, reparo, miedo, no seamos capaces de aceptar la respuesta del mundo exterior con tal de salvaguardar nuestras inseguridades.
Los candados protegen, pero los hay que nos aislan y nos encierran en un universo interior de miseria y autodestrucción.
Como en la última de Scorsese, deja siempre la puerta entreabierta.
Fuera candados.

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